viernes, agosto 29, 2025
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Matoneo de Trump

Los gobiernos de México, Bolivia, Cuba, Nicaragua y de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA, se manifestaron en contra de cualquier operativo militar estadounidense violatorio de la soberanía de los países

Ricardo Arenales

América Latina y el Caribe reaccionaron en forma mayoritaria contra el anuncio del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de movilizar por aguas del sur del Caribe, en dirección a las costas de Venezuela, a un contingente de 4.500 efectivos militares, incluyendo unos 2.200 marines, bajo el pretexto de combatir a los carteles del narcotráfico en la región.

Las voces de rechazo hasta ahora escuchadas coinciden que Trump se basa en argumentos mentirosos para justificar un operativo intervencionista, contra Venezuela en primer lugar. Una de las reacciones más duras contra los planes de Washington hacia Venezuela, ha sido la del presidente colombiano, Gustavo Petro que, durante una ceremonia de ascenso de nuevos generales de la policía, la semana pasada, criticó el anuncio de Trump que habilita al ejército estadounidense para combatir a los carteles latinoamericanos, cuando tradicionalmente esta labor corresponde a organismos de policía, particularmente a la DEA.

Tienen que respetarnos

El presidente Gustavo Petro afirmó que “Estados Unidos tiene que aprender a respetarnos”, y precisó que esa orden puede ser la excusa para agredir a cualquier país de la región, pues todos sufren el azote del narcotráfico. En una declaración posterior, aseguró que una invasión a Venezuela por parte de Estados Unidos haría del país suramericano ‘una Siria’, y arrastraría a Colombia a otro conflicto.

En una elocución, Petro indicó que ha instado a Caracas a combatir las bandas delictivas en coordinación con Colombia, a diferencia de los métodos de fuerza de Donald Trump. Petro insinuó que enviaría un mensaje a su homólogo estadounidense al respecto. En los últimos meses, las autoridades colombianas y venezolanas han trabajado para unir esfuerzos y cooperación en áreas diversas, como la seguridad en sus zonas de frontera.

Desde América Latina y el Caribe, los gobiernos de México, Bolivia, Cuba, Nicaragua, así como los que conforman la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA, se manifestaron en contra de cualquier operativo militar estadounidense que suponga la violación de la soberanía de cualquier país latinoamericano o caribeño, con independencia del motivo esgrimido por la Casa Blanca.

No es solo convicción

Pesan mucho en la arena internacional, los pronunciamientos en el mismo sentido de China y Rusia, dos grandes potencias con las que el gobierno de Venezuela mantiene estrechos lazos de amistad y cooperación.

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, dijo el martes de la semana pasada que las operaciones estadounidenses en el Caribe constituyen un acto de injerencia. “No al intervencionismo. Eso, para los mexicanos, no solo es convicción, sino que está en la Constitución”, anotó la mandataria azteca.

Por su parte, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, condenó el uso de la lucha contra el narcotráfico como pretexto para justificar lo que calificó como ambiciones hegemónicas de Washington.

“Eso lo está diciendo y lo está promoviendo el Estado más narco que hay en el mundo, que son los Estados Unidos”, indicó. “Cuba denuncia firmemente esta nueva demostración de fuerza imperial y hace un llamado a los gobiernos, al ALBA-TCP y, desde aquí a todos los pueblos del mundo, a condenar esta irracional arremetida de la administración Trump”, instó el mandatario cubano.

Zona de Paz

Países latinoamericanos con más bases militares norteamericanas. Ilustración Semanario VOZ

Otro vecino principal, Brasil, hizo pública su molestia. El asesor especial de Lula y excanciller del país suramericano, Celso Amorim, dijo que veía ‘con preocupación’ la movilización de tropas estadounidenses. “El principio de la no intervención es fundamental y ha sido históricamente uno de los pilares de la política exterior de Brasil”, puntualizó el excanciller.

A pesar del arco iris de matices de las voces de rechazo a la agresión norteamericana, incluyendo algunas que aseguran que Trump no está dispuesto a jugarse la carta de la intervención armada, y la movilización de tropas es una bravuconada para amedrentar a Venezuela, y de alguna manera a México, todas estas expresiones sí coinciden en señalar que la aventura guerrerista de Washington pone en peligro la Zona de Paz declarada en América Latina y el Caribe desde el año 2014.

La Declaración de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, aprobada en 2014 durante la Cumbre de la Celac en La Habana, refleja el compromiso regional, más allá de las diferencias políticas, de promover la resolución pacífica de conflictos y rechazar el uso o la amenaza de la fuerza.

Asimismo, establece la obligación de los Estados de respetar la no intervención, directa o indirecta, en los asuntos internos de otros países, y de cumplir con los principios de soberanía nacional, igualdad de derechos y autodeterminación de los pueblos. Estos compromisos reafirman el respeto al derecho internacional y a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.

Dura respuesta de Caracas

Pero la respuesta más dura a los planes de Washington, sin lugar a dudas, provino de las autoridades venezolanas, que se reafirman en el derecho a defender su soberanía nacional. El presidente Nicolás Maduro puso en estado de movilización general a todas las fuerzas militares y activó un “plan especial” para que cuatro millones y medio de milicianos cubran “todo el territorio nacional”. “Milicias preparadas, activadas y armadas”, anunció.

Asimismo, rechazó el despliegue de militares estadounidenses en el Caribe. “Ningún imperio va a venir a tocar suelo sagrado de Venezuela ni debería tocar suelo sagrado de Suramérica”, manifestó.

“Nuestros mares, nuestros cielos y nuestras tierras las defenderemos nosotros, las vigilamos y las patrullamos nosotros”, añadió.

Zarpazo terrorista

Maduro denunció el pasado viernes que Estados Unidos busca un cambio de gobierno en el país suramericano con la ejecución de planes terroristas. “Y los que amenazan con intentar un cambio de régimen en Venezuela (incurren) en una conducta que constituye un zarpazo terrorista militar, inmoral, criminal e ilegal”, puntualizó el mandatario en el acto de defensa de la soberanía, la paz de Venezuela, América Latina y el Caribe, celebrado en el salón elíptico de la Asamblea Nacional, en Caracas.

El mandatario exigió además respeto por la soberanía y la independencia de Venezuela. “Quien agrede a uno en América Latina, agrede a todos. Quien amenaza a uno, amenaza a todos los países. Es tiempo de valentía, de juntar el esfuerzo, de reunir la voluntad nacional, de poner a un lado diferencias menores o intestinas, es tiempo de que Venezuela hable con una sola voz, la voz de la verdad, de la patria, del derecho que tenemos a la paz, al desarrollo, a la armonía, y que se respete la autodeterminación de nuestro pueblo, nuestra soberanía y nuestra independencia”, manifestó.

Como es ampliamente conocido, Estados Unidos movilizó hacia las costas de Venezuela los buques de guerra USS San Antonio, USS Iwo Jima y USS Lauderdale que, se supone, para el fin de semana anterior ya se habían situado, amenazantes, frente a las costas del país bolivariano. Se confirmó que transportan a 4.500 efectivos, de alto entrenamiento, con experiencia en invasiones militares en Medio Oriente y otras regiones. Según la agencia Reuters.

Las bases militares

Milicia Nacional Bolivariana, en pie contra la agresión norteamericana. Foto Elena Rodríguez/Prensa Milicia Bolivariana

Analistas han alertado que semejante poder de amenaza, contra Venezuela y otros países de la región, sería reforzado por tropas en tierra de una maraña de bases militares norteamericanas en suelo latinoamericano. Cuentan en primer lugar, por su proximidad territorial, las que se ubican en territorio colombiano. Pero también otras, que tienden un cerco sobre Venezuela o amenazan a Cuba y México, entre otras naciones.

La convocatoria a un alistamiento general de fuerzas milicianas, ha sido la respuesta más dura del gobierno venezolano a las amenazas de intervención sobre su territorio.

“Extiendo una invitación a todos y todas a acudir a las plazas públicas y cuarteles militares en todo el país para participar en el proceso de alistamiento en defensa de nuestra soberanía, enviando así un mensaje claro y contundente al mundo: Venezuela está preparada para defender su paz y su independencia”, declaró, por su parte el canciller de ese país, Yván Gil Pinto.

Nunca más la bota extranjera

Entre tanto, el presidente Maduro declaró que la Gran Jornada de Alistamiento ha sido un éxito total como expresión de reorganización dinámica de todas las fuerzas populares, militares, policiales del sistema defensivo. “Nunca más la bota de imperio alguno mancillará este suelo”, dijo en forma categórica el mandatario.

Para algunos estrategas, la actividad militar de Estados Unidos en el Caribe Sur no busca en sí misma derrocar al gobierno bolivariano, pero sí debilitarlo y debilitar también a otros gobiernos de la región. Una manera de hacerlo podría ser intervenir en la zona del Esequibo para ‘defender’ a Guyana.

Otra forma sería lanzar alguna operación en la frontera entre Colombia y Venezuela, en la que se enfrenta una situación muy difícil con las denominadas ‘disidencias’ de las FARC a las que se acusa de recibir apoyo de los carteles mexicanos de la droga. El objetivo sería crear un incidente entre Bogotá y Caracas, amenazando a ambos gobiernos.

Nadie está seguro

En todo caso, el hecho en sí del despliegue de una flota estadounidense en el Caribe -puntualizan analistas-, representa un precedente muy peligroso, por ejemplo, para países como México, donde Estados Unidos dice querer realizar operaciones militares contra los carteles de la droga. En realidad, cualquier gobierno puede sentirse amenazado.

Además, la lógica de las movilizaciones militares de Estados Unidos en la región hay que buscarla en las empresas norteamericanas con intereses en varios países latinoamericanos, las que deberían cargar con buena parte de los costos de la aventura bélica. Se debería tomar en cuenta por ejemplo los intereses y contactos personales de fichas como el Secretario de Estado, Marco Rubio, y la mafia anticubana de Miami.

No sobra mencionar que el objetivo del gigantesco operativo militar no es combatir el narcotráfico. Si los Estados Unidos quisieran hacerlo, pondrían sus ojos en controlar Wall Street, especie de ‘paraíso fiscal’ donde se lavan los capitales de la droga, así como otros paraísos fiscales que operan en los propios Estados Unidos. Pero eso no lo hará ningún presidente, menos el señor Donald Trump, tan afecto al dinero.

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