El día de los periodistas

0
300

Rodrigo López Oviedo

Mientras esta nota se escribía, un importante número de periodistas colombianos celebraba su día en recordación de don Manuel del Socorro Rodríguez, insigne Bibliotecario Real, periodista cubano y precursor del periodismo en Colombia, quien el 9 de febrero de 1791 pusiera en circulación el primero de los 270 números de su semanario Papel Periódico de Santafé de Bogotá. No fue esta la primera publicación en la capital del Virreinato, pero sí la más importante, pues ya antes, en 1785, habían circulado, de manera menos trascedente, tres ediciones del periódico Gaceta de Santafé de Bogotá.

manuel_del_socorro

Otros distinguidos periodistas esperarán al 4 de agosto para su celebración, en honor a que en tal día de 1789 se publicó en Francia la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, documento que tanta repercusión habría de tener en la gesta independentista, luego de su traducción por don Antonio Nariño. Para ello contarán con el aval de la Ley 918 de 2004, que declaró tal fecha como Día del Periodista y reconoció la categoría profesional a quienes acrediten tal condición.

No obstante, cualquiera que sea la fecha que escojan los integrantes de tan importante gremio para celebrar su merecido día, no está de más aprovechar la ocasión para reconocer el difícil tránsito que ha sufrido la profesión del periodismo en su devenir por la historia de Colombia. Desde el momento mismo de su alumbramiento, el cual ocurrió de la mano del virrey José Manuel de Ezpeleta, nuestro periodismo ha estado ligado a los intereses de los dueños del poder, circunstancia de la que ni siquiera escapó el propio Manuel del Socorro Rodríguez.

Conscientes de la influencia que puede derivarse del dominio de los medios, las clases dominantes no solo no han escatimado esfuerzos para hacerse a ellos, sino que han acudido a la capacidad corruptora de su dinero para vencer la resistencia ética de los periodistas y producir una verdad acomodada a sus intereses.

Los ejemplos han estado desperdigados por toda la vida nacional, pero para corroborarlo basta con examinar el trato dado al proceso de paz, respecto del cual no ha importado tanto el cubrimiento del devenir de los diálogos en La Habana como las acciones guerrilleras, supuestamente demostrativas de que lo que estas quieren es aprovecharlo para fortalecerse.

Por fortuna, junto al periodismo fletado por el gran capital, se abre paso un periodismo alternativo que, con gran voluntad, procura hacer realidad el derecho a una información clara, objetiva, oportuna y analítica, sintonizada con los cambios que requiere el pueblo colombiano. A ese periodismo militante va nuestro reconocimiento, no importa el día que escoja para su celebración.