Tania Candiani, la artista creadora, y Gabriela Rangel, curadora, dialogan con VOZ sobre la obra que interpela al contramonumento conmemorativo de la firma del Acuerdo de La Habana en 2016. Desminar es la traducción a sonido del lamento del territorio después de la guerra
Anna Margoliner
@marxoliner
Sobre parte de las 37 toneladas de las armas fundidas de las extintas FARC-EP, reposa un dispositivo extraño que evoca un buscaminas. Aunque no lo es. La artista mexicana Tania Candiani concibió este traductor como sugerencia de la curadora Gabriela Rangel, quien veía la posibilidad de entender el piso de Fragmentos a través del sonido.
Tlatelolco/Colombia
“En polvo eres y en polvo te convertirás”, recuerdan los sacerdotes cada miércoles de ceniza a los feligreses católicos, quienes empiezan así la cuaresma, época que invita al recogimiento y reflexión. Desde tiempos muy remotos el ser humano se ha relacionado de forma mística con la tierra, expresión de la relación profunda con el territorio que habita.
Candiani piensa en el espacio que vio nacer el canto de este lamento: “Era importante probar el desminador que fue producido en México. Era importante crear un vínculo con un territorio que fuera más allá. Aquí en fragmentos que tiene que ver con la violencia que sucedió acá, en México hay muchos lugares violentados, muchos territorios violentados, pero en específico en la Plaza de las Tres culturas es muy interesante el hecho de que hay tres momentos históricos muy claros”.
Menciona las capas de la violencia en Tlatelolco: el proceso de conquista de los españoles, cómo remplazan una pirámide por una iglesia católica, con las mismas piedras. Es solo el comienzo. En el 68, el gobierno ordena disparar contra cientos de estudiantes. Entonces, “esta vinculación entre este territorio existente en tiempo real que de alguna manera conecta con el presente y el hecho de tener Tlatelolco como archivo es importante para hablar de ellos, para que sigan presentes igual de esa manera”.
Fragmentos
En el centro de la capital colombiana se encuentra un contramonumento creado por la artista Doris Salcedo en el 2017, como parte del proceso de implementación del Acuerdo de Paz firmado entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC-EP. Fragmentos es un lugar único y significativo que contribuye a la construcción de una memoria colectiva más incluyente y justa en Colombia. Es un espacio que invita a la reflexión, la conmemoración y la esperanza de un futuro en paz.
A diferencia de los monumentos tradicionales, que celebran o glorifican eventos o figuras históricas, los contramonumentos buscan cuestionar la versión oficial de la historia y dar voz a perspectivas marginadas. A la audiencia a pensar de forma crítica sobre el pasado, generando incomodidad o cuestionando verdades establecidas.
A propósito, Gabriela Rangel, quien ha participado en el espacio como jurado de obras seleccionadas, señala que “lo más difícil de trabajar acá es que este lugar tiene un campo simbólico muy fuerte, muy abstracto. No es literal y realmente la gente literaliza el dolor, el horror, la guerra y la violencia cuando eso sucede. Este lugar generó un campo donde la memoria no se convierte en tótem, ni lugar de culto, sino un lugar de interpelación”.
Después de la explosión
Para Candiani la función de los desminadores es limpiar el territorio después de la guerra. Hay una violencia en las minas antipersonales que se dejan en los territorios cuando pasa una guerra. “Es algo que palpita abajo de la tierra y está a punto de explotar todo el tiempo. Es una tumba latente. Hay una historia con las minas en Colombia terrible. Sigue habiendo gente que pierde miembros porque el territorio está sembrado de esto. Es una violencia contra los habitantes, pero también contra la tierra misma”.
El diseño del aparato es en realidad un desminador que fue transformado para convertirlo en este lector amplificador. El eje central de la obra gira alrededor de quien ejecuta el desminador, accionando el ritual de lectura de este territorio, que son los mediadores. La artista enfatiza que “al momento de ir pasándolo por la superficie del suelo, amplifica en tiempo real las pequeñas cañadas, las protuberancias. Si tú ves ese piso en amplificado es como un territorio, es como si a vista de pájaro sobrevolarlas el terreno”.
» Eso es lo que la gente va a ver en la sala donde está la proyección. Además de la amplificación y la lectura convertido en sonido, creado por este instrumento musical hecho ex profeso por Interespecífica, que es un colectivo maravilloso de México, con quien he trabajado hace varios años. Este instrumento tiene ciertos parámetros con los cuales funciona la inteligencia generativa, que le fueron dados y a medida que ella va conociendo este territorio va cantando su lamento”.
A través de los sentidos
Gabriela Rangel sostiene que Tania Candiani “armó un discurso de arquitectura emocional, lo que ella hizo con la tecnología aquí es algo muy delicado y yo le pido al público que escuche esa delicadeza o que se entregue a esa delicadeza. Y si no lo puede hacer, también es válido”.
Mientras tanto, la invitación de la artista es a la apertura de los sentidos “es una invitación a la escucha. Al principio una invitación a recorrer el lugar con la disposición de darle el tiempo a dejarse atravesar por el sonido y las sensaciones que provoca. Cómo un sonido puede atravesar un cuerpo, es una de las bases de un texto que escribí. Es muy difícil pedirle al público que venga a sentirse de cierta manera o que tenga cierta disponibilidad”.
» A mí me parece que la mejor manera de recibir al público es con la generosidad de darle la información pertinente, cosa que van a hacer los mediadores y por lo demás es como una pieza sensible, es una pieza que tiene que ver con la emoción”.
Va de la mano poder desminar el territorio y nuestros corazones. El público podrá asistir a esta obra hasta el 28 de julio de manera gratuita.