Ahora y siempre: ¡Es hora de la unidad!

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Nelson Lombana Silva

La verdadera lucha revolucionaria es por cambio de régimen, en modo alguno es por cambio cosmético, formal o de simple nombre. Por eso la lucha es dura y exige cada vez más compromiso y moral revolucionaria de quien decide batallar contra la corriente con tenacidad y firme convicción.

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Son evidentes las características del revolucionario: Firmeza ideológica, tenacidad, constancia, decisión, optimismo y coraje. El revolucionario se mide en la práctica frente al enemigo de clase, jamás en recinto cerrado inventándose revoluciones de papel. En el calor de la trinchera es donde se forja esa condición de revolucionario.

No es una postura extremista o exagerada o quizás la búsqueda de revolucionarios perfectos, es la dinámica de una lucha dura, desigual y escabrosa que exige el máximo de sacrificio. El futuro es de esos pueblos que asumen tal postura, de esos líderes puros y convencidos que no dan el brazo a torcer, ni se rinden aún estado derrotado.

La práctica depura. Queda a la vereda del camino los oportunistas, demagogos y pícaros. La máscara no resiste y cae estrepitosamente, quedando al descubierto tal cual es. No es para menos: La lucha contra el neoliberalismo no es de poca monta. Muchos acompañan una cuadra, dos, tres, y ceden, porque el trote es bastante exigente.

Luchar contra la megalomanía, el oportunismo y el raterismo de pretender quitarle los bienes al pueblo para satisfacer el interés personal no tiene presentación y contra ellos todo el peso de la lucha revolucionaria. Sobre ello no puede haber vacilación, ni una concesión al enemigo de clase, mucho menos a esos muertos de hambre de pacotilla que pululan por ahí maquinando, acechando como ratas de alcantarilla. El pueblo sabe quiénes son y que pitos tocan, donde viven y que hacen.

Tampoco resulta frase de cajón insistir en el tema de la unidad. Diríase que es táctica y estrategia. Es garantía de victoria, ante un enemigo de clase abismal que se ahoga en su propio estiércol pero que se niega a socializar sus jugosas ganancias y colocarlas al servicio del pueblo en general.

La revista Forbes de 2013, señala que 1426 personas definidas como las más ricas del mundo acumulan la medio bobadita de 5,4 billones de dólares, reflejando un aumento de 800 mil millones de dólares respecto al año anterior. Es mucho dinero en muy pocas manos.

Mientras tanto, yendo al otro extremo, sabemos que el 80 por ciento de la población mundial vive con escasamente diez dólares diarios en promedio y el 50 por ciento apenas subsiste con 2.5 dólares diarios habitando tugurios, sin agua potable, energía eléctrica, alcantarillado, trabajo, sin salud y sin educación.[1. Revista educación y cultura de Fecode. Ceid. No 98. Abril de 2013. Página consultada 6.]

A ese cuadro tan dantesco y desigual, el Valium de la publicidad capitalista llama con algarabía “civilización” y “mundo de oportunidades”. Ese cuadro apocalíptico lo presenta la religión como una prueba del Señor y el oligarca como un simple castigo porque supuestamente todos tuvimos o tenemos las mismas oportunidades. Todavía nos dicen que Carlos Ardila Lule fue un pobre infeliz como cualquiera de nosotros que aceptó el reto, ahorró y trabajó incansablemente coronando su sueño. Cuentos de hadas para engañar incautos y que muchos y muchas en pleno siglo XXI siguen cayendo como mansas palomas.

El neoliberalismo es el sistema económico para engrandecer a las multinacionales y transnacionales, atragantarse las riquezas naturales de los países periféricos y condenar a la humanidad entera a la desdicha que implica el hambre y la falta de oportunidades reales. Su rostro es la muerte y el destino incierto. El neoliberalismo se constituye en una fase terminal del capitalismo en su fase imperialista, que exige de los pueblos y los movimientos revolucionarios acciones coherentes para acelerar su ocaso y en consecuencia el surgimiento de un sistema distinto, el Socialismo.

Es hora de la batalla final. Es hora de fortalecer la unidad y asumir una posición clara de izquierda, una posición unitaria. Es hora de superar las pequeñas capillas y pensar con grandeza. Es hora de luchar unidos con el gran acumulado y pensar con grandeza más allá de los apetitos personales o grupales. Es indudable: La burguesía cada vez se degrada más. Ahora y siempre: ¡Es hora de la unidad!