sábado, abril 5, 2025
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Panamá: El fracaso de Martinelli

El “gobierno empresarial” de Martinelli fracasó. Ahora da paso al “gobierno empresarial” de Varela, el cual previsiblemente fracasará en cuanto a proveer equidad y una vida mejor porque el problema está en el sistema capitalista corrupto y explotador.

Ricardo Martinelli en la inauguración de primera línea del Metro de Ciudad de Panamá.
Ricardo Martinelli en la inauguración de primera línea del Metro de Ciudad de Panamá.

Olmedo Beluche

Hace cinco años el presidente, Ricardo Martinelli, mostraba al mundo con orgullo la entronización de un gobierno que sin ambages admitía ser empresarial y de derechas, y exhortaba a otros magnates del continente a seguir su ejemplo y el de Piñera en Chile, encabezando proyectos políticos para confrontar la creciente ola de gobiernos “populistas”, “progresistas”, “izquierdistas” que habían proliferado ante el fracaso del modelo neoliberal. Martinelli, con el guiño complaciente de su padrino colombiano Álvaro Uribe, pretendía ser una especie de álter ego del presidente Hugo Chávez de la Venezuela bolivariana.

En política interior el gobierno empresarial enseguida se enfiló contra los sindicatos obreros, el derecho a la protesta social, la protección a la naturaleza y los pueblos originarios con la tristemente célebre “ley chorizo”. El ataque sistemático a los gremios docentes y de la salud para imponer esquemas altamente cuestionados y excluyentes fue otra columna de su proyecto.

En lo exterior, rápidamente se postró como lacayo de los intereses más reaccionarios del planeta, avalando el golpe de Estado en Honduras (con la activa participación de su canciller y vicepresidente, Juan C. Varela), a Israel contra Palestina, a Colombia contra Nicaragua, reteniendo un barco norcoreano, asilando prófugos como Galo Lara, de Ecuador, y María del Pilar Hurtado, de Colombia.

Cinco años después, ¿cuál es el resultado final de la gestión del gobierno empresarial? En dos palabras: fracaso completo. Expresado en las elecciones recientes, en las que no solo perdió su sucesor, sino que recibió el voto contrario del 70% de los electores.

Crecimiento para los ricos

Fracaso porque la mayoría de la población panameña está convencida de que el gobierno empresarial de Martinelli ha sido enemigo de los pobres y muy útil para que los ricos sigan acumulando fortunas. Fracaso porque en la arena internacional se retira manchado por el escándalo del juicio a Lavítola en Italia. Fracaso porque al actuar como pelele de Estados Unidos nos ha retrotraído al protectorado de 1903.

Nunca un gobierno contó con tantos recursos: alto crecimiento económico, mil millones de dólares anuales aportados por el Canal y un endeudamiento de al menos cinco mil millones de dólares. Claro que las “obras se ven”: Metro, Metro Bus, cientos de kilómetros de carreteras, puentes, etc. La pregunta es: ¿Por qué la gente no se siente mejor?

Porque la vida del pueblo panameño no es mejor hoy que hace cinco años: los servicios públicos son un desastre; la basura, la falta de agua y transporte son una calamidad diaria; ni hablemos de la seguridad pública y la ola de criminalidad; el alza de la canasta alimenticia anuló los aumentos del salario mínimo; el Metro Bus es un sistema completamente ineficiente e insatisfactorio (por ser privado); continúa la crisis del transporte público de la cual los “piratas” son un síntoma; 500 millones en la “ciudad hospitalaria” pero no hay medicinas en las farmacias del Seguro Social; las citas son computarizadas, pero igual de demoradas, y los pacientes duermen en los pasillos de urgencias de la Caja de Seguro Social; un puñadito de “escuelas de excelencia”, pero la mayoría se cae a pedazos.

El “gobierno empresarial” de Martinelli fracasó. Ahora da paso al “gobierno empresarial” de Varela, el cual previsiblemente fracasará en cuanto a proveer equidad y una vida mejor porque el problema está en el sistema capitalista corrupto y explotador. Sigue siendo necesaria la construcción de una verdadera alternativa de gobierno popular, tarea en la que el fracaso no será de Martinelli, sino de quienes pretendemos un mundo mejor si no nos ponemos las pilas dejando a un lado los sectarismos.

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