Esta enfermedad no debería ser una sentencia de muerte, pero en un sistema de salud fragmentado y misógino, lo sigue siendo. La reforma a la salud plantea soluciones, aunque su éxito dependerá de que llegue a las históricamente ignoradas: las rurales, las pobres y las invisibles
Anna Margoliner
@marxoliner
Parte de la autonomía que las mujeres deben tener sobre sus cuerpos consiste en el conocimiento de ellos, de las enfermedades que pueden llegar a sufrir y cómo prevenir estos escenarios. Sin embargo, la precariedad en el sistema de salud basado en los intereses privados y, por supuesto, misóginos, impide que así sea.
Por esta razón, en muchas ocasiones las mujeres desconocen síntomas que pueden estar señalando enfermedades o condiciones graves para sí mismas. El Estado debe garantizar a través del sistema de salud que esto no ocurra, mediante la prevención y la estimulación para que, incluso superando las barreras culturales, las mujeres puedan tener condiciones dignas de salud.
Sobre el Cáncer de Cuello Uterino
El 26 de marzo se estableció como el Día Mundial de la Prevención del Cáncer de Cuello Uterino porque se conmemora el nacimiento del doctor Georgios Papanicolaou (1883–1962), el médico griego pionero en la creación de la prueba de Papanicolaou o citología vaginal, el examen que revolucionó la detección temprana de este cáncer y ha salvado millones de vidas, a través del cual se logra identificar a las células anormales antes que se conviertan en cáncer.
Esta enfermedad es una de las principales causas de muerte por cáncer en mujeres colombianas, con cerca de 4.000 nuevos casos diagnosticados cada año. Según el Ministerio de Salud, “En Colombia, el cáncer de cuello uterino es la primera causa de muerte por cáncer entre mujeres de 30 a 59 años. A diferencia de otros cánceres, este cuenta con un agente causal en la mayoría de los casos: el virus del papiloma humano (VPH).
»La mortalidad por cáncer de cuello uterino está asociada a condiciones socioeconómicas desfavorables, encontrándose un mayor riesgo de mortalidad en regiones rurales dispersas, con bajo acceso a los servicios de salud y en grupos de menor nivel educativo”.
Sin embargo, esta enfermedad es prevenible y tratable si se detecta a tiempo. Por eso, el Proyecto de Ley 339 de 2023, es decir, la Reforma a la Salud incluye estrategias clave para fortalecer la prevención, el diagnóstico temprano y el tratamiento del Virus del Papiloma Humano (VPH) y el cáncer cervical.
Un escudo contra el VPH
Uno de los pilares de la reforma es la expansión de la vacunación contra el VPH, que ya es gratuita para niñas entre 9 y 17 años en Colombia. Sin embargo, el nuevo proyecto busca incluir a niños y adolescentes varones, reconociendo que la inmunización universal reduce la circulación del virus en la población. Además, se propone extender la vacuna a mujeres hasta los 45 años en grupos de riesgo, como aquellas con VIH o inmunosupresión, una medida que podría salvar miles de vidas.
Para garantizar una mayor cobertura, el Gobierno planea intensificar campañas educativas en colegios y zonas rurales, donde el acceso a la salud es limitado. La meta es clara: lograr que más colombianos estén protegidos contra los tipos de VPH que causan el 70% de los casos de cáncer de cuello uterino.
Llegar antes que sea tarde
El diagnóstico oportuno es fundamental para evitar que las infecciones por VPH progresen a cáncer. Por eso, la reforma promueve el acceso gratuito a pruebas de tamizaje, como la citología vaginal (Papanicolaou) y la prueba de VPH, con especial énfasis en mujeres de zonas rurales, comunidades indígenas y afrodescendientes, quienes históricamente han tenido menos acceso a servicios médicos.
Una innovación importante es la implementación de kits de auto-toma para VPH, que permiten a las mujeres recolectar su propia muestra en casa, sin necesidad de un examen ginecológico. Esto facilita el diagnóstico en regiones apartadas y reduce las barreras culturales que a veces impiden la realización de pruebas preventivas.
Del diagnóstico a la cura
Encontrar células precancerosas a tiempo puede marcar la diferencia entre un procedimiento ambulatorio y una batalla contra el cáncer avanzado. La reforma busca agilizar el tratamiento de lesiones precancerosas, garantizando que mujeres con resultados anormales reciban crioterapia, cirugía (LEEP) o seguimiento especializado en menos de 30 días.
Además, se propone eliminar trámites burocráticos que retrasan biopsias, colposcopias y cirugías, un avance crucial para pacientes del régimen subsidiado, quienes actualmente enfrentan largas esperas. El objetivo es crear rutas rápidas de atención que eviten la progresión de la enfermedad.
La reforma también incluye campañas masivas de educación sobre VPH, cáncer de cuello uterino y salud sexual, dirigidas tanto a mujeres como a hombres. Se promoverá el uso del condón, la corresponsabilidad masculina en la prevención y la vacunación oportuna, rompiendo mitos y estigmas alrededor de estas enfermedades.
Desafíos y esperanza
Aunque las propuestas son prometedoras, su éxito dependerá de una implementación efectiva, especialmente en regiones con sistemas de salud débiles. Garantizar el financiamiento sostenible y la capacitación de personal médico será clave para cerrar las brechas en atención.
Colombia tiene la oportunidad de convertirse en un referente en la lucha contra el cáncer de cuello uterino, avanzando hacia la meta de la Organización Mundial de la Salud (OMS): reducir nuevos casos y muertes para 2030. Con acceso universal a vacunas, pruebas y tratamientos, miles de mujeres podrían evitar el sufrimiento de esta enfermedad.
La reforma a la salud no es solo un cambio legal; es una esperanza de vida para las colombianas.