Llegó al final de sus cinco años de gobierno dejando una estela de admiración en los cinco continentes.

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Rodrigo López Oviedo

Son muy pocas las personas que al final de su etapa productiva pueden decir con orgullo: “misión cumplida”. Una de ellas es el saliente presidente del Uruguay, José Alberto Mujica Cordano, pero no se lo permitirá decirlo esa sencillez extrema que lo llevó a no vivir en el palacio de gobierno, a gobernar sin corbata, a romper prácticamente con todos los protocolos a que están sometidos los gobernantes y a renunciar al 90 por ciento de su salario presidencial.

Pepe Mujica, como gusta que se le llame, llegó al final de sus cinco años de gobierno dejando una estela de admiración en los cinco continentes. Pese a sus sufrimientos de toda una vida, incluidos los 13 años de prisión por su militancia en la guerrilla de los Tupamaros, 11 de ellos en lo que el calificó de mazmorra y en la cual comió jabón, papel higiénico y cucarachas, entre otras inmundicias, pese a todo ello pudo darse a conocer en el mundo como un hombre bueno, amante de la paz y con una lucidez evidenciada por el periodismo a través de una larga colección de frases lúcidas y sobre todo cargadas de humanismo.

Bajo su mandato, continuó con las políticas económicas y sociales de su antecesor, Tabaré Vásquez, no solo logrando que la economía alcanzara un crecimiento promedio del 5,2 por ciento durante sus cinco años de gobierno, sino evitando que la riqueza representada en ese crecimiento se fuera a las faltriqueras de la burguesía, y sirviera más bien para mejorar la calidad de vida de sus compatriotas, como quedó evidenciado en la reducción del desempleo al 6,5 por ciento y en la salida de la pobreza del 72 por ciento de los uruguayos.

Pero también se dieron otros cambios que pusieron a nuestro hermano pueblo en un sitio privilegiado en el mundo. De ello habla claro el que se hubiera logrado la legalización del aborto y la despenalización del consumo de la marihuana, además de otras medidas orientadas a la protección de las minorías como la relacionada con el matrimonio entre personas del mismo sexo y las sanciones por discriminación a la población negra.

Le corresponde ahora a Tabaré Vázquez continuar con un tercer período del izquierdista Frente Amplio. Llega al cargo por segunda vez, lo cual le da la ventaja de una mayor experiencia, pero también la desventaja de tener a sus espaldas la expectativa de un pueblo que quiere verlo superar las realizaciones de su primer mandato, al igual que las de Pepe Mujica. Y contará también con una oposición que se radicalizará en sus posiciones. ¿Saldrá avante? Al lado del pueblo todo es posible.