Caballería ligera: Santos, el timorato

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Investidura de Juan Manuel Santos como Doctor Honoris Causa. Foto: La Moncloa - Gobierno de España via photopin cc

Debe dar un paso audaz que sin lugar a dudas acelere el advenimiento de la paz: convertir la tregua unilateral en bilateral

Investidura de Juan Manuel Santos como Doctor Honoris Causa. Foto: La Moncloa - Gobierno de España via photopin cc
Investidura de Juan Manuel Santos como Doctor Honoris Causa. Foto: La Moncloa – Gobierno de España via photopin cc

José Ramón Llanos

Haremos referencia a la modalidad que emplea el presidente Juan Manuel Santos para afrontar el proceso de paz que se desarrolla en La Habana y que cuenta con un amplio apoyo internacional y con la esperanzadora atención del pueblo colombiano.

El presidente parece un jugador de billar, ya que las respuestas sobre las propuestas o decisiones de la FARC-EP parecen tacada a varias bandas. Las primeras declaraciones a la decisión fariana de una tregua unilateral indefinida, fue de tal naturaleza que escribí la siguiente valoración:

“La benéfica y humanitaria propuesta anunciada por las FARC-EP desde Cuba de iniciar una tregua unilateral indefinida puso en evidencia las contradicciones que atenazan férreamente al presidente Juan Manuel Santos frente al proceso de paz que discurre en La Habana”. En efecto, un hecho de trascendental importancia para disminuir zozobra a la población colombiana y disminuir las pérdidas de vidas, solo mereció un frívolo comentario del presidente de la República: “Esas son rosas que tienen espinas”. Claro que tienen espinas, todas las rosas naturales y que no hayan sido manipuladas, señor Presidente, tienen espinas. Pero estas rosas ofrendadas por la guerrilla son benéficas, vitales para el logro de la paz y para la tranquilidad de toda Colombia.

Días después y ante el estricto cumplimiento que hicieron las FARC de su propuesta de cese unilateral de fuego, el presidente dio un bandazo positivo. Por primera vez se pronunció en favor de privilegiar la búsqueda de la paz en lugar de la continuidad de la guerra. Estas declaraciones concitaron el apoyo de todos los partidos políticos, el mundo académico y de la Iglesia.

Sin embargo, el carácter vacilante del presidente Santos y su reverencial temor ante el guerrerista Álvaro Uribe, lo llevaron 24 horas después a dar otro bandazo mediante el cual matiza el contenido de sus declaraciones positivas anteriores. Bastaron unos berridos a la jauría uribista para que el presidente le hiciera concesiones a las huestes guerreristas del Centro Democrático.

La decisión irreversible de las FARC-EP de mantener el diálogo en La Habana hasta construir el marco jurídico-político que propicie la paz con justicia social, equidad y democracia participativa y plena soberanía, exige decisiones valientes, por ejemplo que el presidente ejerza el mandato constitucional que lo faculta como comandante de las Fuerzas Armadas. En consecuencia, debe dar un paso audaz que sin lugar a dudas acelere el advenimiento de la paz: convertir la tregua unilateral en bilateral. Señor Presidente, déjese de vacilaciones. Esa decisión no solo le depara un lugar de honor en la historia de Colombia, sino que además lo doctora como un verdadero estadista de talla internacional.