Tensión en península coreana: “¡Apunten los misiles!”

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Una confrontación bélica entre las dos Coreas, alentada por Estados Unidos, que mantiene una red de bases militares en la zona, busca extender un efecto “disuasivo” en la región Asia Pacífico y modificar el equilibrio de fuerzas frente a China

Corea

Alberto Acevedo

Los gobiernos occidentales y las agencias internacionales de noticias han puesto el grito en el cielo ante el anuncio de Corea del Norte de declarar nulo el armisticio firmado en 1953 con su vecina del sur, al término de una guerra de tres años, producto de la confrontación de intereses entre las dos mayores potencias mundiales en la zona de la península coreana.

Al declarar la no vigencia de tal armisticio, el gobierno de Pyongyang, además, cortó el denominado “teléfono rojo” que el alto mando militar de ambas naciones mantienen como línea directa de consulta en caso de emergencia y suspendió un mecanismo de comunicación para organizar el transporte en el fronterizo complejo industrial de Kaesong, creado en 1984 como instrumento de cooperación entre el Norte y el Sur y que provee empleo a un importante número de personas a ambos lados de la frontera.

Las anteriores medidas fueron acompañadas por el anuncio, el 29 de marzo, de un comunicado oficial norcoreano, dando cuenta de que a partir de ese momento, “todas las acciones del Gobierno, los partidos políticos y las organizaciones sociales serán ahora tomadas partiendo del hecho de que nuestro país se encuentra en estado de guerra con Corea del Sur”. Un nuevo comunicado de la estatal agencia de noticias KCNA indicó que el gobierno del presidente Kim Jong-un impartió al ejército la orden de “preparar los misiles” para responder a un eventual ataque enemigo.

La prensa occidental, que magnificó esta serie de anuncios, oculta sin embargo que todas estas medidas constituyen una respuesta a una escalada de provocaciones por parte de Estados Unidos y Corea del Sur que, en opinión de la vecina del Norte, constituyen una amenaza a su dignidad nacional y soberanía nacional y crean un clima de tensión en toda la región asiática.

Provocaciones

El acontecimiento que irritó la paciencia de Pyongyang en el Norte fue la realización de unas maniobras militares entre tropas de Estados Unidos y Corea del Sur, iniciadas el 1 de marzo y que se prolongarán hasta el 30 de abril, en las que participan al menos 10 mil hombres y en las que los Estados Unidos aportan bombarderos B-2 y B-52, con capacidad nuclear, submarinos nucleares, portaaviones y un sofisticado arsenal ofensivo, a escasos kilómetros de la capital norcoreana, acción que Pyongyang calificó como “provocación imperdonable”.

Otra situación que contribuyó a elevar la tensión en la región fueron las sanciones contra Corea del Norte adoptadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, después de que el país realizó su tercera prueba nuclear el pasado mes de febrero.

En esto del programa nuclear, Norcorea ha sido categórica en reclamar su derecho a desarrollar un proyecto defensivo. Otros países como Estados Unidos, China, Rusia, Inglaterra, Japón, Israel y Pakistán, desarrollan iniciativas similares, no sólo como estrategia defensiva sino para impulsar su industria. ¿Por qué entonces, no puede hacerlo en las mismas dos direcciones Corea del Norte?, se preguntan las autoridades de ese país.

El costo de la dignidad

El pueblo norcoreano, por desarrollar una política independiente de la tutela de los Estados Unidos, ha tenido que soportar el bloqueo económico de la mayor potencia del mundo, las reiteradas sanciones de las Naciones Unidas, a instancias de Washington y constantes provocaciones militares de los aliados de Estados Unidos en la región, situación que ha contribuido a mantener un clima de permanente zozobra en prácticamente todo el tiempo transcurrido desde finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando el territorio coreano quedó dividido en dos países, bajo la influencia norteamericana uno, y de la Unión Soviética el otro.

Analistas norcoreanos han recordado, a raíz de los incidentes de la última semana, que la actitud hostil de los Estados Unidos y de sus aliados en Seúl no sólo apunta contra sus vecinos del Norte, sino que busca desarrollar una política de “disuasión” en la región Asia Pacífico. El secretario de Defensa de los Estados Unidos, Chuck Hagel, dijo a propósito de las maniobras conjuntas con Corea del Sur, que “la disuasión también forma parte de los ejercicios militares”. Y con esta actitud estaría enviando un mensaje de “ablandamiento” a China continental, principal aliado de Corea del Norte.

Estados Unidos, que mantiene una red de bases militares en Corea del Sur y países vecinos, y un contingente de tropas de 30 mil hombres al sur de la frontera norcoreana, había anunciado, antes de los incidentes de la última semana, su disposición de reforzar su “escudo antimisiles” en la zona, frente a un eventual ataque aéreo del Norte.

Y aunque una intervención militar directa por parte de los Estados Unidos podría no estar todavía en la agenda, debido al desgaste por sus recientes aventuras bélicas en Irak, Afganistán y Pakistán, sí hay que tomar en cuenta que la política exterior de la Casa Blanca necesita alimentar la voracidad de la poderosa industria militar norteamericana a través de nuevos conflictos, cualesquiera sea el pretexto. Y con un objetivo estratégico claro: la conquista de nuevas fuentes de petróleo y de recursos naturales, no importa qué tan distantes se encuentren.