viernes, abril 4, 2025
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La hegemonía informativa, herida de muerte

La campaña de ataques contra RTVC solo evidencia la desesperación de la clase dominante y sus medios de desinformación, que están perdiendo el control del relato de país

Federico García Naranjo
@garcianaranjo

Desde hace varias semanas se han intensificado los ataques de sectores de la oposición contra el sistema de medios públicos y su gerente Hollman Morris. Las críticas de los últimos días han sido esgrimidas simultáneamente por voceros de la oposición política convertidos en saboteadores de tiempo completo, periodistas de medios corporativos de comunicación convertidos en agitadores y desinformadores profesionales e incluso ensayistas en declive, convertidos ─sorprendentemente y a golpe de titular─ en “la intelectualidad crítica” del país.

Los señalamientos se han referido sobre todo a la transmisión en vivo de las movilizaciones del pasado 18 de marzo, cuando el pueblo salió a las calles en defensa de las reformas sociales, las transmisiones en vivo de las sesiones del juicio a Álvaro Uribe donde está quedando cada vez más clara la culpabilidad del expresidente, y la transmisión de una nota sobre el fundador de las Farc Manuel Marulanda Vélez donde no se dijo que el guerrillero era un asqueroso terrorista. Mientras tanto, se lanzan acusaciones de maltrato laboral, censura y “antipluralismo” contra Hollman Morris.

La estrategia

Detrás de esta intensificación de la campaña mediática y de opinión contra el sistema de medios públicos está un heterogéneo grupo de actores que trabajan coordinadamente. Primero, líderes de opinión, políticos influyentes y gente poderosa se ponen de acuerdo para imponer una narrativa, por ejemplo, “RTVC es malo”. Segundo, unas figuras de la oposición política salen a los medios a denunciar, protestar o señalar alguna irregularidad (verdadera o inventada, da igual) en la entidad, presentándola como el peor escándalo de la historia.

Mientras tanto, los políticos reproducen estos mensajes en sus redes sociales y son reproducidos millones de veces por granjas de bots, es decir, cuentas falsas, que logran crear trends, tendencias, dando la sensación de que todo el mundo está hablando de eso, lo que a su vez legitima la cobertura mediática.

Finalmente, cuando el funcionario o los activistas salen a corregir la desinformación y defender a la entidad, en este caso es RTVC pero podría ser cualquier otra, el quejoso de turno se victimiza y dice que el Gobierno y las “bodegas petristas” le están coartando su libertad de expresión.

La cereza del pastel es el comunicado, siempre selectivo, de la Fundación para la Libertad de Prensa, Flip. En él respalda completamente la posición del periodista del medio corporativo, lo considera un perseguido y llama al Gobierno a permitir el pluralismo informativo. No falla, siempre es así. Por eso hay que preguntarse por el origen y la financiación de esa organización.

Fue fundada en 1996 por un grupo de periodistas pertenecientes a los círculos más exclusivos de la élite bogotana, quienes le imprimieron un inocultable sesgo de clase, y es financiada parcialmente por la Fundación Open Society, dirigida por George Soros, magnate y filántropo estadounidense, quien lejos de ser el monstruo comunista que pinta la ultraderecha, es un ferviente promotor del neoliberalismo y de la hegemonía de Occidente.

Hacia un real pluralismo informativo

Desde los años 90, la televisión en Colombia pasó de un modelo de concesión de espacios a muchos programadores privados en los dos canales públicos (Canal 1 y Canal A), a un modelo de concesión total de los canales a solo dos operadores privados. Por eso, pasamos de ver programas de RTI, Do Re Creativa TV, Coestrellas o Programar TV, a ver solo Caracol y RCN.

En ese panorama de privatización de la televisión (y de la información) el canal público, la Cadena 3 o como se llamó desde entonces, Señal Colombia, quedó relegada al triste papel de promotor del folclor y poco más, un canal que nadie veía y que irónicamente usaba el lema “el canal de interés público”.

El Gobierno del cambio, por el contrario, ha convertido el sistema de medios públicos en una robusta herramienta de comunicaciones que, ahora sí, está transmitiendo la versión del país que siempre fue silenciada, el país popular y auténtico, no el de los bailes folclóricos para turistas. Por ello, ahora sí es un canal de interés público. Y esa afirmación no es ideológica, las cifras lo demuestran.

Los programas como las transmisiones de las marchas, el juicio a Uribe o los consejos de ministros tienen una audiencia que supera a la de los canales privados, es decir, la gente quiere verlos y el sistema de medios públicos los ofrece. RTVC hace contenidos que venden.

En un escenario mediático donde cuatro conglomerados controlan el 90% de la audiencia y la pauta, la presencia de los medios públicos es una alternativa en la que cada vez más colombianos confían. El discurso uniforme de los medios corporativos que presenta una sola versión de los hechos y se empeña en convencer de que todo en Colombia está mal por culpa de Petro, se debilita con la presencia de los medios públicos.

Lo risible de todo esto es que organizaciones como la Flip denuncian que los medios públicos afectan el pluralismo informativo, cuando es justamente lo contrario. Los contenidos que ofrecen los medios públicos, diferentes a los de los medios corporativos, ayudan a construir el pluralismo informativo. Un panorama donde solo hay una versión, se enriquece con la presencia de otras.

Lo más interesante es que cada vez más personas se están dando cuenta de esta incoherencia, lo que se expresa en una creciente pérdida de credibilidad en las encuestas de opinión de los medios corporativos mientras aumenta la de los medios públicos.

Demos el debate

Una de las peticiones que la Flip hizo al presidente Petro y al director Hollman Morris fue que permitieran que se abriera el debate sobre, entre otras cosas, las condiciones laborales en RTVC. Es una invitación interesante porque, herida de muerte la hegemonía informativa en Colombia, ya se pueden abrir ese y todos los debates que aluden a la libertad de expresión, el pluralismo informativo y, por supuesto, el derecho de los ciudadanos a la información veraz.

Por eso fue tan pertinente el trino del presidente Petro: “Yo sí creo que la Flip nos ayudaría muchísimo, en términos de libertad de prensa, si se publicara un cuadro de los salarios promedios de las y los reporteros, la sindicalización y la estabilidad laboral de los periodistas, por cada medio de comunicación en Colombia, público o privado. Estos indicadores nos mostrarían si en verdad hay libertad de expresión y prensa en Colombia o no”.

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