Decenio de la afrodescendencia: En aumento el racismo

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Las mujeres negras en Colombia viven en promedio 11 años menos que las demás.

La Asamblea General de las Naciones Unidas acordó que el presente sea el decenio de la afrodescendencia. Junto al racismo y la xenofobia, siguen siendo una lacra que desafía los logros de la humanidad en desarrollo, equidad y justicia social

Las mujeres negras en Colombia viven en promedio 11 años menos que las demás.
Las mujeres negras en Colombia viven en promedio 11 años menos que las demás.

Alberto Acevedo

Con el propósito fundamental de erradicar toda manifestación de racismo anti-negro, sin olvidar el racismo anti-musulmán, la discriminación, la xenofobia, y otras expresiones de intolerancia frente a ciertas manifestaciones de color o etnia en las personas, en sesión realizada el pasado 10 de diciembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró oficialmente el presente como el decenio internacional de los afrodescendientes.

El reconocimiento, la justicia y el desarrollo hacia las comunidades negras en los distintos países serán los objetivos principales que habrán de desarrollar gobiernos y organismos humanitarios que se comprometan en esta tarea, dijo uno de los diplomáticos que hicieron posible esta declaración. El Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas actuará como coordinador del decenio, en el que se tiene previsto, entre otras actividades, la realización de un seminario internacional sobre afrodescendientes.

Algunos observadores de este fenómeno social indican que paradójicamente hay un patrón de aumento del racismo y la xenofobia en la sociedad y las instituciones, especialmente en los Estados Unidos, que coincide con la llegada a la Casa Blanca del primer presidente negro en la historia de ese país.

En efecto, durante la presidencia de Obama dos millones de personas han sido deportadas, la mayoría de ellos ciudadanos de color. Hay un retroceso social e institucional en materia de derechos humanos en el tratamiento a la población afrodescendiente en la mayor potencia del mundo. En los pasillos de los condenados a muerte en las cárceles de ese país, esperan la orden de ejecución 3.108 personas, de los cuales 131 son extranjeros, y todos en conjunto mayoritariamente de color.

Injusticia

En esa manera torticera de aplicar justicia, las estadísticas indican que el 60% de los presos hoy pendientes de la ejecución de una pena de muerte son negros. El 76% de los casos que terminan con una condena a pena de muerte es porque la víctima ha sido de raza blanca. Sin contar con que la abrumadora mayoría de los jueces que promulgan dichas penas son de raza blanca.

Situaciones como esta se repiten en la mayoría de los países occidentales. Con el agravante de que en Europa florecen en estos momentos tendencias islamofóbicas, contra la población gitana y negra, y contra otras minorías que, por situaciones conocidas en sus países de origen, protagonizan oleadas de inmigrantes.

Sin embargo se destaca el caso de Brasil, con un gobierno progresista, en el que se da una fuerte discriminación racial. Los cariocas son la nación de mayor población afrodescendiente de América Latina, pero en la práctica no se reconocen plenamente los derechos civiles y sociales de los negros.

Todos somos monos

El 27 de abril del año pasado, el mundo entero vio por televisión el momento en que al jugador de fútbol brasileño Daniel Alves le lanzaron desde la tribuna un plátano, en un grotesco gesto que buscaba compararlo con un simio. El rechazo a esta actitud discriminatoria fue global y por las redes la solidaridad se expresó con el eslogan “todos somos monos”. Oficialmente se lanzó la campaña “una Copa sin racismo”.

En la noche del pasado martes 17 de febrero, antes del partido de fútbol entre el París Saint-Germán y el Chelsea de Londres, hinchas de este último equipo agredieron a un grupo de ciudadanos negros, y les impidieron entrar al metro de París, pues en opinión de ellos ese tipo de transporte no es apto para negros.

En Colombia, hay una situación muy particular, pues si se indaga a las autoridades por el tratamiento a la población afro, la respuesta es contundente: en Colombia no hay discriminación racial. Todos los ciudadanos tienen iguales deberes y derechos.

En la práctica, la realidad es bien distinta. El sector social más golpeado por el fenómeno del desplazamiento forzado es justamente la población afrocolombiana. Desde 1997 a 2009, al menos 286.935 negros fueron desplazados de sus poblaciones por parte de grupos ilegales. Nariño fue el departamento que mayor número de desplazados de color reportó en ese momento.

Mayor mortalidad

Los negros son potencialmente más pobres que los mestizos y las personas de raza blanca. Los niños negros colombianos mueren a una tasa más alta y sus viejos son menos viejos que los de otras razas, porque la esperanza de vida de la población afro es menor.

Un censo de 2005 indicaba que la mortalidad infantil entre la población afro es el doble de la que afecta a la población blanca. 44 niños negros por cada mil nacidos vivos mueren antes de cumplir un año, debido a las condiciones de miseria y falta de salubridad. En promedio, las mujeres negras en Colombia viven 11 años menos que las demás mujeres y los hombres negros cinco años menos que los otros.

En el mismo censo, el 14% de los afros entrevistados admitieron que han pasado al menos un día de sus vidas sin probar alimento alguno. Hay una notoria mayor dificultad entre los negros para acceder a los servicios de salud. Es mayor el porcentaje de analfabetismo entre los negros. La mayor pobreza se escenifica en el hecho de que los negros en promedio ganan menos de la mitad del salario que devengan las personas de otras etnias.

Lo grave es que, como las autoridades colombianos no admiten la existencia de la discriminación racial, no hay tampoco una política coherente frente a este tema. El Movimiento Nacional Cimarrón, en uno de sus documentos de trabajo, afirma que el racismo y la ausencia de una política de estado para favorecer a la población afro, y las violaciones al derecho internacional humanitario, constituyen los mayores problemas que afronta la población afrocolombiana.

Exigencias de reparación

Por su parte, un grupo de unas 40 organizaciones sociales que representan a población afro, con acompañamiento de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia de la OEA y la Organización Internacional de las Migraciones, entre otras, produjeron un documento en el que reclaman reparación integral, colectiva y que se restablezcan los derechos a la verdad, la justicia y la reparación integral a las colectividades afro víctimas del conflicto armado.

“Como comunidad negra –dice el documento-, planteamos que es necesario reparar todo aquello que ha sido dañado o deteriorado, y esto está referido a cada uno de los elementos culturales, como son las prácticas productivas, formas de relacionarnos, figuras de autoridad, las prácticas para el cuidado del cuerpo, las prácticas de obtener ingresos, las prácticas para organizarnos, ritos funerales, prácticas de celebraciones, prácticas de parentela, entre otras…”.

Estos elementos, entre otros, vengan a propósito de la oportuna iniciativa de la Asamblea General de las Naciones Unidas de establecer el decenio de la afrodescendencia, que merecería al menos un fuerte compromiso de los gobiernos en este campo social.