Manuel Antonio Velandia Mora

Qué bueno iniciar el día con una lectura amena, profunda y cuestionadora; me refiero al Interesante artículo de José Fernando Serrano Amaya denominado «El olvido recobrado: sexualidad y políticas radicales en el Movimiento de Liberación Homosexual en Colombia», sobre León Zuleta, a quien yo solía llamar el «polimórfico perverso”, nombre que degeneró para algunos en el “polívoco perverso”; quitando el peso a su gran capacidad para aparecer y desaparecer y su mimetismo que bien lo hacía ser querido en diversos espacios e incluso, por personas harto diferentes. Preocupante ese cambio de pasar de ser un polimórfico a un polívoco, porque era bien claro para Zuleta que el lenguaje jugaba un papel determinante en la construcción de los discursos.

Entrevista a Velandia para la TV, en la Primera Marcha del Orgullo Homosexual en Colombia (1982)
Entrevista a Velandia para la TV, en la Primera Marcha del Orgullo Homosexual en Colombia (1982)

Hay algo que extraño en tu texto y es que no aparece un autor que para Zuleta tuvo mucho peso. El primer libro, bueno fotocopia, que me facilitó León fue el texto «El deseo homosexual» de Guy Hocquenhem (1972), miembro en Francia del FHAR Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, el cual leímos en francés y con diccionario en mano.

Creo que uno de los temores de la gente hacia León era precisamente que no había gran distancia entre el discurso y la práctica y que por ello proponía intercambios sexuales políticos que a algunos no le sonaban como una realización práctica de la teoría sobre el sexo y el poder, sino al interés oculto de querer “culear” con todo el mundo; tal vez por ello, también pasó de ser el “perverso” del que yo hablaba, en el sentido del que corrompe las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas, a ser para otros el perverso comprendido como el tipo malo, que hace daño; imagen por cierto bastante lejana de la realidad del tipo amoroso que era León.

Creo que uno de los problemas de «Ventana Gay» (revista del MLHC Movimiento de Liberación Homosexual de Colombia) fue precisamente ese, la incapacidad de algunos de sus miembros de ser realmente transgresores en lo cotidiano y en el discurso, para serlo, de pronto, en la habitación en la que dejaban fluir sus verdaderos deseos. Por otro lado cabe bien señalar que en «Ventana Gay» tuvo un gran peso el que ponía el dinero, el abogado Guillermo Cortés, y que por ello a diferencia de Zuleta allí se dio bastante poder a, por ejemplo, la discusión para el cambio del Código Penal en 1980, en el que dejó de ser delito el acceso carnal homosexual (antiguo artículo 323 del Código Penal en 1936).

Para León siempre fue más importante el cambio de la cotidianidad, de la cultura, que el cambio de la norma legal. León siempre fue un militante y para algunos eso se traducía en contemplarlo como un ser irreverente que atentada contra las estructuras establecidas. Cabe recordar aquí, que en algún momento de la historia del Movimiento Homosexual Colombiano, alguna persona pidió y logró que me echaran, por una semana, del MLHC porque yo era muy marica. Bueno, en la práctica yo había asumido una buena parte de las propuestas de Zuleta y exigía que el discurso “marica” debía reivindicarse como ejercicio político y que era necesario reivindicar la analidad como ejercicio de poder, y los amaneramientos gestuales y en la oralidad como una práctica de ruptura con la masculinización o más correctamente con el tono masculino con que se les pretendía matizar a las ideas en su expresión oral, para hacerlas más creíbles y serias.

En el MLHC me aceptaron nuevamente como miembro, luego de que con un cartel que decía “Ser marica es cosa seria, es cuestión de hombres”, me parara, como protesta y antes de que todos los participantes ingresaran, frente a la puerta de la Biblioteca Emmanuel Mounier en donde nos reuníamos todos los sábados. Es importante señalar que no me recibieron porque aceptaran el discurso de la maricada, sino para que los transeúntes y el director de la biblioteca no pensaran que algunos de los que allí se reunían eran tan maricas como yo.

Fuente: Colectivo León Zuleta