Abusos del lenguaje no sexista

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Juan Carlos Hurtado F.

“Una de las formas más sutiles de transmitir esta discriminación (a la mujer) es a través de la lengua, ya que ésta no es más que el reflejo de los valores, del pensamiento, de la sociedad que la crea y utiliza. Nada de lo que decimos en cada momento de nuestra vida es neutro: todas las palabras tienen una lectura de género”: Manual para el Uso no Sexista del Lenguaje, de María Julia Pérez.

Mujer con signo arroba Visión

Como el anterior, hay múltiples argumentos que justifican la elaboración de manuales para hablar y escribir de manera que se visibilice a la mujer.

He conocido argumentos de peso de ambas partes: de quienes defienden la necesidad de un lenguaje no sexista y quienes argumentan que no es necesario porque, entre otras cosas, de esta manera no podríamos comunicarnos. También he conocido trivialidades como que el lenguaje no sexista no es aprobado por la Real Academia Española, RAE, porque sus miembros son hombres y que si hay mujeres estas son de mentalidad patriarcal.

El problema no es la búsqueda de formas gramaticales que no excluyan, el problema es el abuso con estas a tal punto de llegar a escenarios donde se incomunica. El problema es forzar el léxico, la morfología y la sintaxis del idioma. Hay quienes proponen burdos “machetazos” como usar el símbolo @ para escribir por ejemplo niñ@s y no tener que decir “niños y niñas”.

Algunas dificultades

Existen varios manuales para uso no sexista del lenguaje y entre estos hay contradicciones y desacuerdos. Unos de ellos sí aceptan el uso no marcado o genérico del masculino. Por ejemplo, “El trabajador debe exigir sus derechos” o “El alumno debe ir a clase”. Se admite el masculino extensivo a las mujeres.

Se llega a los extremos cuando se piensa que decir “todos estamos contentos” es una frase sexista, para lo cual proponen “Todas y todos estamos contentas y contentos”. O propuestas como “Los gerentes y las gerentas revisarán las solicitudes”.

Para el lingüista Ignacio Bosque, el error de las guías o manuales de lenguaje no sexista es creer que siempre hay discriminación en las expresiones construidas en masculino con la intención de abarcar los dos sexos. Por ejemplo, proponen que se debe sustituir “Los afectados recibirán una indemnización” por “Los afectados, hombres y mujeres, recibirán una indemnización”; ya que creen que si no se especifica, las mujeres afectadas creerán que no tienen derecho a ese resarcimiento.

En el Manual de María Julia Pérez, se anota que ante lo pesado y engorroso de decir constantemente “Las señoras diputadas y los señores diputados”, hay que buscar alternativas que no invisibilicen a la mujer. Propone genéricos como: La niñez en lugar de los niños. La población en lugar de los habitantes. La ciudadanía en lugar de los ciudadanos. La descendencia en lugar de los hijos. El personal en lugar de los trabajadores. Bien.

El problema está en que por ejemplo, “La niñez” no equivale a “los niños” o “La descendencia” no es lo mismo que “los hijos”. Son pocos los contextos donde sustantivos abstractos equivalen a colectivo de personas. La mayoría de veces “juventud” significa un periodo situado entre la infancia y la edad adulta, y no un grupo de jóvenes.

Por otro lado, en castellano existen los participios activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; y el de cantar es “cantante”. ¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa “el que tiene entidad”; en definitiva “el que es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación “nte”.

Así, al que preside se le llama “presidente” y nunca “presidenta”; por lo tanto, si es una mujer quien realiza la acción debería decirse “la presidente”.

En conclusión, creo que es un axioma afirmar que hay discriminación hacia la mujer en la sociedad y se evidencia en el campo simbólico al reproducir relaciones culturales.

El profesor Ignacio Bosque, asegura que es un buen propósito el que se busca con el lenguaje no sexista, pero que no tiene sentido forzar las estructuras lingüísticas para que constituyan un espejo de la realidad o pensar que las convenciones gramaticales impiden expresar con libertad nuestros pensamientos e interpretar otros.

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