Personalidades y organizaciones de Colombia y el mundo reaccionan ante la partida de la Negra Grande
Redacción Política
Desde diversas partes del planeta, pensadores, partidos de izquierda y organizaciones feministas reaccionaron ante la muerte de la dirigente política y senadora del Pacto Histórico, Piedad Córdoba Ruiz.
Cantos y flores para una despedida
Federación Democrática Internacional de Mujeres, FDIM, Colombia
Una tumba recibirá tu cuerpo para sembrar de esperanzas el renacer de un nuevo amanecer. En este nicho nacerán lirios de variados colores, entretejiendo amores y locuras propios de las pinturas de osadas mujeres, que en su época fueron mártires por sus hazañas, quienes se atrevieron a pintar la desnuda realidad de la época, donde en ellas se expresaba el dolor de la ignominia, pero también servía de exorcismo para sobreponerse y gritar justicia y libertad.
Así recordamos hoy las mujeres colombianas y del mundo a la gran pintora de la vida y de la alegría, a nuestra amada y siempre recordada la Negra Piedad, como siempre amorosamente la llamábamos. Piedad fue una de las más grandes de nuestra época, una Artemisa Gentileschi o una Maruja Mallo, quienes pintaron el desprecio por el patriarcado, impregnado de horripilantes abusos. Fue con pinceladas de amor y de una fuerza infinita que le hicieron resistencia al silencio; siempre pintaron con el maravilloso multicolor de las facetas de la vida, para encontrar el equilibrio de la sociedad.
Piedad Córdoba, una heroína que fue víctima del acoso y del asedio de la oligarquía colombina, no se dejó amilanar. Muchas veces estuvo cerca de la muerte, cuando los paramilitares la secuestraron o cuando la acusaron de traición a la patria, o cuando desde monte adentro gestionó la liberación de los y las secuestradas, o cuando la acusaron de ser auxiliadora de las guerrillas colombianas, o cuando la destituyeron del Congreso de la República, se enfrentó con dignidad a sus detractores y salió airosa frente a tan infames felonías.
Su convicción por sus ideales no la detuvieron para buscar la unidad con el pueblo y defender los derechos de las mujeres, los niños y niñas. Recorrió valles y montañas en busca de justicia, fue ponente de la ley de cuotas, como peldaño para alcanzar la igualdad social. No conoció el miedo, se enfrentó al régimen oprobioso de los distintos gobiernos de corte fascista, defendió los ideales de Bolívar, fue una mariposa errante llevando el mensaje de la paz, internacionalizando la unidad del mundo; en su turbante de colores representó la lucha de las mujeres palestinas, la aguerrida defensa del heroico pueblo cubano, así como amó y defendió la revolución bolivariana de Venezuela, acompañó la justa lucha de la Unión Patriótica, de los y las desaparecidas, fue defensora de las luchas del pueblo, luchó por proteger el amor de sus hijos e hija, como el amor de su madre, fue una mujer multifacética, fue la maestra de la vida.
Siendo senadora de la República, donde estaba dando sus acostumbradas batallas de ideas, la muerte la sorprendió y murió haciendo un pacto con la vida, para que su ejemplo sea seguido por las que quedamos vivas y las nuevas generaciones, su muerte, no enterrará la esperanza que soñó, durante todos estos años de aguerridas batallas.
Las mujeres y el pueblo demócrata, están de duelo, la lloraremos como parte del ritual de paso, para mitigar el gran dolor que su partida nos deja. Reafirmaremos nuestro compromiso con sus luchas; los fascistas están de fiesta, pero no pasarán porque, puede más la fuerza del amor y de las grandes enseñanzas de esta valiente mujer.
A su hermosa y sufrida familia un abrazo de solidaridad, con la seguridad de que Piedad estará en los anales de la historia.
Así te recordaremos y seguiremos tu ejemplo. Cantos y flores habrá en tu despedida y en tu tumba florecerán tus esperanzas.
Desde Argentina
Atilio Borón.
Tristísima noticia la del súbito fallecimiento de la senadora colombiana Piedad Córdoba. Una de las grandes mujeres de Nuestra América por su valentía para enfrentar al paramilitarismo y la derecha ultraconservadora de su país, y por su coherencia en la búsqueda de la paz y la felicidad de su pueblo.
Piedad fue un personaje fascinante por la claridad de sus ideas, por su sensatez, su acendrado humanitarismo, su inquebrantable vocación pacifista y revolucionaria, y su profunda vocación latinoamericanista.
Conmovida por la interminable matanza que por décadas enlutaba su tierra, se volcó con todas sus fuerzas y la lucidez de su privilegiada inteligencia para lograr la pacificación de Colombia. Como lo reconociera años más tarde, en esa noble tarea empeñó todo su capital político y su reconocimiento social.
Su negritud, sus luchas por las mejores causas de la emancipación integral de los pueblos y su condición de mujer, potenciaron hasta el infinito el odio que le dirigió la oligarquía colombiana. Fue perseguida con una saña tan perversa como infrecuente, inclusive en la convulsionada historia latinoamericana. Pero jamás se doblegó ante esas maniobras, que iban desde amenazas a su vida hasta infames operaciones de lawfare que por largos años la privaron de su banca en el Senado de Colombia.
Activamente comprometida con la búsqueda de algunos gestos que expresaran por parte de la guerrilla una voluntad de diálogo, ayudó a la liberación unilateral de algunos rehenes que estaban en su poder. Y logró con su incansable militancia abrir paso a los diálogos de paz que tendrían lugar en La Habana entre el Gobierno del por entonces presidente Santos y la dirigencia de las FARC-EP, teniendo como países garantes a Noruega, Brasil, Chile, México, Venezuela y Cuba.
Su vocación nuestroamericana la llevó a manifestar su militante solidaridad con todas las buenas causas de la región. Fue amiga incondicional de la Revolución Cubana, de Fidel y de Chávez, de Evo, de Rafael Correa, de Lugo, de Lula, de Néstor y Cristina Kirchner, y de todos los líderes de los procesos emancipatorios en curso en Latinoamérica, donde su popularidad a escala continental era impresionante.
Fue amiga y admiradora de Diego Armando Maradona por la solidaridad que éste manifestó al acompañarla en su campaña por la paz en Colombia en 2016. La recuerdo en uno de sus viajes a la Argentina, cuando me tocó llevarla a una serie de reuniones en el centro de Buenos Aires.
En una ocasión nos fuimos caminando por la avenida Corrientes y fue impresionante la cantidad de gente que la paraba a cada paso para sacarse una foto con ella, felicitarla, darle su aliento. Varios choferes de colectivos hicieron sonar sus bocinas y le hacían un ademán amistoso, y desde los automóviles se oían voces de apoyo.
Recuerdo una: “¡No te mueras nunca, Piedad, nunca! ¡Te necesitamos!” Era una escena que amigos comunes me decían que se repetía en Ciudad de México, Lima y La Paz, por donde fuera que Piedad paseara su imponente y bella figura, su elegancia, su amable sonrisa, su mirada a la vez dulce y acerada cuando se involucraba en un debate o recordaba las tropelías a que a diario la sometía el uribismo y sus secuaces en su amada Medellín.
Sábado de luto éste, de luto largo y profundo, porque te fuiste, negra querida, en un momento en que más que nunca necesitábamos de tu sabiduría y tu valentía. Quienes aún estamos en este mundo te prometemos que nunca serás para nosotros, y tampoco para las futuras generaciones, un ícono inofensivo sino una permanente y vital fuente de inspiración para luchar sin desmayos en la construcción de un mundo mejor, donde la humanidad no corra el peligro de su autoextinción como advertía Fidel en la Cumbre de Río de 1992. ¡Hasta la victoria, siempre!, querida Piedad.
Figura clave de la política colombiana
Partido de la Refundación Comunista – Izquierda Europea.
El Partido de la Refundación Comunista – Izquierda Europea rinde homenaje a la senadora colombiana Piedad Córdoba, fallecida en Medellín, a los 68 años de edad.
Los caminos de Rifondazione y Piedad Córdoba se encontraron hace muchos años, con la búsqueda conjunta de una solución política al conflicto armado en Colombia, y han seguido entrelazándose a lo largo de todo este tiempo.
Piedad Córdoba ha sido una de las figuras más importantes de la vida política de Colombia en los últimos 20 años. Tras una militancia en el Partido Liberal, lo abandonó para militar en el lado progresista de la política colombiana, primero en Poder Ciudadano y luego en el Pacto Histórico. Era amiga personal del comandante Chávez y de la Revolución Bolivariana, del proceso cubano, militante de la causa de la integración latinoamericana.
Una mujer afrocolombiana valiente, incansable, comprometida en la batalla contra la corrupción, por los derechos de las mujeres, de los afrodescendientes, por la solución política a más de medio siglo de conflicto armado.
Como escribió el presidente de Colombia, Gustavo Petro: “Piedad Córdoba fue una mujer marcada por una época y una sociedad. Luchó toda su vida por una sociedad más democrática. Su cuerpo y su mente no resistieron la presión de una sociedad anacrónica, que aplaudía los asesinatos de jóvenes, que odiaba el diálogo y la paz, que odiaba a los indígenas y los pobres, que la trataron como a una delincuente”.
Piedad Córdoba ha pagado personalmente su compromiso político, ha sufrido varios atentados de los que milagrosamente salió ilesa, un secuestro por parte de escuadrones paramilitares al servicio del Establecimiento, varios casos de persecución judicial, entre ellos, un duro ataque por parte del Procurador fascista Alejandro Ordoñez que la despojó de su condición de senadora y la condenó a no ejercer cargos públicos durante 18 años, y una larga lista de atropellos en su contra.
A lo largo de los años, hemos conocido a Piedad en muchos escenarios y nuestra relación, además de política, ha sido de profundo respeto y amistad.
Con ella se va una figura clave de la política colombiana y latinoamericana.
¡Que la tierra te sea leve, Piedad!
Piedad Córdoba, militante por la vida
Mauricio Jaramillo Jassir, profesor de la Universidad del Rosario.
El principal flagelo de Colombia no es el subdesarrollo, sino el odio que ha conducido a la violencia y justificación de las peores formas de violaciones a los derechos humanos. Hay pocos países donde la guerra sea tan redituable electoral y políticamente. Piedad Córdoba dedicó su vida a la militancia en favor de la mal llamada pero urgente y necesaria “humanización” del conflicto armado.
Algunos hacen eco de las infamias en su contra lanzadas por el uribismo y los penosos años en que Alejandro Ordoñez monopolizó la Procuraduría en pro de una agenda que en nada tenía que ver con el diseño constitucional del 91. En esos años el Ministerio Público sirvió a la derecha colombiana para intimidar las voces que defendían los derechos humanos en la peor época para la democracia colombiana en lo corrido de siglo.
Piedad Córdoba tuvo el valor de confrontar a Carlos Castaño cuando fue secuestrada por paramilitares y reclamarle a uno de los peores criminales del siglo XX, por las masacres que dejaron secuelas lacerantes en la colombianidad. El episodio retrata a una política que jamás cedió en sus valores.
En las épocas en que el uribismo convenció al Establecimiento sobre la tesis de una victoria militar sobre las guerrillas (a pesar de las advertencias internas y externas) Córdoba se enfrentó para recordar el efecto nefasto que una estrategia guerrerista acarrearía. La historia le dio la razón.
Cuando hablar de una salida negociada significaba el riesgo de señalamientos de terrorismo y objeto apetecible para intimidaciones, amenazas y hasta agresiones, la senadora defendió el intercambio humanitario.
Fue una de las muchas víctimas de interceptaciones ilegales (que el periodismo barnizó con el eufemismo de chuzadas) y seguimientos en momentos en que el DAS se convirtió en policía política del régimen. Aunque la justicia le dio la razón, jamás llegó el perdón solicitado por parte de Uribe Vélez.
Enfrentarse a la derecha le valió una declaratoria de guerra en la que los sectores más reaccionarios no aflojaron, a pesar de los incontables llamados a la reconciliación en el escenario posterior al Acuerdo de Paz de La Habana. Por eso, en redes se vieron reacciones de júbilo por su muerte confirmando que en Colombia se ha llegado a un nivel de confrontación que cualquier deceso es celebrado por alguno de los sectores. Ni siquiera en el duelo somos capaces de encontrarnos.
Piedad Córdoba peleó en las filas del Partido Liberal en contra de su derechización y estirando las banderas rojas para acercarlas a las bases populares inaugurando el movimiento Poder Ciudadano, apuesta para reconfirmar que el liberalismo y el socialismo democrático son compatibles.
Viendo el extravío del Partido Liberal y su disputa difícilmente reconciliable con las bases, entendemos con dolor cuánta falta hará. Su muerte nos pone en la tarea de no abandonar su legado, ni dejar en manos del conservatismo reaccionario la trasmisión de su vida a las próximas generaciones.
En tu siembra, nuestra cosecha
Gloria Inés Ramírez, ministra del Trabajo.
A pesar de no existir la correlación en el Congreso para impulsar con mayor ahínco la defensa de la paz y de la vida, Piedad nunca dudó en mantener su voz en alto y buscar la unidad para poner en la agenda nacional una salida política y negociada al conflicto armado.
La paz y la justicia fueron su bandera, y para abrirle camino, junto a otras personalidades y sectores democráticos, impulsó la iniciativa del acuerdo humanitario entre las otroras FARC-EP y el gobierno de Álvaro Uribe, en un momento en el que hablar de acuerdo humanitario era sinónimo de terrorismo.
También impulsó la campaña por la libertad de las y los secuestrados en Colombia, consiguiendo la liberación unilateral de las y los retenidos. A Piedad le debemos mucho como sociedad, porque sus esfuerzos nunca fueron en vano.
En el 2010, como senadoras de la República y junto a las víctimas del conflicto armado y las organizaciones de los derechos humanos, acompañamos en La Macarena, Meta, la audiencia pública sobre la Crisis Humanitaria de los Llanos Orientales. Allí se destaparía la más grande fosa de cuerpos no identificados, víctimas de los mal llamados “falsos positivos” y el terrorismo de Estado.
Su compromiso y solidaridad con las y los más vulnerables la llevaron a los más recónditos lugares del país para hablar de justicia, para hacer control político y también, para animar con su tenacidad y su voz firme a los campesinos, estudiantes, a las mujeres, a los negros e indígenas en la defensa de un país más justo.
Piedad fue una mujer de nuestro tiempo, de carácter político y valiente, víctima del asedio paramilitar, de una persecución constante y posteriormente de la destitución como senadora a manos de la Procuraduría controlada por los enemigos de la democracia.
Los montajes políticos, judiciales y la estigmatización mediática fueron despiadados, pero nunca claudicó y cada día con dignidad y coraje hablo más alto. Fue una parlamentaria ejemplar a la que la justicia de manera tardía reconoció, pero que con vehemencia supo sortear privilegiando los valores de la democracia. Eso se llama coherencia.
Ella misma decía: “este país no me perdona que sea mujer, negra y que hable duro”. Sin lugar a dudas, con su protagonismo le abrió las puertas a la política de las mujeres negras del país e hizo extensiva la voz de quienes, en medio de la guerra, enfatizaban: ¡la paz y la democracia con las mujeres sí va! Su voz seguirá estando firme entre la multitud que la acompañó hasta el final.
Nos ha abandonado una luchadora incansable, una gran mujer, valiente, alegre, solidaria, inteligente y digna, comprometida con su gente. Hasta el último momento de su vida, dio la batalla por la democracia desde el lugar al que regresó con el Pacto Histórico como senadora y del que nunca debió salir.
Gracias, Piedad, por el ejemplo y la tenacidad. Cuando alguien en este país quiera hablar consecuentemente de la lucha de las mujeres por la paz, el nombre de Piedad Córdoba brillará con luz propia en la historia y la memoria de nuestro pueblo.
Amada Piedad, hoy retornas a la tierra que defendiste, con voz altiva y siempre firme. Nos quedamos con la grandeza de tu corazón que hizo tanto por la historia de Colombia. Tu voz siempre con nosotras, con el pueblo que te ama. En tu siembra, nuestra cosecha.