No es casual la diferencia entre la cobertura de las noticias del asesinato del peluquero de Bogotá y de cinco líderes sociales en una misma semana. Se trata de una estrategia de ocultamiento de los excluidos y de lo políticamente inconveniente
Roberto Amorebieta
@amorebieta7
Es una noche cualquiera. Una persona llega a su casa después de una larga jornada de trabajo, se sienta frente al televisor y se dispone a ver las noticias y alguna telenovela que le permitan descansar la mente y romper un poco la rutina del día. De repente, la emisión del noticiero abre con una música trepidante y comienza con una noticia impactante y macabra: un joven ha confesado el asesinato de su hermano y su madre con el propósito de apropiarse de la fortuna de ambos.
Un suceso que parecería más una nota de la crónica roja de los periódicos sensacionalistas de antaño -esos que vendían más ejemplares que los diarios “serios” de la capital- se convierte por cuenta de la insistencia de los grandes medios de prensa, radio y, sobre todo, televisión, en la noticia de la semana y, por qué no, del mes.
Los periodistas se afanan en profundizar en los detalles más sórdidos y en describirlos con toda profusión al público: que el asesino dejó muchos rastros, que el hombre asesinado -un reconocido peluquero de Bogotá- era en realidad un lavador de dólares de la mafia, que el asesino confesó, pidió perdón y juró no volverlo a hacer jamás, en fin, cualquier cosa es válida para aumentar el rating, los clics y las ventas.
La persona que observa el noticiero queda atrapada por la noticia, por el ritmo frenético de la música que acompaña la nota y por el tono dramático que los periodistas imponen a su narración de los hechos. No tiene tiempo ni ánimo de ocupar su mente en nada más. El impacto emocional que le ha producido la información la deja desconcertada y aún más pesimista sobre el futuro del país. “Por eso estamos como estamos”, dirá entre dientes mientras sueña con que ojalá ese tipo se pudra para siempre en la cárcel.
El país de verdad
Esa misma semana, cinco líderes sociales fueron asesinados en diferentes lugares del país, aumentando la espantosa cifra de 1.292 crímenes desde la firma del Acuerdo de Paz y que día a día se incrementan en los territorios y enlutan a Colombia, mientras el Gobierno y las autoridades judiciales hacen poco o nada por esclarecerlos.
El lunes 17 de enero fue hallado sin vida el cuerpo de Luz Marina Arteaga a orillas del río Meta, en el municipio de Orocué, Casanare. Sus familiares, amigos y organizaciones de derechos humanos en el territorio habían denunciado su desaparición desde el jueves 13. Luz Marina representaba a las comunidades de Matarratón y El Porvenir en el Meta, que exigen el cumplimiento de sentencias de la Corte Constitucional y la Corte Suprema de Justicia que ordenan a la Agencia Nacional de Tierras adjudicar a los campesinos las tierras reclamadas.
Colectivos de derechos humanos habían solicitado al Gobierno que otorgara protección especial para ella debido a las constantes amenazas en su contra, pero sus peticiones nunca fueron atendidas.
El mismo lunes 17 fueron asesinados dos profesores y líderes comunitarios. En Arauquita, Arauca, el maestro, cultor y artesano, Miguel Carrillo, quien enseñaba en la Casa de la Cultura fue asesinado a tiros cuando se desplazaba en su motocicleta con su esposa. Por la tarde, el profe y líder ambiental Mario Jonathan Palomino de 35 años, licenciado en Educación Básica de la Universidad de Antioquia, fue asesinado en Carmen de Viboral, Antioquia, cuando en bicicleta regresaba a su casa después de enseñar en el Colegio Monseñor Ramón Arcila de ese municipio.
El viernes 21, el joven Breiner David Cucuñame, de 14 años, y Guillermo Chicame, ambos miembros de la Guardia Indígena, fueron asesinados en zona rural de Buenos Aires, Cauca, cuando hacían presencia en el territorio del pueblo Nasa en respuesta al aviso de las comunidades de que hombres armados se encontraban allí. Los indígenas fueron recibidos a tiros y en el hecho resultó gravemente herido otro miembro de la autoridad Nasa, Fabián Camayo.
El líder indígena Darío Tote dijo del joven guardia asesinado que “su entusiasmo, ternura y alegría era cuidar el medio ambiente, cuidar las montañas, los ríos, cuidar el territorio de su familia, pero ante todo, la ternura de interpretar y ver la naturaleza”.
Cortinas de humo
¿Esto es casual? ¿Es una coincidencia que en la misma semana los medios reproduzcan hasta la náusea una noticia mientras apenas registran las otras? La profesora de teorías de la comunicación social, Ana María Montaña, piensa que no. “Esto evidencia la manera como el Establecimiento les da importancia a unas víctimas -y a unas noticias- y a otras no. Los medios reproducen esas formas de entender la vida y la muerte. Es más vendedor el caso farandulero de un joven que mata a su familia por una herencia.
“Las otras víctimas evidencian, en cambio, lo que realmente está pasando, que Colombia es uno de los países más peligrosos del mundo para la resistencia y para lo contrahegemónico. Un asesinato espectacular como el del peluquero y su madre no tiene implicaciones políticas, los otros sí porque muestran lo que se quiere ocultar -que no hay garantías para la oposición, el liderazgo ambiental y el proceso de paz- y más en un momento preelectoral”.
“El homicidio del peluquero es macabro, horrible y espectacular -en el sentido literal del término-, con él podría hacerse una serie de Netflix, pero no pone en riesgo al Establecimiento ni su credibilidad. Al contrario, sirve para decir que se está haciendo algo, que se está investigando y atrapando a los criminales porque para el Estado la vida sí vale. Pero no es cierto, que en una semana hayan sido asesinadas cinco personas por hacer oposición, por denunciar, por educar ambientalmente, por intentar construir un país distinto, es evidencia que este régimen está descompuesto y que la gente que quiere algo distinto es una amenaza. Y mostrarlo es políticamente inconveniente”.
“La otra cara de la moneda es que al público le gusta ese tipo de noticias. Todo el mundo está hablando del caso mientras los asesinatos de líderes sociales pasan como una cifra más. Mucha gente piensa quién sabe qué estaba haciendo, estaba mal parqueado, se ahogó. La gente no está educada para exigir a los medios que le cuenten la verdad y no hay muchos sitios donde se pueda acceder a una verdad seria, investigada, analizada y profunda.
“Que al público le guste que le muestren lo del peluquero tiene que ver con la forma como estamos educados para recibir la información que nos dan los medios. Creemos que está bien que nos muestren un espectáculo macabro y horrible pero no pasará de ahí. En una semana habrá otro espectáculo y al mismo tiempo, otras muertes que no tendrán el mismo despliegue”.
Qué hacer
Una de las prioridades del Pacto Histórico en el poder debe ser la de abordar este problema que incide decididamente en la forma como los colombianos concebimos el mundo. Lo primero será derogar la actual Ley TIC y hacer una gran convocatoria para la definición y expedición de una Ley de Medios que imponga unos mínimos criterios de responsabilidad a los medios privados y distribuya los espacios y contenidos entre medios comunitarios, alternativos y universitarios para garantizar así más pluralidad y romper con el monopolio mediático de los grandes grupos económicos.
Lo segundo debe ser el fortalecimiento del sistema de medios públicos para que el Estado garantice unos contenidos de calidad que contribuyan a la formación y educación de los colombianos.
No es fácil, habrá una oposición brutal por parte de los medios, pero con eso ya contábamos. La tarea será transformar la economía y la política, pero también y, sobre todo, la cultura. Queremos un país de personas conscientes e informadas. Nada más, pero nada menos.
Al cierre de esta edición, la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca denuncia el asesinato de Albeiro Camayo, excoordinador regional de la Guardia Indígena, por parte de la Columna Móvil ‘Jaime Martínez’ de las disidencias de las FARC.