Las guerras de Medellín (III): La “locamotora” del despojo

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Medellín es una ciudad de contrastes. Cerca de grandes obras urbanísticas hay cientos de viviendas de familias en pobreza o miseria. Foto Juan Carlos Hurtado Fonseca.

Según ONG a la capital antioqueña le faltan alrededor de 50 mil viviendas para cubrir la deuda que tiene con sus habitantes. La ciudad no tiene un enfoque en lo humano sino en lo estético, solo es desarrollo urbanístico

Medellín es una ciudad de contrastes. Cerca de grandes obras urbanísticas hay cientos de viviendas de familias en pobreza o miseria. Foto Juan Carlos Hurtado Fonseca.
Medellín es una ciudad de contrastes. Cerca de grandes obras urbanísticas hay cientos de viviendas de familias en pobreza o miseria. Foto Juan Carlos Hurtado Fonseca.

Juan Carlos Hurtado F.

La problemática de Medellín en cuanto a vivienda no solo es por déficit habitacional sino por la calidad de muchas de las existentes, pues medellinenses denuncian la falta de inversión estatal en la gestión del riesgo de la ladera.

Actualmente se presentan deslizamientos de tierra, casas en muy mal estado. Y al estar algunos barrios o casas en zonas declaradas de alto riesgo, tampoco hay algún tipo de inversión por parte del Estado.

“No hay mejoramiento de vivienda, no hay estudios de suelo, no hay canalización de aguas negras que filtran la montaña y que es lo que genera la desestabilización. Aparte de este panorama vemos que la construcción de vivienda nueva en Medellín se ha enfocado en edificios y vivienda en altura”, explica Claudia Serna de la Corporación Jurídica Libertad.

Estas construcciones son hechas por el Instituto Social de Vivienda y Hábitat de Medellín, entidad que también concesiona algunas obras. Son alrededor de 70 mil personas que han sido sacadas de sus viviendas por la construcción de proyectos como el Parque Bicentenario, que pertenece a un proyecto más grande llamado el Parque Lineal de la Quebrada de Santa Elena, dentro del cual también está el Tranvía de Ayacucho.

En el sector conocido como “Pajarito”, en el corregimiento de San Cristóbal, alejado del centro de la ciudad, se construyeron viviendas para miles de personas desplazadas por obras de infraestructura. Es un área con alrededor de 18 grandes urbanizaciones.

Poco a poco y sin la planeación adecuada se ha ido sacando a los habitantes en un proceso de relocalización. “Nosotros lo llamamos desplazamiento por el desarrollo. En este sector hay muchas dificultades, una de ellas es que la Alcaldía no ha tenido un criterio para asentar a las personas, muchas personas llegaron allí y se encontraron a sus victimarios; por ejemplo, se encontraron con integrantes de combos que los habían desplazado de otros barrios. La Personería de Medellín mediante un derecho de petición que nosotros hicimos nos dijo que en el año 2011 había alrededor de 40 personas desplazadas y en el 2012 alrededor de 300, o sea, en dos años alrededor de 350 familias han tenido que salir desplazadas de esta ciudadela”, comenta Claudia Serna.

Los conflictos que se originaron en otros barrios se trasladaron a la ciudadela y han surgido nuevas confrontaciones. Algunos cuentan que para llevar a las niñas a estudiar es un problema, porque hay casos de violación de menores.

Pero a pesar de que los obligan a salir de los sitios donde por años vivieron y construyeron sus hogares, les entregan apartamentos fabricados con materiales de mala calidad. Claudia Serna explica, “Sabemos que son materiales de baja durabilidad o que el Estado aminora costos con materiales malos o insuficientes. La calidad de una de las torres construidas en una de las urbanizaciones llamada La Herradura y sus condiciones de habitabilidad son muy malas: hay humedad, los alcantarillados se rebosan, fisuras, goteras, los edificios se están hundiendo, por ahorrarse el dinero del anticorrosivo hay pasamanos rotos. Son apartamentos desechables que solo aseguran que la gente se vaya de los sitios para hacer la inversión. Además, les dan subsidio solo una vez en la vida; si ese edificio se derrumba, pues no tiene derecho a otro”.

Bóvedas o palomeras

Los apartamentos cuentan con un área de 42 metros cuadrados y son muy bajitos, por lo que la gente les dice palomeras o bóvedas. El hacinamiento es muy alto. Muchos ya no están cerca de sus centros de trabajo y se perdieron unidades productivas. Ahora la mayoría debe desplazarse una hora y media a su trabajo. En la ciudadela la situación de pobreza es mayúscula. Hay una segregación socio-espacial donde se trata de llevar la pobreza a la periferia.

“No es lo mismo vivir en una casa que pasar a un apartamento de esos. Ya no tienen una vivienda como antes donde podían echar un segundo y tercer piso en la medida que se crecía la familia, garantizando vivienda a sus hijos”, comenta Claudia.

“Son muchas las cosas por las que criticamos ese desarrollo avasallador. Es la “locamotora” del despojo en la ciudad. Aparentemente puede verse una ciudad más organizada, más planificada, pero ha generado impactos graves en la planeación. No es un enfoque en lo humano sino en lo estético, es un desarrollo urbanístico, no más. La ciudad tiene mucho dinero, pero no se invierte en la gente sino en obras en beneficio del capital privado que las construye. Es una ciudad para el mercado”, concluye Claudia Serna con preocupación sobre el futuro de Medellín.