¿Vamos hacia un estallido económico o no pasa nada?

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El poderío casi absoluto del capital financiero debilita al capital industrial.

Retroceder de un estado de recesión hacia uno de auge es improbable en la economía capitalista del momento, y la perspectiva de gran depresión sigue rondando.

El poderío casi absoluto del capital financiero debilita al capital industrial.
El poderío casi absoluto del capital financiero debilita al capital industrial.

Nelson Fajardo

La situación de la economía mundial se torna más dramática, en la medida que tiene que reconocerse el predominio de su estado de recesión, que la hace susceptible de transitar hacia una crisis que abra las compuertas a una gran depresión económica mundial. Tal como lo demuestra el crecimiento económico de los Estados Unidos, que no logra nivelar los existentes cuando se inició la crisis de 2008.

Pero no es solo por dicha crisis que el anuncio de la gran depresión se hace más cercano. Los sucesos de Europa hacen otra pieza que fortalece el argumento, su crisis inició por algunos países del continente, primero Grecia, luego aparecen fenómenos “aislados” de crisis en varios países del continente, Portugal, Irlanda, Francia, Italia, inclusive Alemania, que vuelve a erguirse como la segunda potencia económica del mundo y tiene amplio poder en la Unión Europea; pero el drama es más fuerte a raíz de la crisis de España.

Según El País de España del 19 de febrero de 2016, en artículo de María Fernanda, titulado “Europa ya no es de acero”, por varias causas, ante todo por el debilitamiento de su aparato productivo industrial, que viene a la baja, en argumento de los españoles, debida ante todo, por la competencia china. Así, las acerías europeas han perdido el 20 por ciento de sus puestos de trabajo en los últimos ocho años (2008 a 2016), lo que hace 85.000 desempleados. El sector entró en crisis, se ha generado una verdadera guerra de los precios, con prácticas anticompetitivas y exceso de oferta; también el consumo global de esta materia prima tan valiosa para la producción, ha disminuido el 1,7 por ciento.

El negocio ha decaído tanto que Tata Steel anunció la caída del negocio en 4.000 millones de dólares, entre marzo y diciembre de 2015, Arcelor Mitall registró 6.686 millones de euros, Thyssen Group, de origen alemán, perdió 26.666.7 millones de euros; Acerinox de España perdió 32,50 millones de euros en beneficio en 2014 y los resultados se redujeron en 245 millones de euros, que construyen una baja del 31 por ciento. Entre todas esas pérdidas tenemos 344 millones y 900 mil euros.

La pérdida de 344 millones, 900 mil euros, bajo condiciones de estancamiento económico, ¿tiene algún significado? ¡Claro que sí!

Al respecto, tenemos que recordar el poderío, casi absoluto del sector financiero del capital, que al manipular a la alza las tasas de interés, debilita la participación del capital industrial en las ganancias y beneficios; cuestión que hace poco rentable hacer nuevas inversiones en la industria, causada por la débil rentabilidad de la velocidad de retorno del capital invertido por adelantado.

Esta situación, poco denunciada en los medios de comunicación, se traslapa en el mecanismo de la oferta y la demanda; pero ante todo en la competencia monopólica. Efectivamente, la China viene posicionándose fuertemente en la competencia de mercado transnacionalizada, al punto que los productos de mercado que exigen acero en su producción, proceden del “Nuevo Taller Mundial”, la China; cuyos costos de producción están por debajo de los europeos.

La baja de los costos por una combinación entre técnica y tecnología extensivas con la explotación extensiva de la fuerza de trabajo china, tiene un amplio margen de productividad, que puede superar alta técnica y tecnología intensiva combinada con fuerza de trabajo, altamente calificada, pero aprovechada en extremo.

Ahora bien, la creciente tendencia del capital a tornarse parasitario y descompuesto hace que las inversiones, cualquiera que ellas sean, tengan presente la velocidad y la tasa de retorno del capital invertido; sobre las cuales el capitalista ejerce presión que procure colocar el acelerador y el aumento. Bajo estas circunstancias, el capital procura la inversión a corto plazo y a riesgo bajo, pues este tipo de inversiones dan mucha seguridad, frente a una competencia de monopolio, que tiende a ser cada vez más agresiva y pugnaz.

Es por lo señalado, que retroceder de un estado de recesión hacia uno de auge es improbable en la economía capitalista del momento, y la perspectiva de gran depresión sigue rondando. Y frente a la situación señalada, el problema consiste, en que el bombardeo sobre las mentes tiende a disolver los efectos de la crisis en una consciencia limitada e inmediatista, sin consciencia social e individualista; así como fácil de manipular. De tal forma que se considera un estado normal y casi natural de las cosas, lo que sucede. Es frente a esos estados que contraponemos la organización para el trabajo colectivo, cuadros con mayores capacidades técnicas e intelectuales para confrontarse con el capital, y, una amplia capacidad de diálogo. Vamos hacia un estallido.