Reparación integral: “Por la memoria hay que parar la guerra”

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Pável Santodomingo, coordinador del proyecto.

La reparación integral es un proceso de cambios para el país. No se puede seguir construyendo ni país ni memoria con un discurso de guerra

Redacción Política

El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos y la alcaldía local de Bosa realizaron en el colegio Claretiano, en Bosa Centro, el encuentro local de víctimas el pasado 26 de abril, en el marco del convenio 206 del 2014, en su componente “Inclusión social de las víctimas de la violencia, gestión para la convivencia; galería de la memoria de las víctimas del conflicto armado”.

Hablamos con Pável Santodomingo, miembro del Comité Ejecutivo de la Unión Patriótica, quien nos entregó sus conclusiones de los encuentros que recorren la localidad.

–¿Cuál es la importancia de los encuentros locales por la memoria?

–En primer lugar, la reconstrucción de la verdad desde las voces de las víctimas; no se puede pensar en un proceso de paz si no se reconocen las miles de historias de vida que se han afectado a causa de esta cruenta confrontación. Los encuentros han permitido escuchar y comprender los dolores que se convierten en colectivos en la medida que ha sido una constante de un país inclemente con las más de seis millones de víctimas.

Por otro lado, la memoria se convierte en reconstructora de proyectos de vida colectivos e individuales. La memoria tiene un efecto reparador en la medida en que encuentra en las historias de otros las historias propias, generando identidad y reconocimiento de luchar juntos por mejorar las condiciones de las víctimas y de la sociedad en su conjunto. En este sentido, la memoria se convierte en posibilidad de organizarse y volver a creer que es posible una Colombia en paz con cambios reales.

Todas estas historias se han recogido en la Galería de la memoria local de Bosa, que se convierte en un espejo ético para que nos demos cuenta, como colombianos, de los efectos devastadores de la guerra y la necesidad de parar con la confrontación, de que exista un cese bilateral al fuego y se sepa la verdad de lo ocurrido, sobre todo de la responsabilidad del Estado colombiano en toda esta tragedia.

–¿Qué conclusiones ha obtenido del recorrido por la localidad?

–Hemos conocido personas muy bellas, con ganas de seguir luchando por otra Colombia. Porque es quizás el objetivo más importante de los victimarios, romper el tejido social y silenciar las voces alternativas de una Colombia que se organiza para mejorar sus condiciones sociales. Vemos cómo la violencia ha sido sistemática contra las organizaciones de campesinos, estudiantes, comunidades étnicas, sindicatos, movimientos sociales y partidos políticos de izquierda; todo por pensar diferente, por defender sus derechos.

En el marco del proyecto se desarrollaron 12 encuentros de saberes, que tenían el objetivo de intercambiar experiencias de vida y plasmarlas en la galería de la memoria local de Bosa. Son 15 historias emblemáticas que nos ayudarán a no olvidar y, sobre todo, a no repetir. Claro, siempre y cuando cambie la política de estado de ver a todo el mundo como un posible guerrillero en una especie de miedo al pueblo.

Son solo 15 historias donde se exponen testimonios de desplazamientos, desaparición forzada, feminicidios, asesinatos y afectación colectiva, como el caso de los pijaos o comunidades afrodescendientes, en el marco del conflicto armado, y también se enuncia el genocidio contra la Unión Patriótica, las historias de resistencia popular, como el caso emblemático del barrio Nuevo Chile de la localidad.

–¿Qué viene después del encuentro? ¿Qué se pretende hacer con la galería de la memoria?

–La idea del encuentro es reflexionar sobre la necesidad de organizarnos como víctimas en lo local y articular estas luchas a los esfuerzos distritales y nacionales. Al encuentro asistieron más de 170 personas que han expresado su interés de continuar en el proceso de fortalecimiento de la participación social.

En cuanto a la galería, la idea es que podamos hacer una apuesta pública por mostrarla, por ponerla en lugares de confluencia social como la alcaldía, los parques, los colegios, las instituciones. Que todo el mundo se entere y, sobre todo, se sensibilice con los casos que se exponen en la galería. Que se vuelva un punto de encuentro de otras historias que el país necesita conocer desde ese rinconcito de la ciudad, como lo es la localidad de Bosa.

El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CPDH) está comprometido con la promoción de la participación de las víctimas y con los procesos de memoria que permitan avanzar en la garantía de los derechos de los colombianos.

–Hoy, en el proceso de paz de La Habana, se discute el tema de las víctimas, la verdad, la reparación y la justicia. ¿El concepto de reparación integral qué significa?

–Una de las conclusiones de este proceso de la galería de la memoria y del encuentro local es la necesidad de sumar todos los esfuerzos por la reparación integral, entendida como un proceso de cambio político, económico y social. Las víctimas están cansadas de que la sociedad las vea como personas reclamantes de subsidios y de ayudas, que se necesitan, pero sobre todo se requiere que cambie el modelo económico que excluye a grandes sectores sociales de la riqueza. En eso, creo que la sociedad tiene que ser consciente de que la reparación integral es la verdadera paz, que no exista una clase social que se enriquezca con la guerra y mantenga el poder político en Colombia con base en el discurso de la guerra.

–¿Esa verdadera paz va con justicia y verdad?

–Las víctimas reclaman reparación integral junto a los anhelos de verdad, justicia y garantías de no repetición. Son conceptos que van de la mano y pasan por el reconocimiento social de la afectación, que se reconozcan como habitantes de esta ciudad personas que llevan 20 o 30 años y no han podido regresar a sus tierras. Hoy Bogotá es un arco iris de diversidad cultural y social, producto de esta trágica historia. La reparación es integral en la medida que se garanticen condiciones socioeconómicas de largo plazo y no coyunturales, como se ha pretendido con los subsidios, pero sobre todo si se termina la guerra que ha revictimizado a muchos. Se requiere que los acuerdos de paz lleguen a feliz término, por respeto y consideración a las víctimas.