Garrote a los pobres de Henequén, en Cartagena

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Agresión del Esmad para desalojar viviendas informales.

Desalojo en cartagena

Libardo Muñoz

Un piquete policial del Esmad de Cartagena sacó de sus casas tuguriales a cerca de 40 familias, la mayoría desplazadas del área rural de Bolívar y aun de otros departamentos del Caribe colombiano, que se habían asentado en el área del botadero de basuras de Henequén.

El desarrollo del desalojo comprometió seriamente a la cercana zona industrial de Mamonal en las primeras horas del amanecer del miércoles último, en un episodio que hoy la comunidad no duda en calificar de atropello.

Denuncias de los desalojados hicieron notar que hubo una desproporción brutal en el actuar de la fuerza policial, incluido el robo de pertenencias de las familias de Henequén. Muchos policías se tomaron gaseosas que la gente guardaba en sus ranchos.

Fue tan implacable la incursión del Esmad en Mamonal en este nuevo episodio, que varios cabezas de familia sacaron banderas blancas. El desespero era general bajo el avance de las nubes de gases que llegaron a barrios vecinos distantes del lugar del operativo.

Hoy el escenario del desalojo de Henequén es un campo arrasado: se ve el efecto destructor del fuego, hay casquetes de los proyectiles del gas, láminas de zinc retorcidas amenazan con sus orillas cortantes, y los mejores materiales se los llevaron los policías en camiones.

Dijo uno de los desalojados del basurero de Cartagena que unos 30 niños de brazos fueron sacados por sus madres que gritaban casi a ciegas, pues las nubes de gas no dejaban ver. La impresión colectiva fue seguida por escenas de pánico y al menos uno de los bebés debió ser llevado a un dispensario de los alrededores. También hubo ancianos que no podían respirar.

A la Defensoría del Pueblo de Bolívar se le envió una denuncia y una petición de investigación, pues se considera que hubo una orden de la Alcaldía Mayor de Cartagena en favor de un grupo de supuestos propietarios privados de los terrenos que hoy parecen el escenario de una batalla campal.

A la Alcaldía de Cartagena no se le conoce un planteamiento de política de vivienda popular, pese a la enorme y silenciosa presión del desplazamiento de pobres del campo sobre los cordones tuguriales creados por la pobreza que agobia a Colombia.

Se desconoce cuál ha sido la suerte de los desalojados del basurero, cada quien buscó cobijo donde pudo.