viernes, abril 4, 2025
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José María Melo: mitos y verdades

Se ha dicho que el general Melo nació indígena y pobre, que estudió en academias militares de Alemania y que fue corrupto, ignorante, sanguinario, tirano y fanfarrón. Hay mucho por aclarar sobre un personaje clave en la historia de las luchas populares

Leonidas Arango

La noche del 16 de abril de 1854 medio millar de soldados y artesanos organizados en milicias se concentraron en la Plaza Mayor de Bogotá, gritando: ¡Vivan los artesanos, abajo los monopolios! ¡Viva el Ejército! Pedían que asumiera el poder el comandante del Ejército, general José María Melo.

La República de la Nueva Granada estaba gobernada por una incipiente burguesía de comerciantes aliados con la vieja aristocracia de latifundistas que imponían las consignas de libre cambio y acumulación primaria de capitales. Estaban en crisis las formas seculares de producción a cargo de los artesanos, los pequeños manufactureros y las clases populares.

El veterano general José María Obando, elegido presidente en 1853, no se atrevió a contener a los privilegiados que lo forzaban a decretar la libertad absoluta de importaciones. El mandatario anterior, José Hilario López, elegido con ayuda de los artesanos, implantó medidas de progreso como la abolición de la esclavitud, pero también se alió con los sectores de la reacción. Hubo reyertas de clase entre los cachacos –que se consideraban letrados, hispánicos y blancos– y los sectores populares representados por los guaches. Obando puso a Melo al frente del Ejército de 18.000 hombres

Los congresistas amigos de la apertura económica se proponían reducir el ejército y sacar a los generales veteranos, una medida que tenía nombre propio: José María Melo. No le tenían confianza porque había expuesto en la prensa ideas de avanzada y era un símbolo de los artesanos y los proteccionistas.

En 1854, sin derramar sangre se consumó el golpe popular-militar encabezado por el general Melo.

No fue un aparecido

José María Dionisio Melo y Ortiz nació en Chaparral, Tolima, 9 de octubre de 1800, hijo de vallecaucanos: Manuel Antonio Melo de la Abadía –de Cartago, capitán en el Ejército Libertador y alcalde de Ibagué en 1813– y María Antonia Ortiz Freire, de familia notable en la señorial Buga. Contra toda evidencia se ha sostenido que Melo fue el primer indígena que ocupó una presidencia en América Latina y han llegado a proclamarlo «gran cacique pijao».

Hizo estudios de secundaria en Ibagué. En 1819 se unió al Ejército Libertador y estuvo en las batallas decisivas de la independencia del Sur: Bomboná, Pichincha, Junín, Ayacucho. Acompañó al mariscal Sucre en la campaña del Alto Perú (Bolivia). En 1830 recibió el grado de coronel. Es falso, entonces, que Melo fuera un chafarote ignorante.

Después de la muerte de Bolívar, apoyó la toma del poder en Colombia por el general Rafael Urdaneta, defensor de los ideales del Libertador. Derrotado Urdaneta en 1831, Melo fue expulsado del Ejército. En Venezuela se rebeló en 1835 junto a viejos próceres de la independencia que buscaban reconstruir la Gran Colombia. El movimiento fue sofocado por el caudillo José Antonio Páez, quien condenó a muerte al coronel Melo, pero conmutó la pena por el destierro.

Primer exilio

Se dice que se embarcó en diciembre de 1836 rumbo a Alemania para estudiar en una academia militar de Prusia. Sin embargo, cualquier evidencia documental quedó destruida por los bombardeos aliados en la Segunda Guerra Mundial. La leyenda insiste en que permaneció cuatro años en el país europeo y que allí asimiló (¿hablaba alemán?) ideas del socialismo utópico.

Estuvo en Panamá y tal vez en México antes de regresar en 1840 a la Nueva Granada. Radicado en Ibagué, abrió un negocio de mercancías importadas. Al mismo tiempo dictó clases en el Colegio San Simón, fue su rector en 1846 y participó en política regional.

Se había casado en Venezuela con María Teresa Vargas, con quien tuvo tres hijos. Viudo, contrajo nupcias en 1843 con la panameña Juliana Granados, madre de su hijo Máximo que iba a acompañarlo en la última batalla. El sosiego tolimense no duró más de ocho años porque en 1847 fue reincorporado al Ejército de la Nueva Granada con el grado de coronel.

En Bogotá ingresó a las Sociedades Democráticas de los artesanos, que leían en periódicos locales los fundamentos de la revolución europea de 1848 y acogían los postulados del socialismo utópico:  educación gratuita, valoración del trabajo y rechazo a la competencia capitalista, entre otros. En 1849 ingresó a la logia masónica Estrella del Tequendama, que fue centro de difusión del liberalismo radical. El presidente José Hilario López lo ascendió a general en 1851 y lo nombró comandante de Cundinamarca. Durante 1852 expuso sus ideas en el periódico El Orden.

La persona

El general Melo tenía mediana estatura, complexión fuerte y rasgos mestizos. Fue un oficial tropero, estricto en la disciplina y fanático de los caballos. No fumaba, no jugaba ni bebía licor y se expresaba en lenguaje parco y refinado. Sin embargo, las fuentes tradicionales han creado un mito negativo alrededor de Melo con agravios como ignorante, flojo, corrupto, sanguinario, feo, tragicómico, tirano y fanfarrón.

Sin tener un programa claro asumió la dictadura con la intención de solucionar una crisis política y social, un asunto que merece otros párrafos.

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