“La caída del muro resolvería los problemas del mundo”

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Una historia mal contada, contra la juventud

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Harold Olave*

Ya cayó el telón de acero y derribamos el muro de Berlín
y ahora todos juntos como hermanos vamos de la mano a comer a un Burger King
y si Lenin levantara la cabeza ¡que habéis hecho! darle un Burger con queso,
el imperialismo americano ha entrado en Rusia, en Polonia y en Berlín.
Boikot

El 9 de noviembre de 1989, quedaría marcado en el calendario de la humanidad como la gran borrachera de una juventud que, extasiada en la quimera de la propaganda capitalista, se lanzaba a derribar el muro de Berlín y alcanzar “el sueño de una sociedad de abundancia, progreso y libertad”.

El muro de Berlín, más allá del hormigón, el acero y de las garitas de vigilancia que dividían una ciudad y a un país, era el símbolo de una época de confrontación entre dos visiones de sociedad: la socialista y la capitalista.

Compartamos o no el levantamiento del muro, lo cierto es que después de la Segunda Guerra Mundial, EEUU se consolida como primera potencia imperialista mundial, e inmediatamente lanza en Europa tres estrategias para la contención del comunismo: la doctrina Truman, la cual planteaba “la política de los Estados Unidos debe ser la de asistir a los pueblos libres que luchan contra las tentativas de dominación por obra de minorías armadas”, refiriéndose a las luchas que libraban los comunistas en Grecia y Turquía.

En el mes de julio del mismo año lanza el Plan Marshall, que bajo la mascarada de la ayuda a la reconstrucción a la Europa de la posguerra, hizo de ese continente el primer escenario de confrontación al comunismo, constituyendo un bloque de contención destinando millonarias inversiones especialmente en la Alemania ocupada por ellos, convirtiendo a Berlín en el teatro de despliegue de fuerza militar y presión diplomática.

Finalmente el 4 de abril de 1949 conforma la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), tratado guerrerista de protección y cooperación bélica, política y económica al servicio de las potencias imperialistas. Todas estas estrategias se enmarcaron en su política de equilibrio del terror, que consistía en llevar a la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) a una situación de confrontación bélica; lo que posteriormente se denominaría como guerra fría.

Para el 13 de agosto de 1961, la guerra fría ya estaba en su punto más álgido y Alemania amanece dividida por un muro, que oficializaba lo irreconciliable de los dos sistemas, y por tres décadas existirían dos Alemanias: la RDA (República Democrática Alemana) y la RFA (República Federal Alemana).

Hoy, 25 años después de la caída del muro, los jóvenes de entonces ya no son los mismos y en la resaca que les ha dejado la euforia del espejismo consumista, se encuentran con promesas no cumplidas por un sistema capitalista sumido en una profunda crisis, y un imperio agónico que fabrica guerras y levanta nuevos muros, cercando a países y pueblos como son las alambradas establecidas por España en Ceuta y Melilla, o el muro de Cisjordania que ha levantado Israel en tierra palestina y que es 15 veces más largo que el muro de Berlín, o el muro que construyera EEUU en la frontera con México y que está manchado con la sangre de miles de latinos que han caído tratando de alcanzar el sueño americano.

Igualmente está el muro de Marruecos que tiene una extensión 60 veces mayor que el muro de Berlín. Todos estos muros son sinónimo de barbarie, sometimiento, saqueo y explotación, de los cuales nadie habla.

A pesar de repetirnos hasta el cansancio que con la caída del Muro de Berlín se alcanzó la libertad, la barbarie capitalista que ha sumido a miles de millones de seres humanos en la pobreza pone de presente a los pueblos del mundo que otra es la realidad y que es necesario construir una nueva sociedad justa y conquistar la verdadera liberación del ser humano.

* Dirigente de la Juventud Comunista década del 90.