El compromiso de ser presidente de la Unión Patriótica en Ibagué

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Nuestro primer llamado público es a la unidad, la cual debe ser forjada ante todo en la lucha callejera y veredal, al calor de la movilización. No miramos a los demás movimientos y partidos de izquierda como nuestros competidores, los miramos con admiración.

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Nelson Lombana Silva

La lucha por la defensa de los diálogos de La Habana (Cuba), la salida política al conflicto social y armado, la defensa del medio ambiente y de lo público, caso del IBAL, la Universidad del Tolima, la red hospitalaria, especialmente el Hospital Federico Lleras Acosta, etc., encarnan el compromiso revolucionario que nos ha conferido la Unión Patriótica al ungirnos como presidente municipal de esta organización social y política que late en el corazón del pueblo colombiano.

Es un compromiso que asumimos con sencillez, sin petulancia, pero con mucha responsabilidad política. No podemos fallarle al Partido Comunista que nos delegó, ni a los distintos sectores sociales y políticos que hacen parte de la UP. Es nuestro deber orgánico intentar cumplir cabalmente con la dinámica de la unidad. Tenemos claro que el Partido Comunista no es la UP, ni la UP el Partido Comunista. Se debe manejar con la mayor responsabilidad política los distintos escenarios para que se desarrollen y crezcan a lo largo y ancho de la ciudad musical de Colombia, tanto en el perímetro urbano como rural.

Esta nueva e histórica responsabilidad nos debe hacer más humanos y más políticos para entender la dinámica de la política como poder, porque de lo que se trata es de politizar al pueblo ibaguereño para que deje de ser objeto y pase a ser sujeto político, bajo el flamear inmaculado de la bandera de la UP, el único movimiento político consecuente con el pueblo que, a pesar de haber sido víctima del más infame genocidio que cobró la vida a más de sus cinco mil mejores cuadros, amigos y simpatizantes, se mantiene enhiesta defendiendo los intereses del pueblo secularmente engañado y explotado.

Nuestro primer llamado público es a la unidad, la cual debe ser forjada ante todo en la lucha callejera y veredal, al calor de la movilización. No miramos a los demás movimientos y partidos de izquierda como nuestros competidores, los miramos con admiración, siempre dispuestos a hacer causa común en aras de que la izquierda pase de ser simple oposición a ser opción de poder. La fuerza del poder se hace invencible en la unidad. La tarea no es la cooptación entre las mismas expresiones de izquierda, es uniéndonos para llegar a disputarle el poder oligárquico y corrupto de la clase dirigente apalancada en los partidos tradicionales y movimientos de garaje de la rancia oligarquía que llevan tantos años prometiendo y prometiendo.

Hay que respetar la institucionalidad de cada organización de izquierda. En ese sentido siempre acudir al interlocutor autorizado como lo es la respectiva dirección. Las diferencias conceptuales no nos deben desunir, nos deben llevar a duplicar esfuerzos por explorar caminos de unidad. Que predomine la dialéctica del discurso y la fuerza de la argumentación.

Al interior de la UP se debe trabajar por consolidar las organizaciones que la integran, respetando las decisiones y discusiones propias que se susciten en cada organización como algo “normal” en la dinámica por la lucha del poder. Hay que respetar la libre autodeterminación de cada una de ellas, en el marco de los estatutos, el programa y el código ético. Es decir, las discusiones internas de cada organización no pueden obstaculizar la dinámica de la UP. El respeto, la verdad y la admiración hacia cada organización upeísta se debe reflejar en las plenas garantías, es decir: en la praxis.

Haremos todos los esfuerzos por mantener las mejores relaciones con las estructuras superiores de la Unión Patriótica, expondremos nuestros puntos de vista en el escenario propio, con respeto y consideración. Tenemos clara la diferencia que existe entre las relaciones humanas y las relaciones políticas. Entendemos que el hecho que la otra persona no piense como pensamos nosotros no es para destruirla física, moral o éticamente, porque de lo que se trata es del ejercicio dialéctico del argumento para convencerla o, al contrario, ser convencido.

Sabemos de los riesgos que estos nuevos desafíos deparan. No tenemos pasta de mártir, pero sí somos conscientes de que no hay cosa más maravillosa que luchar por los pueblos humildes, por la liberación de todos, por la felicidad de la sociedad en su conjunto. A la memoria de todos los caídos, hoy más que nunca levantamos la bandera de la unidad, con la cual queremos ser arropados cuando cumplamos nuestro ciclo biológico. Rezos no, vivas al pueblo y a la unidad, al socialismo y a la justicia social sí.