Gobierno Nacional, de tumbo en tambo

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Sobre los primeros diez días de paro, los cultivos se dañan en sus plantíos, la leche es derramada en los propios hatos, los centros de abastecimiento son peladeros, los taponamientos viales se incrementan aquí y allá, también los enfrentamientos con la fuerza pública. Los terminales de buses parecen cementerios. Y Santos insiste que no pasa nada, que el paro no existe. Bogotá y los principales centros urbanos, cercados por falta de alimentos. Alcaldes forjan frente de respaldo al Paro Agrario.

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Pabloé.

El desespero del Ministro de Agricultura, Francisco Estupiñán, es tan grande con el desarrollo y la magnitud del Paro Nacional Agrario que el pasado domingo 25 de agosto en Zipaquirá terminó echándose encima a los mandatarios locales, quienes desde la Sabana de Bogotá comienzan a forjar un gran frente ciudadano de respaldo a la causa de los agricultores colombianos. El Gobierno Nacional no permite que se cuestione el modelo, tampoco las perversidades de los Tratados de Libre Comercio.

El alto funcionario de la administración Santos llegó a la capital salina de Colombia horas después del estruendoso fracaso de las negociaciones con exponentes nacionales de la protesta que implicó un desgaste de 19 horas continuas, montando una suerte de mesa alterna en Zipaquirá, con la esperanza, tal vez, de mostrar a la opinión pública algún avance en el propósito de desinflar la protesta. El problema fue que llegó con la misma receta que pretendió aplicar en Boyacá: ofreciendo algunos recursos bajo el supuesto de capotear la crisis por sectores aquí y allá, mientras el problema de fondo continúa invicto.

Pero uno tras otro, los líderes naturales de los territorios comenzaron a colocar las cosas en su justo lugar. El primero en hacerlo fue el Obispo de Zipaquirá, monseñor Héctor Cubillos Peña, quien coincidió con su homólogo de Tunja –Luis Augusto Castro, ex presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana– que a mediados de la semana pasada tildó de irresponsable al presidente Santos por minimizar el paro y por el estado de postración y abandono en que tiene a la agricultura colombiana: prácticamente no existe renglón rentable en este momento, cuando los TLC apenas comienzan a hacer de las suyas.

Luego el turno fue para el mandatario anfitrión, Marco Tulio Sánchez, quien intervino en representación de 25 alcaldes de la Sabana de Bogotá allí reunidos para expresarle al Ministro de Agricultura su respaldo al sector productivo y la preocupación por el futuro, no sólo de un paro que comienza a hacer mella en los territorios, sino que tiende a cercar cada vez más al altiplano cundiboyacense y el Distrito Capital.

Y los dirigentes agrarios, lecheros, mineros o de transporte que intervinieron fueron todavía más contundentes en mostrar de manera gráfica las perversidades del modelo impuesto, pelea de tigre con burro amarrado: fuera del estado de abandono ya “connatural” del agro colombiano, ahora los ponen a competir con productos similares provenientes de poderosas naciones que sí subsidian y asisten a sus productores.

Por ello le repitieron al Gobierno que este paro no es por recurso económico alguno: “ustedes nos pueden ofrecer 50.000 ó 100.000 millones de pesos por sectores –señaló Gustavo Barón, de la organización de Lecheros de La Sabana–, pero eso no resuelve nada: lo que necesitamos son verdaderas políticas de Estado para con los sectores agrícola y pecuario, entre otros”, concluyó al tiempo que reclamó el establecimiento de cuencas productivas a lo largo y ancho del país.

Héctor Centeno, de la Asociación Nacional de Cebolleros, señaló que sólo el 1% del presupuesto nacional –sí como ud. lo lee: un triste 1%–, escasos $1.8 billones se destina al sector agropecuario. Una auténtica miseria para un país de vocación agrícola. De suerte que en la actualidad el 70% de los productos primarios que consumimos son importados.

La verdad es que de manera legal e ilegal, bajo el amparo de las nuevas pautas que imponen los TLC, se está inundado el país con productos de primera necesidad provenientes de naciones que subsidian a sus productores, amenazando con terminar de arruinar a los nuestros. Es decir, a los pocos sectores agrícolas que continúan vivos. El lavado de activos, legal e ilegal también, otra de las permanentes, denunciaron los líderes de la protesta en el Auditorio Caro y Cuervo de Zipaquirá.

Luego de tres o cuatro horas de discusiones, por momentos álgidas, algunos mea culpa por parte del doctor Estupiñán: que efectivamente sectores sensibles para la canasta familiar como los de la papa y la leche está sufriendo asimetrías tan protuberantes que será necesario revisar, al igual que algunas salvaguarda de los TLC, que los organismos de asistencia esto o aquello… Pero, eso sí, que este gobierno no acepta interlocución con espacio alguno de carácter nacional, como lo reclamaron los asistentes. Una directriz de Santos. Y del problema macro, ni de funda. A esas alturas de las cosas, el portavoz de la Casa de Nariño se levantó de la mesa y se fue por donde entró, y como llegó: sin ningún viso de acuerdo.

En consecuencia, 23 de los 25 alcaldes de la Sabana de Bogotá asistentes emitieron un pronunciamiento dirigido a la administración Santos planteándole su enorme preocupación por el desarrollo de unos hechos cada vez más altisonantes, con saldos de víctimas fatales incluso, que nunca han debido suceder. También manifiestan su respaldo a las reclamaciones del sector agropecuario.

Entonces el problema continúa, con tendencia al agravamiento. Mientras los mandatarios de la Sabana redactaban ese comunicado, al alcalde de Nuevo Colón, Boyacá, Bernardo Andrés Pulido, la fuerza pública lo levantaba a golpes y le destruían su teléfono celular, como también ha ocurrido con uno que otro de los parlamentarios que han osado manifestar su respaldo hacia los agricultores. Y esta historia de bloqueos, choques y asperezas, esta historia de la indignación apenas comienza.