La lucha de Yolima por el derecho al trabajo

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Yolima Mosquera Godoy, fiel exponente del rebusque. Foto Nelosi

Nelson Lombana Silva

El índice de desempleo en la ciudad de Ibagué (Tolima), es altísimo, según las mismas estadísticas del régimen capitalista, las cuales generalmente son maquilladas para tratar tapar la dura realidad. Es decir, si se publicaran las reales, las cifras serían realmente dramáticas.

Por eso el trabajo informal se ha disparado en esta ciudad intermedia sin que las autoridades tengan propuestas claras para solucionar el tema del desempleo. Por el contrario: se acude a la represión más brutal y constante. Se mira al pequeño vendedor o comerciante como antisocial y en vez de aparecer una solución social, siempre aparece es una solución militar y policial.

A diario se ven cuadros dantescos de la policía Esmad persiguiendo a los pequeños vendedores por las distintas calles de la ciudad sin contemplación de ninguna naturaleza. Les roban sus productos, se los queman o sencillamente los deterioran. Es un pecado luchar por el derecho al trabajo bajo este régimen capitalista y en Ibagué (Tolima).

Lo curioso es que en vez del pueblo organizarse para acabar con este flagelo, preocuparse por desenmascarar a los responsables y castigarlos ejemplarmente, generalmente sucede todo al revés. El pueblo vota en elecciones por esos malvados y, como si fuera poco, ahonda la división en su interior. El pueblo se vuelve agresivo con el pueblo. ¡Qué paradoja!

Yolima Mosquera Godoy, fiel exponente del rebusque. Foto Nelosi
Yolima Mosquera Godoy, fiel exponente del rebusque. Foto Nelosi

Algo parecido sucede en el barrio Gaitán de la ciudad musical de Colombia. Yolanda Mosquera Godoy hace año y medio montó un pequeño negocio donde vende comestibles, útiles de aseo y licor. La gente se reúne allí de vez en cuando a tomarse una cervecita y escuchar un poco de música.

Esto al parecer tiene desesperado a don Alberto León Ensuncho, un vecino que en su mocedad fue al parecer tomador y músico, pero que ahora, “convertido” al cristianismo, detesta el licor, detesta la música y el bullicio de una generación en crecimiento.

Ha hecho lo posible e imposible porque el negocio sea cerrado, alegando que el lugar es residencial y que interrumpe la tranquilidad de la comunidad. No admite y se va lanza en ristre en cuanta oportunidad se le presenta. Es más: afirma sin ambages que no dará la mano a torcer y ya el inspector del barrio, Ricardo Enrique Cárdenas Cardona Portela, tiene a este negocio en la mira.

El café tertuliadero “Donde Kiki”, ubicado en la calle 37 A Nº 10-44 del barrio Gaitán, podría ser cerrado en cualquier momento. Este pequeño negocio es la fuente de trabajo de doña Yolanda Mosquera Godoy, de donde consigue para la alimentación, cancelar el arriendo y dar educación a sus hijos. Eso al parecer no lo entiende el vecino, don Alberto León, mucho menos el inspector de policía.

Dialogamos con las dos partes y escuchamos sus argumentos. Inicialmente, don Alberto León Ensuncho señala:

“El problema es muy sencillo: Hace un año nosotros estamos luchando con una situación. Esta es una cuadra que siempre tuvo tranquilidad. Aquí todo el mundo se acuesta a las nueve, diez de la noche, dormía tranquilo, no había problemas, no había bonches”.

“Hace más o menos un año, aquí en la mitad de la cuadra que queda en una esquina, porque la cuadra está dividida en dos, montaron ahí una tienda. El problema es que la tienda se nos convirtió en cantina. ¿Por qué en cantina? Porque ya simple y llanamente ya no se vende sino licor. Los fines de semana el equipo de sonido es prendido desde las nueve de la mañana y son las diez de la noche y ese ruido ahí: todo un sábado, todo un domingo”.

“El gran problema radica en que la señora no quiere montar su negocio dentro del establecimiento, sino que las personas que vienen a tomar licor quieren hacerlo fuera del establecimiento, invadiendo el andén, llegando carros a todo volumen y escándalos. En una ocasión se le selló el negocio porque cogió mi predio a piedra, porque he estado en la tarea de una manera legal, acudiendo a las autoridades competentes para que hagan algo con el establecimiento. Por eso me cogieron la casa a piedra”.

“En otra ocasión, vendiendo licor hasta tarde, llegó la policía y tuvieron que cerrarle porque no respeta el horario. Simple y sencillamente la tranquilidad se fue de la cuadra. Yo estoy al frente de esa situación: Recogí firmas de 26 predios, 40 firmas, me autorizaron, me dieron el aval para que solucione el problema de ese establecimiento. He estado en espacio público, en la alcaldía, la secretaría de Gobierno, en la inspección, en la policía, acudiendo a todos los recursos legales que existen para que este problema se subsane”.

“Tenemos un problema: La ciudad se está llenando de establecimientos, de venta de licor en los barrios. La tranquilidad en los barrios se está acabando; los jóvenes están llegando a esos establecimientos a convertirse en alcohólicos”.

“Ahora, esta señora, y es lo que me parece más duro y es para que la gente reflexione, esta señora tenía un internet, que fueron unos computadores que le regalaron a la hija para que ella estudiara una carrera. Esta señora vendió esos computadores para montar este establecimiento de venta de licor. Ella tiene ahí un niño de diez años. Esa casa mantiene llena de borrachos los fines de semana con un niño de diez u once años. El marido es un marido alcohólico que se está volviendo más alcohólico ahí, porque todos los fines de semana tiene él por qué tomar licor ahí”.

“O sea, no solamente le está haciendo daño a la comunidad y a los jóvenes, sino que también se está tirando su familia. Son cosas que uno se pone a ver y dice: ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué está pasando con las autoridades? ¿Qué pasa con los controles? O sea, ya los barrios definitivamente se tienen que convertir en zonas rosas, en zonas comerciales. No se le ha dicho que no monte un negocio. Monte cualquier otro negocio. Pero, ¿por qué tiene que ser borrachos en la esquina haciendo escándalos y armando problemas”.

“Esa es simplemente mi inquietud y la inquietud de la comunidad”.

Ahora, la versión de la señora Yolima Mosquera Godoy la expresa en la siguiente entrevista concedida a la página web www.pacocol.org:

—¿Por qué el inspector de Policía del Barrio Gaitán viene amenazando que le va a cerrar su negocio?

—Tengo este negocio hace año y medio y por tenerlo me eché de enemigo a un vecino que es el que realmente quiere que este negocio se acabe, porque según su parecer este negocio acabó con la tranquilidad de la cuadra.

Hemos hablado con el señor, lo hemos citado a la inspección y él dice que contra mí no tiene nada sino contra mi negocio. Le he dicho: solamente en este local no se vende licor, se venden víveres, productos de aseo y comestibles.

El decir de él es que este negocio se acaba porque se acaba. Entonces, me han hecho los requerimientos de unos papeles, documentos que sé que la mayoría de negocios que hay en el barrio Gaitán no lo tienen, que es el derecho al uso del suelo.

Yo lo solicité porque me lo pidieron y no salió compatible. El decir ahorita es que, como no salió compatible, mi negocio tiene que ser acabado. Yo con este negocio subsisto, le doy de comer a mis hijos y el estudio de ellos.

¿Qué me proponen? Que le cambie la razón social y que lo ponga como una tienda. Sé que al ponerlo como una tienda, el mismo señor se va a dar cuenta que yo voy a seguir vendiendo licor y va a persistir el problema. No quiero que pase eso.

¿Qué puedo decir? Que si hay una ley debe ser para todo el mundo, no solamente para mí. Si a mí me están pidiendo un papel, pues que también lo pidan a todos los negocios de Ibagué o a todos los negocios del barrio Gaitán.

Sé que no se lo van a dar porque supuestamente en esta zona residencial no son compatibles para poder vender licor.

—¿En este negocio se han presentado escándalos públicos, peleas, riñas, etc.?

—No. ¿Qué te puedo decir? En este negocio no se han presentado ni riñas, ni peleas. ¿Qué hace el señor Alberto León Ensuncho? Él incita a la gente que está en mi negocio echando la policía con argumentos falsos, de que aquí hay un escándalo, que aquí hay carros con alto volumen, que tienen invadido su andén, que tienen de “orinadero” las esquinas, siendo todo eso mentira.

¿Qué hace la gente al ver que la policía llega? La gente se inquieta y empieza a chocar contra ese señor diciéndole palabras soeces. ¿Con qué objetivo hace ese señor eso? Con el objetivo de perjudicar mi negocio, mi nombre y mi familia.

—Los demás miembros de la comunidad de la cuadra, ¿qué dicen acerca de este negocio?

—¿Qué dice acerca del negocio? A mí negocio lo apoya y me apoya a mí. ¿Qué dice la gente? Que ese señor es demasiado cansón y que tiene una persecución contra mí.

—¿Quién es ese señor?

—Pues realmente lo único que sé de ese señor es que antes era un “borrachoso” que tocaba un acordeón en unas parrandas vallenatas y que supuestamente ahorita se volvió cristiano y que él no quiere que en su cuadra, ni en su entorno, le perturben su tranquilidad.

—¿Qué piensa hacer?

—Realmente ya he acudido a todas las instancias posibles porque he mandado derechos de petición al comando de la estación de Policía Metropolitana. Me han contestado que ellos son un ente que vienen a mirar qué pasa, pero en sí a ellos no les compete eso.

—¿Cree que se le pretende vulnerar su derecho al trabajo?

—Claro. Estoy perjudicada porque de todas maneras si las cosas no llegan a salir como uno quiere y si de pronto sigo con la persecución de ese señor y ese señor sigue en contra mía, pues a la hora del té él va a lograr lo que está buscando: Hacerme cerrar el negocio.

—¿Se ha pasado los horarios establecidos, mucho volumen del equipo?

—No. El señor en sí quiere que esto se acabe, porque él fue tan capaz de hacerme ir a la inspección de arriba del medio ambiente y ecológico, que porque supuestamente yo le subía mucho el volumen al equipo. ¡Cómo es la vida! Muchas veces ha venido la policía y ni siquiera ha encontrado el equipo prendido. Él se incomoda de la bulla que sale de mi casa, porque la bulla que sale del vecindario no le incomoda.

—¿Este es el único negocio en su género en el entorno, en la cuadra?

—Hay hartísimos. Aquí en el barrio Gaitán hay por lo menos 200 negocios y de los 200 negocios, aproximadamente 20 no venden licor ni hacen bulla. Quizás el único que no hace bulla es el mío porque tengo ese enemigo encima. Realmente no sé qué hacer más para que ese vecino cambie de parecer. De todas maneras, recoger el negocio cuando es el sustento de mis hijos y el mío. Además, pago un arriendo, esta casa no es mía.

Sé que tengo que cumplir con unos compromisos que uno adquiere.

—El propietario de la casa, ¿qué dice?

—El dueño de la casa es enemigo de ese señor. El señor que me hace la guerra a mí odia al dueño de la casa, con el dueño de la casa ha tenido enfrentamientos.

—¿Es una especie de retaliación en donde la perjudicada es usted?

—Cierto. La gran perjudicada soy yo. Ese señor me dijo: Monte su negocio, pero no quiero ver a nadie sentado. Yo le digo: ¿Cómo le voy a decir a una persona que venga y no se siente en mi negocio cuando el negocio es mío? Es más: en su acera de él nadie se sienta, nadie se orina, todo lo encuentran dentro del negocio.