De acuerdos y desacuerdos

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Foto: Luz Adriana Villa A. via photopin cc

Alfonso Conde C.

Los sectores democráticos y de la izquierda coinciden hoy en su valoración de aspectos importantes de la vida nacional, incluidos distintos asuntos de la política. Subsisten, sin embargo, diferencias tácticas algunas de las cuales se interfieren unas a otras y dificultan el avance.

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Foto: Luz Adriana Villa A. via photopin cc

Todos observan, por ejemplo, el desmoronamiento de los sectores que anteriormente compartían el poder político: Uribe y Santos, que representan sectores distintos de la burguesía aunque compartan su afán de acumulación a partir de la explotación de los desposeídos, hoy se enfrentan por sus intereses económicos y políticos concretos; entre sus propios partidos son visibles las fracturas. El Partido Conservador, con afinidades uribistas, se aísla (un sector del mismo) de la coalición en el gobierno para lanzarse al ruedo con candidatura “propia” en trance de aliarse con el Uribe Centro Democrático, mientras otro sector se apresta a continuar comiendo la mermelada santista.

También son evidentes las diferencias entre el partido de Vargas Lleras y un sector del Partido de la U y las contradicciones en el seno de los liberales. En el espacio de esa fragmentación de la burguesía se agrandan las posibilidades de los sectores populares a condición de su acercamiento unitario.

También hay acuerdo en la izquierda sobre los elementos programáticos centrales en este momento: la necesidad de apoyar el avance del proceso de paz en La Habana y la iniciación de procesos paralelos con el ELN y con el EPL; la necesidad de avanzar en un proceso de verdadera democratización del país que construya un Estado en donde impere la justicia social; la necesidad nacional de construir verdadera soberanía popular e independencia del poder económico y político global; la necesidad de desmontar el modelo neoliberal imperante que privilegia la acumulación del sector parásito de la sociedad en perjuicio de la población; la necesidad de una nueva Constitución que reemplace a esa ya destrozada de 1991 para hacer efectivos los puntos anotados.

En fin… como diría el fallecido dirigente conservador: hay acuerdo sobre lo fundamental.

También se valora favorablemente el nuevo estado de ánimo de la población, en especial la campesina, que se organiza y manifiesta su voluntad de defender sus intereses y su capacidad de decidir. Gradualmente se suman sectores urbanos y étnicos para construir la llamada cumbre campesina, étnica y popular con el objeto de coordinar los esfuerzos sectoriales. El pueblo quiere ser constructor de su futuro.

¿En dónde están entonces las diferencias? Algunos aún privilegian sólo fragmentos de los acuerdos programáticos anteriores y buscan alianzas con parte de los explotadores en contra de los otros en la idea de minarlos y avanzar paso a paso; esta opción que centra su esfuerzo en el debilitamiento de la reacción militarista, termina fortaleciendo a los mayores explotadores de la población, en Colombia y en el mundo: los voceros de la especulación neoliberal.

Otros, en otra orilla, basados en los graves comportamientos de los sectores dominantes que niegan con métodos violentos e intimidatorios la participación electoral de la izquierda, tratan de invalidar este proceso por la vía de la abstención; ellos dejan el campo libre a los reaccionarios de todos los pelambres para perpetuar su dominación.

Otros, queriendo tal vez seguir el ejemplo imaginado por Saramago en su “Ensayo sobre la lucidez”, validan el sistema electoral sin criticarlo e impulsan el voto en blanco como mecanismo para expresar su inconformidad con las opciones en juego y forzar, con las imaginarias mayorías por esta posición que se puedan conseguir, la realización de una nueva constituyente; a pesar de compartir los acuerdos tácitos o explícitos de la izquierda que sí participa en el debate eleccionario, deciden manifestar la ausencia de opción válida; esta posición, en este momento de fractura de la burguesía, conduce a desaprovechar posibilidades reales de avance de los sectores populares.

Hay otra opción: la que defiende públicamente el conjunto de los planteamientos programáticos ya esbozados, en el debate electoral, desde el espacio parlamentario a ganar y aun desde el espacio gubernamental si el debate así lo define; desde todos los espacios de debate y movilización. La opción que construye opinión por un nuevo país centrado en el ser humano con capacidad real de decidir su futuro. El frente amplio es el camino y la UP va por esa vía.