domingo, abril 6, 2025
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No estamos enfermxs, somos inconvertibles

Si se entiende las terapias como un espacio en que se exponen los dolores, traumas y obstáculos, estos ejercicios de “conversión” no lo son. Por el contrario, evidencian la violencia ligada a la homofobia y la moralidad del discurso heteronormativo de Occidente

Anna Margoliner
@marxoliner

En Colombia se siguen practicando las “terapias de conversión”, por más escalofriante qué pueda parecer pensar en emplear métodos violentos para tratar de imponer la heteronormatividad, vulnerando los derechos humanos de las personas que se reconocen abiertamente, o no, dentro de las disidencias sexuales y de género. Al respecto, la Comisión Primera de la Cámara de Representantes aprobó en primer debate la iniciativa que desea prohibir estos procedimientos.

Según la oficina de prensa del exrepresentante Mauricio Toro, que llevó ante el parlamento el proyecto de ley que busca prohibir en el país las Ecosieg (como también son conocidas las “terapias de conversión”), las cifras son:

“Una de cada cinco personas LGBTIQ+ y una de cada tres personas trans, pueden llegar a ser sometidas a golpes, a desnudarse, a tener alimentación forzada, a violaciones, inmovilización durante días y a estar encadenadas; con la excusa de ‘poder curarlas’ o ‘poder convertirlas’, prácticas que sin duda alguna son formas de tortura y discriminación hacia la población LGBTIQ+”.

Qué son las terapias de conversión

Los grupos dominantes siempre han buscado imponer en la sociedad en general su punto de vista sobre el mundo y cómo debe funcionar este en todos los aspectos como le sea posible. Evidentemente una de las grandes estructuras culturales que hay en el mundo es la que establece la religión que se profesa en un territorio específico.

En ese sentido vemos que la forma como se aborda el debate sobre lo diferente, lo que resulta extraño tiene connotación peligrosa para los cánones que establece la religión católica. Al respecto, la estructura religiosa responde a partir de dos vías: buscar su conversión a lo que se establece como “normal” o la erradicación total de dicha amenaza.

Algunos ejemplos son, primero el manejo que se le dio a las creencias religiosas de las comunidades indígenas en el marco de la conquista a América y el comprender los estados de la salud mental de las personas cuando empezaron a notar el comportamiento que generaba en las personas el padecimiento de ciertas enfermedades que después serían conocidas como tal y tuvieran un tratamiento.

En el primer caso, los debates concluyeron la posibilidad de evangelización a través de la violencia, en muchos casos y, en el segundo, por el desconocimiento y la asociación de la locura y otras enfermedades mentales al demonio, a la exclusión y aislamiento de estas personas en espacios de tortura y violencia.

Así, la homosexualidad siendo catalogada desde la moralidad de la Iglesia como una enfermedad y siendo esta catalogación aceptada por la comunidad científica, se empiezan a practicar las “terapias de conversión”, buscando revertir la orientación sexual o de género de las personas homosexuales a finales del siglo XIX cuando aparecen los primeros sexólogos en Europa.

Los tratamientos a que eran sometidos iban desde los procedimientos quirúrgicos (tales como la histerectomía o extirpación del útero, la castración, la ablación del clítoris y la lobotomía, entre otras) hasta la hipnosis, tratamientos hormonales y por electrochoques y terapias de aversión y conductista.

En los campos de concentración nazi también se buscaron métodos para tratar esta enfermedad que iba en contra del ideal de la raza aria, principalmente con los hombres gays.

En adelante, después de la muerte de Freud y hasta los disturbios de Stonewall en 1969 que conllevarían a la consolidación del movimiento LGBT y la lucha por sus derechos, las terapias de conversión tuvieron auge prácticamente a nivel global, reforzando la idea de la homosexualidad como una enfermedad o una anomalía, cuya causa para algunos teóricos venía de la mala relación con el otro sexo en la niñez, siendo culpa de la madre si el hijo era gay, por ejemplo.

En la actualidad al ser ilegal la homosexualidad en muchos países, siguen siendo legales estos procedimientos a pesar de ser rechazados por las organizaciones de psiquiatría a nivel mundial. Existen, igualmente, documentales y películas que muestran el horror que padecen quienes son internados en esos centros de rehabilitación y tratamiento a la “desviación sexual”.

Proyecto de Ley en Colombia

Al ser aprobado parcialmente este proyecto de ley busca, además de la prohibición de las terapias de conversión, también se impide explícitamente que cualquier persona ofrezca, publicite y practique un Ecosieg para abarcar todos los sectores de la sociedad y así evitar que personas inescrupulosas se lucren con estas prácticas.

Además, la iniciativa es que no se vuelvan a destinar fondos públicos para la práctica y promoción de los Ecosieg. También se prohíbe la publicidad y los eventos masivos que tengan que ver con esta práctica. Asimismo, se modifica la ley de salud mental para otorgar como derecho a los pacientes el no ser discriminado por motivos de su diversidad sexual y excluye de los eventos considerados como interés en salud mental a las orientaciones sexuales no heterosexuales y las identidades y expresiones de género diversas.

Igualmente, obliga al Ministerio de Salud y Protección Social a capacitar al talento humano en salud en diversidad sexual para garantizar la no discriminación en la prestación de los servicios. Establece que las universidades que formen talento humano en el sector de la salud mental deberán actualizar los planes de estudio a la mayor evidencia científica existente sobre las orientaciones sexuales, las identidades y expresiones de género diversas.

Finalmente, ordena al Ministerio de Justicia y a la Fiscalía a realizar un protocolo de investigación criminal que priorice investigaciones de delitos cometidos por razones de discriminación a las orientaciones, identidades y expresiones de género diversas. Y adiciona como un agravante al delito de tortura y al delito de discriminación, es decir que la pena se aumente, el hecho de que se cometa con la intención de modificar, reprimir o cambiar la orientación sexual, la identidad o expresión de género.

En el centro de la polémica estuvo el representante a la Cámara, Miguel Polo Polo, quien afirmó que prohibir las terapias de conversión en el país iba en contra del libre albedrío de los psicólogos y psiquiatras que aún llevan a cabo este tipo de prácticas, reafirmando una vez más su tendencia ultraderechista, negando los derechos humanos que merecen las personas de la comunidad LGBTIQ+ y reafirmando su posición fascista.

La estigmatización que proviene del ver a la homosexualidad como una enfermedad, es aún hoy problemática para las personas de la comunidad LGBTIQ+, porque sieguen siendo catalogados como “bichos raros” dentro de la sociedad heteronormada. Es necesario propender espacios seguros desde el Estado y desde la cotidianidad para poder ser quien se es sin miedo a ser atacados, vulnerados o, incluso, asesinados.

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