A 50 años de su asesinato. Recuerdos del líder popular Excelino González

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Primitivo Sierra Hernández, dirigente comunista del Tolima y del municipio de Líbano, a los 96 años participa de actividades políticas partidarias. En reciente homenaje que le brindaron los comunistas del norte del Tolima. Foto C.L.

“Que se mantenga la memoria de un ser humano honesto, sencillo y valiente. De un comunista”

Primitivo Sierra Hernández, dirigente comunista del Tolima y del municipio de Líbano, a los 96 años participa de actividades políticas partidarias. En reciente homenaje que le brindaron los comunistas del norte del Tolima. Foto C.L.
Primitivo Sierra Hernández, dirigente comunista del Tolima y del municipio de Líbano, a los 96 años participa de actividades políticas partidarias. En reciente homenaje que le brindaron los comunistas del norte del Tolima. Foto C.L.

Leonidas Arango

«El nombre completo de mi papá era Excelino González Fernández. Nació en El Líbano en la vereda de Coralito. Desde joven administraba una finca de la mamá y después otra de él, ahí mismo. Unas tres hectáreas. Si acaso estudió la primaria, pero en cambio desde niño leía mucho. Le gustaban las publicaciones de política que venían de Moscú».

Eso cuenta su hijo llamado también Excelino González Fernández y progenitor del tercer homónimo de la dinastía, el ciclista Freddy Excelino González, dos veces campeón de montaña en el Giro de Italia: en 2001 y 2003.

El primer Excelino conoció en la década de 1950 a los líderes agrarios Primitivo y Anastasio Sierra, dirigentes comunistas en el Norte del Tolima, y terminó por ingresar al Partido. Primitivo recuerda que el nuevo militante llamaba la atención por su inteligencia y su habilidad aunque nunca ocupó cargos de jerarquía. Salió con una beca para Cuba y tal vez viajó siguiendo una complicada ruta por Europa, pues se jactaba de haber volado en aviones Tupolev.

Durante los dos o tres meses que permaneció en la Isla sobrevino la crisis de los cohetes en 1962 y, al lado de centenares de voluntarios extranjeros, estuvo presto a defender con las armas la integridad de Cuba socialista. Regresó a Colombia con reconocimientos por su trabajo y su rendimiento. Durante casi un año permaneció con su familia en Bogotá, pero las actividades en El Líbano lo forzaron a regresar al pueblo.

En Cuba

«Lo que aprendió en Cuba lo aprendió para divulgarlo –cuenta Primitivo–. Se notaba que estaba aprovechando los estudios. Al regresar se ganó la enemistad del gobierno y lo persiguieron». Le pregunto si Excelino dio pasos para integrar un movimiento insurgente en la región del Líbano. «Es posible que él tuviera algún contacto, pero el Partido y yo no estábamos en eso».

El que sí venía organizando un grupo armado era el ex guerrillero liberal Roberto González Prieto, alias Pedro Brincos, que aspiraba a integrar en una sola fuerza a todos los grupos armados de la región, incluyendo los bandoleros, con la ilusión de dotarlos de una ideología de clase. En el proceso mantuvo diálogos con Excelino, primo suyo. «A última hora nos estaban buscando hasta Desquite y Sangrenegra», dice Primitivo. Por esos días cayó Pedro Brincos abatido por balas oficiales. Por su parte, Excelino hijo varias veces oyó decir a su padre que «algún día tendremos que echarnos las armas al hombro».

Cuando sintió que lo vigilaban de cerca, Excelino empezó a cambiar las rutas para ir a la finca. En el pueblo era conocido Alfonso Agudelo, alias Pocholo, un informante y sicario del recién creado Departamento Administrativo de Seguridad (DAS). Un día buscó a Excelino para aconsejarle que abandonara el pueblo porque estaba encabezando una lista de seis personas a las que iban a matar. Parece que Excelino no tomaba en serio la advertencia y se la repitió en dos o tres ocasiones.

La realidad, sin embargo, mostró que las amenazas eran ciertas porque días antes del crimen ya le habían preparado una emboscada en Coralito: su hijo y tocayo lo acompañaba a la carretera a bajar un bulto de leña cuando vieron pasar un yip Land Rover del DAS. «Adentro iban varios tipos. Ellos nos miraron y siguieron de largo. Entonces mi papá me mandó a subirme a un alto y que me fijara si el yip se detenía, y así fue, los que iban ahí se bajaron. En ese momento pasaba por casualidad una chiva para El Líbano, nos subimos en ella y desde ahí vimos que los del DAS habían tomado posiciones a la orilla de la carretera».

La invasión a Marquetalia

Por esos días se cumplía la ocupación militar de Marquetalia, que dio origen a las FARC. En medio de inusuales movimientos de tropa y de helicópteros se supo que a Excelino González lo habían asesinado cerca a la finca en Coralito. Lo emboscaron en el camino real y lo acribillaron a tiros el lunes 6 de abril de 1964 hacia las diez de la mañana. Le robaron el reloj soviético que había traído de Cuba, los mocasines nuevos que calzaba y la plata de bolsillo. Dejaron el cuerpo en un potrero y los primeros que lo vieron fueron unos niños que regresaban de la escuela, pero allí permaneció hasta el otro día cuando acudió la autoridad.

En El Líbano aseguran que el coronel José Joaquín Matallana –entonces comandante del Batallón Colombia y dotado de plenos poderes para «pacificar» la región– se valió del DAS para eliminarlo. Excelino hijo recuerda sin rencor los nombres de los autores materiales: «Pocholo, un man Luis Alberto Vaca y Pepe García». Pocholo, que de joven fue un obrero de zapatería estimado y hábil, iba a terminar su vida en el sórdido mundo de los traquetos.

La velación de Excelino se realizó en su casa del barrio Jaramillo del Líbano con la presencia del dirigente Álvaro Delgado, enviado de urgencia por el Partido Comunista desde Bogotá. Entre los jóvenes comunistas que acompañaron a los González estuvo Afranio Parra, destinado también a morir asesinado como líder del M-19.

Excelino tenía seis hijos y 36 años, o sea que nació por la misma época del movimiento de Los Bolcheviques del Líbano. Los muchachos de la Juventud Comunista decidieron bautizar con su nombre al centro local de la JUCO.

Mi papá, Leonidas Arango Correa, fue un librepensador liberal. Tenía una farmacia y los campesinos organizados lo buscaban en sus emergencias porque les facilitaba los remedios aunque el cobro resultara casi imposible. Mantenía con Excelino largos diálogos sobre política nacional e internacional y por años recibió los sábados en la farmacia las remesas de Voz de la Democracia que llegaban a la oficina del Rápido Tolima, cuando se salvaban de caer en manos del Ejército.

Recuerdo a Excelino como un joven blanco, espigado, de bigote fino. Usaba sombrero de fieltro echado hacia atrás y sobre la frente siempre le bailaba un bucle de pelo negro. Hablaba con el acento paisa rural de los libanenses, asentía con la cabeza y miraba con fuerza a los ojos del interlocutor.

Que se mantenga la memoria de un ser humano honesto, sencillo y valiente. De un comunista.

(Entrevistas a Excelino González (hijo) y a Primitivo Sierra Hernández, El Líbano, Tolima, febrero de 2013.).