La juventud colombiana le declara la paz a la guerra

0
642
Plenaria de la Brigada Internacional Juvenil por la Paz de Colombia.

Brigada Internacional por la Paz

Redacción Juvenil

El Mango es uno de esos corregimientos que por caprichos de la geografía y terquedad de sus primeros habitantes está incrustado en el piedemonte de la cordillera occidental colombiana.

De El Mango poco sabe el resto del país, sólo que “la comunidad desalojó a la policía”, sólo que hubo confrontación entre el ejército y la insurgencia; el resto del país no sabe por ejemplo, que en el casco urbano de El Mango es difícil conseguir un mango, puesto que allí sólo hay un palo que da cosecha “por allá cada cuatro años” aseguran sus pobladores; el resto del país no sabe que en el colegio de El Mango faltan catorce profesores por ser nombrados, pero que en cambio de eso llegan ciento setenta y cinco policías más, como una fiel réplica de la realidad absurda de nuestro país, dónde se prefiere invertir en la guerra antes que garantizarle educación a niños y jóvenes.

El quince de agosto de 2015 ingresaron al pueblo desde la madrugada, chivas cargadas de jóvenes de diferentes partes del país y del mundo; que llegamos con los ojos llenos de curiosidad a conocer ese misterioso lugar del que un mes antes habían tenido noticia por el “desalojo” del que había sido víctima la policía a manos de los pobladores. Lo que por fortuna no nos habían contado en los “noticieros” (y decimos por fortuna, porque para entenderlo hay que vivirlo) era que en El Mango se juega fútbol, que la gente en su mayoría de origen campesino, es amable y dulce -como un mango maduro- pero que han tenido una suerte amarga.

Conociendo el terreno

Cuando nos decidimos a realizar la II Brigada Internacional Juvenil por la Paz de Colombia, por esos azares de la vida o mejor esos azares de la paz, nos encontramos con los pobladores de El Mango, que recientemente habían sido noticia por su valiente decisión de sacar a la policía de su corregimiento para evitar una inminente confrontación entre la fuerza pública y la insurgencia en la que una vez más serian ellos, campesinos, niños, mujeres, jóvenes y ancianos los que terminarían muertos, desplazados, heridos, con sus casas agujereadas por las balas. Ellos los valientes urgían por una muestra de solidaridad, de visibilización de su situación.

Fue entonces cuando diferentes organizaciones juveniles, campesinas y defensoras de derechos humanos, nacionales e internacionales decidimos ir hasta esa región por la paz -a muchos les sonaba a que íbamos para lejos y sí, es que El Mango queda lejos o que lo digan los catatumberos, los costeños o los delegados internacionales que viajaron durante un par de días para cumplir esa cita con la solidaridad y con la paz de nuestro país-.

Para realizar la brigada primero necesitábamos “conocer el terreno”, establecer dónde hospedar a la gente, adecuar baños, los escenarios para la discusión, la recreación y la alimentación de los asistentes y esas cosas que son determinantes; fue estando en esas, un domingo de julio en la mañana que de pronto nos vimos en la mitad de un combate entre la policía y la insurgencia, corrimos a las casas de los pobladores, quienes en medio de la rabia y el miedo, solidarios nos resguardaron de las balas, sin poner otro escudo que su dignidad… habíamos visto de frente la cara de la guerra, habíamos conocido el terreno.

Un mes después todo estaba dispuesto, los baños, la alimentación a cargo de las mujeres de la comunidad (a quienes de paso queremos agradecer por alimentarnos con cariño y esfuerzo durante los días; algunos regresamos con kilos de más.) las chivas para ingresar desde Balboa -hermoso balcón del Patía- la correría que se desarrollaba tenía por ratos sus epicentros entre El Mango, Popayán y Bogotá; de pronto los medios de comunicación que gustan deformar la realidad del país nos preguntaban que si estábamos a favor de que el “Estado no hiciera presencia en El Mango”, nos causó risa, porque hace mucho rato que la presencia del Estado allí y en la mayoría del campo colombiano, solo se limita a desembarcar policías y militares para que cuiden los intereses de empresas extranjeras, como si el estado estuviera presente en el puesto de salud que no funciona o en los profesores que no han nombrado para el colegio.

La llegada

Al entrar El Mango uno se encuentra con casas agujereadas por las balas, abandonadas por el miedo, en ruinas por los efectos de la guerra, y entre las ruinas, los niños, jugando con su singular inocencia y su infinita alegría, mirándonos curiosos, con esa mirada de esperanza que la guerra aún no les arrebata. Nos llenaron de preguntas, nos contaron sus historias, la historia de cuando la policía hizo encerrar a la tía de uno por diversión, la historia de cuando una bala le perforó el cuerpo a Luisa, quien orgullosa y digna nos enseña su herida, ella que con solo once años ya es una sobreviviente de la esperanza; nos cuentan sus historias con una naturalidad asombrosa y preocupante; ante nuestros ojos inundados por las lágrimas se alzan de nuevo esos ojos penetrantes y llenos de calma de los niños, que en medio de la guerra nos demuestran una madurez y una conciencia plena de la situación que nos hace avergonzar.

Bienvenidos El Mango nos dicen don Dago y don Henry en nombre de la comunidad, nos sentimos ya en confianza y por tres días discutimos, bailamos, reímos y lloramos como si estuviéramos en casa, demostrándole al mundo que para la solidaridad no hay acento ni nacionalidad; que podemos sentir como propios el dolor de quienes tuvieron que abandonar sus casas, y que deseamos que vuelvan; que tenemos en común el profundo deseo y la fuerte convicción de ganarle el pulso a esta guerra, y dicho sea de paso estamos convencidos de ser la generación de la paz.

El desarrollo de la agenda

Con el objetivo de posicionar la lucha juvenil por la paz democrática en Colombia, los jóvenes asistentes a la II Brigada Internacional Juvenil por la Paz de Colombia realizamos tres espacios centrales que aportarán a la discusión y construcción colectiva de la paz; el primer escenario fue el panel de contextualización del conflicto político, social y armado que hemos padecido durante más de medio siglo los colombianos, y un análisis del desarrollo del actual proceso de paz entre la insurgencia de las FARC-EP y el gobierno nacional. En este panel ubicamos la necesidad de fortalecer la movilización de la sociedad colombiana a favor de la paz, además de la urgencia de posicionar la exigencia de un cese bilateral del fuego dentro de la imperiosa necesidad de acciones que permitan un desescalamiento del conflicto.

El segundo escenario fue la realización del tribunal juvenil por la memoria y la paz de Colombia, que contó con la veeduría de los delegados internacionales; en este tribunal las diferentes regiones y organizaciones participantes de la brigada denunciaron la violación sistemática a los DD.HH. y al DIH de que son víctimas campesinos, comunidades étnicas, estudiantes, organizaciones de mujeres, organizaciones sociales y políticas en Colombia.

El tribunal evidenció que el ciclo generalizado de violencia se encuentra sustentado en un tipo de modelo de sociedad con amplia concentración de la tierra, la marginalidad de la mayoría de la población, con una economía financiarizada, y en el mantenimiento violento del poder por parte de una elite política. El tribunal estableció la responsabilidad del Estado y sus instituciones que por acción, como realizadores y determinadores y omisión en la persecución, investigación y sanción penal; han generado estos graves hechos contra la población y que han auspiciado y coadyuvado en la consolidación del paramilitarismo.

El tercer escenario de discusión y construcción de propuestas fue el de las mesas, que funcionaron a manera de comisiones y lograron establecer una serie de propuestas que dieron vida al Llamamiento de unidad juvenil por la paz de Colombia que en cinco puntos expresa la decisión de la juventud colombiana de declararle la paz a la guerra.

1. Construir un gran pacto juvenil por la paz y la reconciliación que firmen los diferentes sectores juveniles, delegaciones negociadoras del Gobierno y las insurgencias y la sociedad en su conjunto, donde nos comprometamos con avanzar en la solución política al conflicto.

2. Desarrollar una campaña permanente nacional e internacional por el cese al fuego bilateral y contra el militarismo, que garantice la tranquilidad, la vida y la alegría en los territorios históricamente afectados por la cruenta confrontación armada.

3. Levantar las banderas por la defensa del pensamiento crítico, en contra de la criminalización y judicialización de la protesta social y por la libertad de las y los prisioneros políticos. ¡Por Hubert, David, los compañeros del Congreso de los Pueblos y Marcha Patriótica: Gritamos Libertad!

4. Impulsar la movilización juvenil diversa y creativa por la paz, los derechos juveniles y la Asamblea Nacional Constituyente desde todos los rincones de nuestra patria.

5. Acompañar, visibilizar y potenciar las luchas por la dignidad, la vida y el territorio de la comunidad de Argelia-Cauca y del campo colombiano en general.

Estamos convencidos de ser la generación de la paz democrática, con la alegría, la creatividad y la combatividad que nos caracteriza, la juventud colombiana grita presente en esta construcción de todas y todos.

La brigada culminó con un llamado urgente para conseguir la paz democrática en Colombia; la historia de El Mango es la historia de un país que quiere vencer la guerra, de un país que pelea del lado de la dignidad y que ve con esperanza el futuro.

Volveremos cada día y cada noche que una comunidad en cualquier parte del país se levante para defender sus derechos, regresaremos a El Mago cada vez que las risas de los niños apaguen el ruido estruendoso de las balas, volveremos en cada acción de conquista de la paz que haga el pueblo colombiano. ¡Hasta El Mango por la paz!