2016: ¿El año de la paz?

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No es suficiente con arrancarle al Gobierno las promesas de cambios para que haya paz, ni que ellas queden plasmadas en una nueva constitución. Se requiere también que mantengamos el ánimo dispuesto a la movilización.

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Rodrigo López Oviedo

Qué más quisiéramos los colombianos de bien que en el 2016 quedaran sembradas las bases para iniciar la construcción de la paz. Sembrar las bases significa dejar firmados los acuerdos “para la construcción de una paz estable y duradera” entre el Gobierno nacional y las FARC, pero también ratificarlos por el pueblo según el mecanismo que se acuerde, y que para muchos debe ser a través de una Asamblea Nacional Constituyente de nuevo tipo, es decir, que además de verdaderamente democrática, incluya las expresiones gremiales, sindicales, étnicas y de derechos humanos; deportivas, culturales, sexo – diversas y feministas; políticas y de movimientos sociales, es decir, sin exclusiones de ningún tipo, que es lo que termina sucediendo cuando los campos se abren solo a los partidos.

Por supuesto que los acuerdos y su ratificación no garantizan que se vaya a producir automáticamente la paz. Por eso necesitaremos estar también alertas ante la auténtica voluntad de las clases dominantes de hacer realidad la letra de lo acordado, pues bien conocemos del talante ´lampedusiano´ que las ha caracterizado a lo largo de la historia. Para no ir más lejos, veamos lo que han hecho con la Constitución del 91, que nació acompañada de tantas esperanzas, pero a la cual la han sometido a permanentes reformas, con las cuales lo único que ha quedado claro es la intensión de que los cambios iniciales se acomoden a su interés de que nada definitivamente cambie.

Y si no es suficiente con el anterior ejemplo, recordemos también lo que ha pasado con las promesas al movimiento agrario, luego de los paros y movilizaciones en los cuales estos incluso entregaron la vida de varios de sus miembros. Muy poco de lo ofrecido les ha sido cumplido, y lo que es de esperar es un 2016 agitado por las protestas campesinas y populares, agravadas con las sequías que nos han sido anunciadas.

Es necesario tensar, entonces, todas las fuerzas organizadas de nuestro pueblo. Ya hemos explicado que no es suficiente con arrancarle al Gobierno las promesas de cambios para que haya paz, ni que ellas queden plasmadas en una nueva constitución. Se requiere también que mantengamos el ánimo dispuesto a la movilización para que esos fenómenos ´gatopardistas´ no se vuelvan a repetir. Pero tampoco la simple movilización es suficiente si no está debidamente organizada y no gira en torno a objetivos concretos. No cumplir con estas características es darle pábulo al equivocado criterio del social demócrata alemán Eduard Bernstein, quien afirmaba que “el objetivo final no es nada, el movimiento lo es todo”.

Y ya para terminar, un feliz año para todos los lectores