Clavos calientes

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Estado confesional

La posición del Gobierno Nacional frente al matrimonio igualitario, hundida en el Congreso de la República, pasó de agache en medio del debate que demostró el espíritu cavernario que predomina en el Congreso. El presidente Santos no lo avaló aunque tampoco se opuso de manera pública. Sin embargo, trascendió que la Casa de Nariño empujó el hundimiento de forma discreta y confidencial.

Al presidente Santos, quien estará en las próximas semanas con el papa Francisco en el Vaticano, no le convenía llegar con una decisión favorable sobre un tema en que la Iglesia tiene una posición cerrada e intransigente. La postura oficial desdice del Estado laico y de la libertad religiosa que estable la Constitución Política.

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Centro Democrático

El partido de Uribe Vélez, “Centro Democrático”, rechazó la invitación que le hicieron los organizadores del Foro sobre Participación Política, realizado el fin de la semana pasada en Bogotá. Fue una “pifia” de la ONU y la Universidad Nacional, porque se entendía que el Foro era para los partidos y movimientos que defienden el proceso de paz. Sin embargo, con arrebatos pluralistas invitaron al grupo belicista que atiza la guerra y la confrontación. Uribe Vélez les dio un portazo en la cara.

Clientelismo en las cortes

La elección en el Senado del cuestionado Alberto Rojas Ríos como magistrado de la Corte Constitucional demostró que la selección de las altas cortes judiciales sigue siendo clientelista, en función del rasero partidista y no por los méritos jurídicos y profesionales de sus aspirantes. A Ríos lo eligió la alianza de los partidos liberal, conservador y la U, en función de intereses oficialistas.

Cada vez será más difícil que los fallos constitucionales obedezcan al rigor jurídico, como en los primeros años después de la aprobación de la Constitución Política de 1991. Ahora se fundamentan en razones políticas y del interés del gobierno de turno. El asalto a la Corte Constitucional comenzó desde el pasado gobierno de Uribe Vélez.

Paz e inamovibles

Dicen los entendidos que si el Gobierno persiste en la negativa a discutir temas cruciales y trascendentales para allanar el camino a la paz, pondrá en peligro la construcción de un acuerdo político definitivo o por lo menos alargará mucho el tiempo para lograrlo. Es la misma historia de siempre. Manuel Marulanda, durante los diálogos del Caguán, le dijo a este semanario cuando se le preguntó por lo mismo (Pastrana también decía que nada de lo fundamental estaba en debate): “¡Que me digan qué carajo es lo negociable!”.