La Plataforma Antiimperialista Mundial es un espacio para que distintos partidos y organizaciones intercambien lecturas sobre la creciente marea bélica y se desarrollen acciones conjuntas
Diana Carolina Alfonso
@DianaAlfonso91
En Corea del Sur la política nunca se entiende del todo sin mirar la sombra de la península partida y del largo siglo que pesa sobre ella, y es en ese marco que aparece una plataforma internacional que para muchos pasa desapercibida, pero que para otros es uno de los pocos espacios donde el Sur global intenta hablar con voz propia y no con la del guión que suelen dictar Washington o Bruselas.
Esta plataforma es el espacio antimperialista donde distintos partidos y organizaciones del mundo intercambian lecturas sobre la creciente marea bélica y sobre la necesidad de tejer solidaridades más allá de los intereses inmediatos.
Y en ese conjunto, el Partido Democrático Popular de Corea ocupa un lugar particular porque su tradición se basa en la integración pacífica con el Norte, haciendo hincapié en una búsqueda constante de diálogo.
El Partido de Corea
El Partido Democrático Popular apuesta a un deshielo que garantice la unificación territorial, y abre una puerta a imaginar que la península puede volver a ser una sola nación. Desde esa visión, la plataforma antimperialista es un espacio donde el Partido intenta conectar el conflicto coreano con las tensiones globales.
Desde ahí, entiende que la seguridad no puede ser únicamente una acumulación militar sino un proceso de distensión que debe ser acompañado por la voluntad política interna y las transformaciones en la arquitectura mundial de poder.
Ahora bien, para entender la energía que empuja estas posiciones hay que detenerse un momento en una historia silenciada fuera de Corea del Sur, donde el comunismo está ilegalizado desde mediados del siglo pasado cuando la Guerra Fría se instaló en la península con una crudeza particular.
La Ley de Seguridad Nacional de 1948 se volvió una herramienta para contener simpatías hacia el Norte y para ordenar la política interna bajo la lógica del anticomunismo que sostuvieron sucesivas dictaduras militares. Y. aunque hoy Corea del Sur se considere una democracia consolidada, dicha ley aún existe y condiciona el lenguaje público, la memoria histórica y el tipo de alianzas políticas que pueden recrearse en su territorio.
La necesaria integración y unificación
En medio de este clima, el Partido Democrático Popular de Corea busca mantener una postura en ese marco legal sin renunciar a su convicción de que la integración y unificación es necesaria y posible.
Sin embargo, considera que reunificación no se construye con presiones militares ni con ultimátums sino con mecanismos de cooperación económica, proyectos de infraestructura compartida, reencuentros familiares y con una reducción gradual de la tensión militar en la zona desmilitarizada.
Esta mirada se entrelaza con la Declaración de París de 2022, que sacudió a varios círculos diplomáticos por su lectura crítica sobre la guerra en Ucrania y por su denuncia de un patrón imperial que busca mantener la hegemonía de Estados Unidos a partir de la ampliación de conflictos militares.
La plataforma insiste en que la guerra no empezó en 2022 sino en 2014 con el quiebre político en Kiev, y que lo que hoy vive Europa del Este es un eslabón más dentro de una cadena de tensiones que también incluye la presión militar contra China y contra la República Popular Democrática de Corea.
En esa perspectiva, el Partido Democrático Popular lee la situación ucraniana como parte de un conjunto más amplio de dinámicas donde la confrontación no es inevitable —si se apuesta a vías diplomáticas— más sí funcional a quienes buscan prolongar el orden mundial actual.
Algo similar ocurre con la lectura que hace frente al ascenso de China y al cerco militar que la rodea. Según la plataforma antimperialista existen múltiples escenarios donde la tensión se trabaja como excusa para ampliar bases militares y justificar presupuestos armamentistas.
El Partido Democrático Popular coloca allí su propio temor a que Corea del Sur quede atrapada en una guerra que no es suya por decisiones que no controla. En esta línea, la guerra contra Rusia y la presión permanente sobre China son interpretadas como motores de un conflicto que podría irradiarse hacia todo el continente asiático.
Sus posturas y defensas
El partido también ha mostrado interés en los procesos de liberación africanos y en las conclusiones de la Conferencia de Senegal, donde se insiste en la urgencia la descolonización real que trascienda los marcos económicos y se proyecte hacia sistemas políticos soberanos.
Sobre Palestina, la postura es clara: consideran que la fórmula de los dos Estados ha sido utilizada como una forma de prolongar el sufrimiento palestino mientras se consolida un régimen de ocupación. Por eso, buscan articular con las fuerzas que denuncian el carácter genocida de la ofensiva y que reclaman un nuevo horizonte político donde la autodeterminación no sea negociable.
Todo esto abre preguntas de cara a América Latina y el Caribe. En nuestro escenario bolivariano, el Partido Democrático ha encontrado un aliado indispensable en el Centro Simón Bolívar de Venezuela, ambos impulsan una brigada internacional para la defensa del Caribe. Esta agenda, refleja la preocupación compartida por el avance militar estadounidense en la región y por el papel que el Caribe podría jugar en un escenario de guerra global.
Finalmente, el Partido Democrático Popular de Corea ve en América Latina un espejo donde se proyectan los mismos dilemas que enfrenta la región asiática.
Ambos hemisferios deben construir un mismo pulso histórico, una alianza que señala el camino donde regiones distantes buscan cuidarse mutuamente en un mundo fraccionado por la codicia capitalista.







