Crisis de refugiados: Europa arrasa con el derecho de asilo

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Pese a las medidas europeas de aislamiento, el drama de los refugiados crece cada día.

En una actitud contradictoria, que se lleva por delante elementales principios del Derecho Internacional, la Comunidad Europea aprueba eliminar la visa Schengen y al mismo tiempo levanta muros y alambradas para contener el flujo de miles de refugiados que huyen de la guerra y el hambre

Pese a las medidas europeas de aislamiento, el drama de los refugiados crece cada día.
Pese a las medidas europeas de aislamiento, el drama de los refugiados crece cada día.

Alberto Acevedo

La actual crisis de refugiados en Europa ha sido calificada por analistas, organismos de las Naciones Unidas y defensores de derechos humanos, como la peor crisis humanitaria de Europa después de la primera guerra mundial. Se calcula que en la actualidad hay en el viejo continente unos 600.000 refugiados, y unos 12 millones en todo el mundo.

La crisis migratoria se agudizó el año pasado por distintas circunstancias. Se calcula que a 31 de diciembre habían ingresado a Europa 1.006.000 refugiados, de los cuales 942.400 habían solicitado asilo político. Las estadísticas indican que otros 3.406 murieron en un intento por alcanzar costas en tierra firme, en los doce meses del año.

Uno de los episodios más dramáticos de esta crisis fue cuando en octubre de 2013, frente a las costas de Lampedusa, en territorio italiano, murieron miles de inmigrantes. Los países europeos, que se rasgaron las vestiduras en esos momentos, prometieron buscar soluciones urgentes. Pero en las semanas y meses siguientes, no fueron capaces de habilitar puntos de registro y de solicitud de asilo, y obligaron a los siguientes peregrinos a jugarse la vida en el Mediterráneo y en el Mar Egeo y a iniciar romerías por distintos países y fronteras.

Y antes que encontrar una solución humanitaria, el tratamiento posterior a los inmigrantes ha sido infame. La última disposición en esta dirección se tomó el 7 de marzo pasado, cuando los 28 Estados que componen la Unión Europea, aceptaron un pacto que les propuso el gobierno turco del presidente Recep Tayyip Erdogan, de establecer de inmediato unos mecanismos de devolución de inmigrantes “en caliente”, particularmente los que lleguen a las costas griegas. Turquía los alberga y a cambio recibe una ayuda inicial de tres mil millones de euros para garantizar que los visitantes, permanezcan en condiciones de “seguridad”.

‘Garantías’ turcas

En Turquía tiene asiento unas de las más poderosas mafias de traficantes de refugiados, que se beneficiarían de inmediato una vez se ponga en ejecución la medida. El gobierno de Erdogan, por su parte, es uno de los más represivos de la región, que no ha vacilado en bombardear su propio territorio para eliminar a las minorías kurdas. Recientemente ha encarcelado periodistas que han exteriorizado críticas a su régimen. Y este personaje será el huésped de miles de refugiados.

De inmediato, la Acnur, Amnistía Internacional y varias ONG humanitarias advirtieron que este acuerdo vulnera el derecho de asilo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y las normas europeas. El propio canciller español, García Margallo, una semana después del acuerdo reconoció su ilegalidad.

Desde luego, una medida semejante busca blindar las fronteras europeas frente a oleadas de refugiados afganos, iraquíes, yemeníes, sudaneses, palestinos y de otros países, que huyen de la guerra y el hambre.

En el manejo de esta crisis humanitaria, contrasta la actitud de los países de la Comunidad Europea que recientemente decidieron eliminar la llamada visa Schengen, para abrir las fronteras a miles de turistas de otros países, incluido Colombia, mientras al mismo tiempo levantan muros y alambradas sobre sus líneas divisorias nacionales para impedir el ingreso de refugiados que mueren de hambre y de sed.

Mueren detrás de los muros

La globalización de la economía impone unos tiempos sin fronteras. A través de estas circulan sin impedimento, el contrabando, la trata de personas, los capitales oscuros que van a parar a los paraísos fiscales; los gobiernos recaudan impuestos. Pero ante el clamor de justicia de los inmigrantes se levantan alambradas de púas y nuevos muros.

Hoy, la mitad de los países de la Comunidad Europea levantan muros de distintas dimensiones para cercar a los refugiados. Israel, además, construye uno de 600 kilómetros, para aislar al pueblo palestino. Uno de los candidatos presidenciales norteamericanos propone, en un discurso xenófobo, construir un muro sobre la frontera sur de su país, y que lo paguen los mexicanos.

Entre tanto, en los actuales campos de refugiados vecinos a Europa, miles de seres humanos agonizan lentamente a causa del hambre, y las enfermedades. Y hacia el futuro, se verán obligados a buscar nuevas rutas de inmigración, y seguirán llegando a Europa, en un camino que solo va a multiplicar su sacrificio y su dolor.

“Ha llegado la hora de que los líderes europeos dejen de alimentar una crisis que han contribuido a crear con sus propias políticas y proporcionen la única respuesta realista y humana: una vía segura y legal, y protección y asistencia humanitaria a quienes la necesitan”, dijo Carlos Ugarte, responsable de Relaciones Internacionales de la organización Médicos sin Fronteras.