Risaralda: Movilizarse tiene su encanto

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Es muy grata la sensación de que “no estamos solos” sino que avanzamos como una sola fuerza campesinos, trabajadores, afrodescendientes, comunidades alternativas, colectivos de artistas, estudiantes, manteniendo viva la memoria de tantas víctimas del terrorismo de estado.

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Marcha por la paz en el centro de Pereira

Rodrigo López Maya

A raíz de las diferentes movilizaciones en las cuales hemos participado como organizaciones revolucionarias, sociales y populares, conscientes de que la conquista de las calles y las plazas es una necesidad para expresarnos y luchar como clase frente a las injusticias del capitalismo y del estado burgués, hacemos las siguientes reflexiones:

La movilización permite hacer catarsis al acumulado que va cargando el inconsciente de la población con el bombardeo informativo tendencioso, que distrae del análisis objetivo de nuestra realidad y que pretende cercenar los anhelos de cambio e inmovilizarnos con el miedo, la desesperanza y el individualismo.

Comienza con el “pase la palabra” con chapolas, correos electrónicos, llamadas, y entre todos estamos diciendo: “Encontrémonos en la movilización”. La expectativa nos emociona. Al llegar al sitio de encuentro nos embarga el regocijo de encontrarnos con nuestros camaradas, compañeros, amigos, el abrazo fraterno, los saludos sinceros al vernos en otro espacio y reconocer la identidad en los objetivos de lucha.

Es muy grata la sensación de que “no estamos solos” sino que, como decía Víctor Jara, “hombro con hombro, mano con mano” avanzamos como una sola fuerza campesinos, trabajadores, afrodescendientes, comunidades alternativas, colectivos de artistas, estudiantes, manteniendo viva la memoria de tantos dirigentes políticos, sociales y sindicales víctimas del terrorismo de estado.

Corear las consignas y acompañarlas con palmas como aplaudiendo la esperanza y la convicción de que entre todos podemos construir una patria mejor; ver entre las pancartas y pasacalles nuestras banderas hace que el corazón se ensanche y la convicción se afiance en las confluencias y las confianzas que vamos alcanzando hacia la unidad. Música con chirimías y papayeras, globos de colores, zanqueros y caras pintadas mezclados con el colorido de los vestidos de nuestros indígenas y el ondear de las banderas, todo se engrandece cuando los jóvenes con sus cánticos y sus zapateos, con su alegre dinamismo contagian ese optimismo que rejuvenece el espíritu.

Al alcanzar la plaza es cautivante ver cómo paso a paso se va colmando y el fervor, como un calor, nos abriga con esa sensación de fuerza invencible que siempre nos hace recordar el himno de la Unidad Popular en Chile: “Avanzan ya banderas de unidad… y tú vendrás marchando junto a mí y en un clamor mil voces de combate se alzarán… El pueblo unido jamás será vencido”.