Columna libre: Para que la paz tome vuelo

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Foto: arcketipo via photopin cc

Rodrigo López Oviedo

Sintonizada en el momento político que vive el país, la jerarquía eclesiástica aprovechó el cambio de señales provenientes de Roma para exhortar a los colombianos a respaldar los diálogos de La Habana. Según los altos prelados, estos diálogos deben adelantarse con mayor celeridad “porque no podemos permitirnos el lujo de estarnos años ahí sentados dialogando casi de espaldas al país”.

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Se trata, por supuesto, de unas prisas que todos quisiéramos que se dieran, sobre todo por tratarse de un proceso que cada día nos trae nuevas víctimas. Sin embargo, son apuros que no consultan las muchas heridas que deben restañarse y las múltiples iniciativas que se deben acordar para evitar que lo sembrado caiga en campo estéril, pues no se trata solo de apagar los fuegos, sino de crear las condiciones económicas, políticas y sociales necesarias para que nadie vuelva a sentir la necesidad de encenderlos de nuevo.

Estamos, entonces, necesitados de paciencia ante unos negociadores que están en el deber de entregarnos sabias conclusiones respecto del “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”; conclusiones que deben recoger las múltiples iniciativas que vienen surgiendo de los diversos eventos de la sociedad civil, como el Foro Política de Desarrollo Agrario Integral que se realizara en Bogotá bajo el auspicio de la ONU y del Centro de Pensamiento de la Universidad Nacional.

Entre esas iniciativas, tal vez las más recurrentes han sido las relacionadas con el cese bilateral de fuegos y el cambio del actual modelo económico, respecto del cual solo existe el empecinamiento del Gobierno en defenderlo, pese a las evidencias notorias de su fracaso en el mundo. Pero como de lo que se trata es de llegar a acuerdos, tal vez las fuerzas de la paz se conformarían, “por ahora”, con uno relativo a la defensa del patrimonio nacional, el cual se refiere tanto a los bienes que se encuentran en manos del Estado y que vienen siendo privatizados, como a las riquezas del subsuelo, y el suelo mismo, que están siendo entregadas a manos llenas a las transnacionales.

Sea como sea, esas fuerzas de la paz saben bien que la profundidad de los logros, incluida la erradicación de las causas del conflicto, estará en dependencia de su propia movilización. De allí la importancia del pronunciamiento de la jerarquía eclesiástica y de la movilización de todo el país en Bogotá este 9 de abril. En homenaje a Jorge Eliécer Gaitán en el 65 aniversario de su muerte y en reclamo de la paz con democracia y justicia social, entreguémoslo todo a la preparación de esta jornada.