viernes, agosto 29, 2025
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El odio político

El odio domina el discurso de ciertos políticos, cuyo sueño es volver a instaurar el reino de la barbarie, basado en la riqueza de pocos y la pobreza de muchos

Guillermo Linero Montes

El odio, según los autorizados en la materia, consiste en una respuesta emocional de repulsa a estímulos exteriores, como la existencia de algo o alguien a quien se le tiene rechazo o resentimiento.

Cualquier sujeto, actuando bajo el impulso de su naturaleza animal, puede odiar a otro simplemente porque no le agrada su aspecto o ideales -lo cual es irracional- o porque ha recibido de ese otro un daño irreparable, y en este caso es difícil no hallarle coherencia racional. Empero, el odio no es una turbación pasajera ni de corta vida en el tiempo: el odio persiste y se convierte en una actividad de conciencia racional, en una malévola estrategia.

El código

Tal vez por ello no existe en el código penal colombiano la consideración del odio como atenuante, pues este es un sentimiento tan ligado a la cordura, que quien lo padece puede incluso incitárselo a los demás. De hecho, no se le prohíbe a nadie que sienta odio, pues eso es imposible de regular; pero sí está prohibido trasmitirlo e incentivarlo en los otros, como lo advierte el código penal colombiano, en su artículo 510:

“Serán castigados con una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses: quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquel, por motivos racistas, antisemitas, anti gitanos u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, aporofobia, enfermedad o discapacidad”.

Como puede verse, en nuestro sistema penal el odio no es una circunstancia atenuante de la culpabilidad, como si lo es la ira y el intenso dolor. Esto es así, porque la ira es una situación emocional de catarsis, que dura menos de treinta minutos, mientras que el odio es un proyecto de maledicencias y se desenvuelve más a largo que a corto o mediano plazo. No por otra razón los estudiosos de la violencia política en Colombia han coincidido en señalar que su recurrencia es por cuenta del odio, y de la venganza que es su efecto negativo.

Contra si

Lo cierto es que la persona que odia -esto también es un entendimiento común y corriente- se afecta más que la odiada; pues el odio, siendo su materia esencial la envidia, casi siempre es infundado. Por su parte, el odiado vive tranquilo, escudado por la denominada “conciencia limpia” y por su efecto de paz interior.

Las personas que odian pueden prenderse de cualquier excusa para encenderse, y los políticos maquiavélicos saben hacerlo cuando se trata de poner a un pueblo o a un grupo de personas en contra de otras y solo en razón de sus ideas opuestas. La persona que odia fabrica mentiras -fake news- y las propaga con la intención de hacer el mal a su contrario. Cuando el odio no es un asunto privado de una específica persona, sino una especie de fiebre colectiva o grupal, entonces, indefectiblemente, se trata de un odio político.

Odio colectivo

Andrés Orozco y José Madrid en su texto, La ira, el odio, y el insulto como discurso político, afirman que “Los discursos de odio político -estas son conclusiones de investigadores de la Universidad Nacional- resultan ser un reto para las sociedades democráticas, generando represión sobre grupos minoritarios o que han sido muchas veces vulnerados históricamente, donde muchas veces se justifican estos discursos a través de la libertad de expresión, pero es allí donde aparece el verdadero problema ontológico de los límites entre la libertad de expresión y la violencia verbal hacia minorías o grupos políticos opositores”.

Finalmente, valga decir que el odio político no es exclusivo de un color ideológico específico, y en tanto conducta humana negativa, lo padecen por parejo izquierdistas y derechistas; pero, siendo la esencia del odio la envidia –el tormento producido por no tener algo que otra persona tiene- entonces es natural que el odio político lo sufran y manifiesten con mayor ardentía quienes no están gobernando y desean ferozmente recuperar sus privilegios.

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