Viviendas sí, represión no

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Humildes mujeres golpeando la tierra con la esperanza de tener techo propio. Foto Nelosi

Por Nelson Lombana Silva

La situación para 250 familias del municipio de Cajamarca (Tolima), que se vieron obligadas a tomar un lote de Invías con la proyección de construir sus viviendas, se encuentran entre la espada y la pared gracias a la incapacidad del Estado por responder oportunamente con sus obligaciones constitucionales. El drama, que no es ajeno a lo que viene sucediendo en otras regiones del país ante alto déficit habitacional, va en crecimiento cuando hay una especie de ultimátum por parte del alcalde Luis Evelio Gómez para que desalojen el terreno, el cual vencería hoy a las seis de la tarde.

No presenta este mandatario una propuesta real, objetiva, que satisfaga las expectativas de las humildes familias. Siempre está pensando en la lógica del capital y así lo demuestra en la práctica, porque mientras se muestra huraño con sus propios coterráneos caídos en desgracia, es servil e incondicional a los intereses de la transnacional Anglo Gold Ashanti y los demás megaproyectos con el nimio cuento de la supuesta “neutralidad”.

El suceso no puede ser más contradictorio y desconcertante. Mientras la transnacional amenaza acabar con las ubérrimas tierras de este municipio para robar de sus entrañas miles y miles de onzas de oro, 250 familias se juegan la vida por reclamar el elemental derecho a la vivienda. No hay dinero. Y el representante municipal del Estado sólo expone amenazas y amenazas a granel. No hay razón.

¿En dónde queda el gran preámbulo de la Constitución Nacional? Sobre todo cuando dice: “Asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo”. ¿Qué hay de eso en la decisión del burgomaestre de ordenar el retiro de sus paisanos con las manos vacías, por las buenas o por las malas?

Hoy, a partir de las nueve de la mañana se realizará, al parecer, la última reunión directa comunidad-alcalde para intentar hallar una salida, la cual está distante e incierta en la medida en que el mandatario no presente propuestas claras y convincentes capaces de resolver el conflicto civilizada y políticamente. Hay preocupación. Cajamarca se encuentra súper militarizada. Los rumores amenazantes fluyen y los viviendistas se mantienen a la expectativa, siempre conservando la esperanza de una salida pacífica y el sueño de tener techo digno para ellos y sus hijos. No renuncian a ese anhelo que en el sistema capitalista pareciera un imposible.

En alguna oportunidad un sacerdote organizó un grupo de destechados y construyó un barrio. Este barrio fue vetado por el mandatario municipal de turno, hizo todos los esfuerzos por echarlo abajo, pero la tenacidad del cura y la unidad de los viviendistas llevó al mandatario a ceder y legalizarlo. Es una historia que deben saber los luchadores de hoy para entender que sólo la unidad los puede llevar a que este sueño se les haga realidad. Afortunadamente, algunos saben con claridad cómo surgió el barrio Policarpa Salavarrieta en Bogotá.

Toda la comarca cajamarcuna estará a la expectativa en espera de un desenlace feliz. Se espera que predomine la sensatez. Amanecerá y veremos…