miércoles, julio 17, 2024
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Emberas del Urabá antioqueño en peligro de extinción

El paludismo amenaza con extinguir una comunidad de 1.200 habitantes

Bibiana Ramírez

El río Atrato por estos día baja veloz, su cauce se ha llenado y las canoas transitan sin ninguna dificultad. Llega de nuevo el invierno después de varios meses en que el río empezaba a secarse, formando playas, tanto que los jóvenes lo cruzaban caminando. Pero hoy lo que afecta al Urabá, tanto chocoano como antioqueño, es la epidemia de malaria, o paludismo como se conoce popularmente.

El caso particular es en el municipio antioqueño de Vigía del Fuerte, donde la comunidad indígena Embera Dóbida vive una crisis sanitaria debido al brote de paludismo, sobre todo en resguardos que están muy alejados de la cabecera municipal. El reporte de la Organización Indígena de Antioquia, OIA, es que hay 276 afectados y tres niños han perdido la vida, y temen que aumente considerablemente el número de infectados, en una etnia que tiene registrados a 1.200 indígenas.

Vigía es un municipio con 7.446 habitantes (91% de la población es afrodescendiente, 6% indígena y 3% mestiza). La única manera de llegar a este municipio es por aire o por agua, porque está en medio de la selva y no hay manera de que un carro pueda circular por la única calle que hay, llena de arena, huecos y agua. La otra calle es un palafito encementado, en donde unas cuantas motos pasan despacio, porque los niños juegan sin impedimento. Al otro lado está el río que hace de límite con el Chocó.

Comunidad y Estado

Desde finales del año pasado las comunidades indígenas vienen alertando a las entidades públicas y de salud sobre la infección de paludismo que padecen, porque son las más afectadas. Sin embargo, no hay solución ni prevención y sólo cuando es grave la situación se prenden las alarmas.

Gustavo Palacio, consejero de la OIA y representante de la comunidad Embera Dóbida, dijo que, “aunque la emergencia ha sido socializada con organismos estatales, a la fecha no ha habido respuesta institucional que dé solución a la problemática, que ya ha cobrado la vida de tres niños indígenas”.

El Secretario de Salud de Antioquia, Héctor Jaime Garro, al ver la presión de las organizaciones y los medios de comunicación, dice que desde la gobernación van a enviar brigadas para que constaten si sí murieron y si es por malaria. Acepta que hay una corresponsabilidad, pero asegura que la la mayor es a nivel local. “Nosotros, como institución, no hemos recibido la solicitud de apoyo. Vamos a ir a las comunidades apartadas a través del programa aéreo de salud”.

Al parecer, el secretario de Salud no conoce muy bien la realidad que se vive en el Urabá, dice que no se ha presentado ningún caso de muerte, que no hay alertas, pero desde hace varios meses las organizaciones indígenas y algunos medios de comunicación venían denunciando la muerte de indígenas por el paludismo.

Gustavo Palacio afirma que el centro de salud del municipio “ya no tiene capacidad de atención y la escasez de medicamentos hace más complejo el panorama”. La OIA tiene conocimiento de que el Alcalde de Vigía del Fuerte desde hace unas semanas solicitó a la Secretaría de Salud de Antioquia más personal para atender la situación.

Y es que las condiciones geográficas donde se encuentran las comunidades más afectadas dificultan el desplazamiento de las personas infectadas hasta los centros de salud municipales. Para su transporte es necesario contratar un bote con motor, que puede costar 276.000 pesos y tardar hasta seis horas de viaje.

Iván Darío Vélez Bernal, director del programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales, Pecet, de la Universidad de Antioquia, explicó que “las autoridades conocían desde hace mucho tiempo que se iba a registrar el Fenómeno del Niño y que con él crecen los infectados por malaria, porque aumenta la temperatura promedio”.

El secretario de salud, por su parte, recalca que en Antioquia hace diez años se diagnosticaban 40 mil casos por malaria en el departamento. “En el 2015 se diagnosticaron y trataron 6.000 personas, lo que demuestra que el control que se ha establecido con el zancudo transmisor ha sido favorable”.

Tradiciones en riesgo de extinción

Los Embera Dóbida representan el 2,67% de la población indígena del departamento y viven en tambos. Aún conservan la mayoría de sus prácticas culturales, como la cestería, pintura facial y corporal, la lengua materna y la medicina tradicional en cabeza del Jaibaná.

Su sistema de producción ancestral es la pesca, la recolección y la siembra de algunos productos de pancoger como chontaduro, caña, plátano, arroz, maíz. Sin embargo, la pobreza a la que han sido sometidos por los intereses particulares de capitalistas, el arrebato de sus territorios por los paramilitares y el desplazamiento son algunas de las causas que ayudan al deterioro de la etnia.

Les ha tocado alternar sus costumbres. Por ejemplo, el cultivo de pancoger ya no es tan importante, porque les han impuesto otras modalidades de vida como el cultivo de hoja de coca, la madera y la minería. Sus aguas las están contaminando.

Cuentan los mismos habitantes del Atrato que hace tres años que la pesca ha disminuido considerablemente. Algunos pescadores creen que desaparecerá. “No era como antes, que por épocas de Semana Santa las subiendas eran bondadosas, comíamos bien. Ahora hay que rogar para coger un pescadito, pasarse horas en el río esperando”, dice un indígena mientras se queda mirando detenidamente el río, los que están alrededor guardan silencio.

Y ahora es el paludismo que amenaza con extinguir una comunidad de 1.200 habitantes, pues esta infección es endémica del Urabá por ser zona húmeda y boscosa y porque es la puerta de entrada al Chocó, donde los casos de afectados por malaria también son recurrentes y son las comunidades indígenas las más vulnerables. Lo que más pide la OIA es que haya atención inmediata, y que la gobernación de Antioquia haga trabajo de prevención.

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