El legado bolivariano de Pedro Antonio Marín

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“Hacer hasta lo imposible por la reconciliación”, expresó Iván Márquez, jefe de la delegación fariana

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Fernando Acosta

La lucha por realizar una transformación agraria en Colombia es uno de los legados de Pedro Antonio Marín, político bolivariano insurgente, fundador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) en el año 1964. Los dirigentes farianos que participan actualmente en conversaciones de paz con representantes del gobierno de Juan Manuel Santos Calderón en el Palacio de Convenciones de La Habana, han propuesto fortalecer zonas de reserva campesina con un régimen constitucional que las proteja del agronegocio, del gran latifundio, de la manipulación politiquera y de la minería depredadora.

Pedro Antonio Marín, conocido también por su nombre de combate: Manuel Marulanda Vélez, nació en el municipio de Génova, ubicado en el departamento de Quindío, zona cafetalera colombiana, en el año 1930. Hijo de doña Rosa Delia y don Pedro Pablo. Cuando era un bebé su país estaba en guerra. Desde su adolescencia y juventud conoció la violencia política desatada por el Estado contra los trabajadores del campo y la ciudad. En la escuela campesina y en su hogar aprendió a querer al libertador Simón Bolívar. Estudió la historia, analizó la vida y obra del ilustre caraqueño, quien afirmaba: “Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos”.

En la casa de Pedro Antonio se hablaba de Jorge Eliécer Gaitán Ayala, el político liberal asesinado por la oligarquía en complicidad con Estados Unidos el 9 de abril de 1948. Pedro fue testigo de sucesos violentos entre liberales y conservadores que azotaba principalmente las zonas rurales. Hizo amistad con dirigentes políticos de izquierda y guerrilleros liberales; entró en contacto con textos sobre socialismo y comunismo.

Optó por el socialismo y, al finalizar el gobierno dictatorial del general Gustavo Rojas Pinilla, estuvo al tanto del llamado “proyecto pacificador” del presidente Alberto Lleras Camargo en los años 1958 y 1959. En 1960 protestó junto a varios izquierdistas y liberales progresistas ante el crimen en el que fue victimado Jacobo Prías Alape, integrante del Comité Central en el Partido Comunista Colombiano.

Los campesinos de Gaitania y Marquetalia exigieron justicia y que se aclarara el crimen, pero los gobiernos de Lleras Camargo (1958-1962) y Guillermo León Valencia (1962-1966) habían declarado la guerra a la oposición de izquierda y se declaraban anticomunistas y amigos incondicionales de las autoridades estadunidenses. En 1962 se realizó un ataque a la comunidad de Marquetalia, considerado también territorio rebelde. Cinco mil soldados llegaron a la región, pero fueron rechazados por los campesinos organizados y rodeados de un vasto movimiento de masas, que fue acompañado por la solidaridad de diferentes organizaciones políticas y sindicales.

Álvaro Gómez Hurtado, senador del Partido Conservador, comenzó a denunciar la existencia de unas supuestas “repúblicas independientes”, las cuales había que exterminar porque representaban un riesgo para la democracia. Los gobiernos de Colombia (Valencia) y Estados Unidos (Lyndon B. Johnson) proyectaron el Plan Latin American Security Operation (LASO) para liquidar al campesinado marquetaliano y extinguir al comunismo en la región. El 27 de mayo de 1964, fueron desplegados 16 mil efectivos dirigidos por el Pentágono en un ataque al grupo campesino de Marquetalia. Los trabajadores rurales se defendieron con las armas en la mano y así surgieron las FARC.

Pedro Antonio Marín, conocido también como Tirofijo, dirigió la organización insurgente y participó en procesos de paz con diferentes gobiernos durante 44 años, hasta el 26 de marzo de 2008, cuando falleció de un paro cardiaco en territorio fariano y rodeado del afecto, amor y cariño de Sandra, su esposa, y de sus compañeros y hermanos de lucha bolivariana. Miles de simpatizantes en Colombia, países de nuestra América y de todos los continentes le rindieron homenaje póstumo.

Los herederos de Pedro Antonio Marín están librando una batalla cultural, política y social de cara al mundo, cinco años después de la muerte de su líder. Con precisión, sin rodeos, el dirigente fariano Seuxis Paucias Hernández, más conocido como Jesús Santrich, aclaró el pasado 20 de marzo desde la patria de José Martí: “En el marco del desenvolvimiento de los diálogos de La Habana, el gobierno colombiano no debiera olvidar que la paz no se reduce a cesar la confrontación militar o desmovilizar la insurgencia. La paz es fruto de la justicia”.

Diversos sectores de la élite pudiente y algunos funcionarios del gobierno de Santos comenzaron a obstaculizar el proceso de paz, estigmatizando las zonas de reserva campesina defendidas por las FARC. Juan Camilo Restrepo, ministro de Agricultura, criminaliza las formas organizativas de los campesinos. Su compañero de gabinete, Juan Carlos Pinzón, quien se desempeña como ministro de Defensa, impone un ordenamiento territorial en función de las definiciones guerreristas del conflicto. En los medios de comunicación controlados por la derecha se reproducen comentarios amenazantes e insultantes hacia los integrantes de la insurgencia y sus simpatizantes.

“Hacer hasta lo imposible por la reconciliación”, expresó Iván Márquez, jefe de la delegación fariana en la actual ronda de diálogos con las autoridades. Una vez más, como en 1984, 1993 y 1999, las FARC demuestran su vocación patriótica, su disposición a conversar, a debatir y alcanzar acuerdos que beneficien a las mayorías. En Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cartagena de Indias, Ibagué, Manizales y Neiva, dirigentes y militantes del movimiento Marcha Patriótica han llamado al pueblo colombiano a defender y promover la paz.

Movilizarse en defensa de lo público, manifestarse por alcanzar y construir entre todos una democracia participativa, proponer caminos concretos hacia la paz con justicia social, forman parte de la amplia convocatoria de Marcha Patriótica, que ha invitado a realizar concentraciones públicas el próximo 9 de abril, cuando se cumplirán 65 años del magnicidio contra Jorge Eliécer Gaitán, quien afirmaba: “Nada más cruel e inhumano que una guerra. Nada más deseable que la paz. Pero la paz tiene sus causas, es un efecto. El efecto del respeto a los mutuos derechos”.

La Jornada Jalisco