Tenemos derecho a vivir siendo jóvenes

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Mitin en Soacha condenando el asesinato de Klaus Zapata.

No hay dudas que el triste destino de Klaus fue determinado por su férrea convicción en su proyecto político, no nos cabe duda que los responsables de su muerte son los mismos que se oponen a la posibilidad de vivir en un país en paz.

Ivanovich Jiménez

Soacha es un municipio enclaustrado en la periferia de la capital colombiana. Con más de 350 mil habitantes, es una zona de extrema vulnerabilidad. Es una expresión minúscula de la realidad social de Colombia; una mezcla de pobreza, desempleo, desplazamiento forzado, violencia, pandillas, paramilitarismo, narcotráfico, degradación ambiental, informalidad urbana, por mencionar solo las más evidentes. Este es el círculo en el que se suscribe la situación que viven los habitantes de Soacha, y que tiene una afectación especial en la población juvenil.

Entre el año 2010 y 2013, Soacha fue escenario de 627 asesinatos (579 hombres y 48 mujeres), cifra que ha venido en aumento en los últimos años. Mientras en 2010 se registraron 115 homicidios, es decir, casi 10 casos mensuales, en el año 2015 la cifra fue de 194 asesinatos, que corresponden a casi 17 al mes. El panorama este año no parece mejorar. Hasta finales de febrero de este año, según datos de la Fiscalía, en esta población se registraban 43 homicidios, lo que equivale a casi 22 muertes violentas mensuales.

Al analizar con detenimiento las estadísticas y las características de los asesinatos se encuentra que los jóvenes son los más afectados por la ola de violencia que ha cobrado la vida de 13 niños (entre 10 y 14 años), 109 menores (entre 15 y 18 años) y 250 jóvenes (entre 18 y 29 años). En total suman 372 víctimas jóvenes, que representan el 60% de las muertes. Es decir, por cada 10 asesinatos, seis de las víctimas son jóvenes.

El pasado seis de marzo una nueva víctima cayó a manos del sicariato, se trata de Klaus Zapata, un dirigente juvenil de Soacha y militante de la Juventud Comunista Colombiana.

Ser joven y comunista: una actividad de alto riesgo

Klaus transitaba apenas en la plenitud de su vida joven, desde muy temprana edad demostró su pasión por los medios audiovisuales, razón por la cual ingresó a estudiar comunicación social en la Fundación Universitaria Minuto de Dios, en donde con un desempeño académico intachable, se destacó como un estudiante comprometido con sus metas y muy categórico al defender sus ideas políticas.

Supo conjugar su pasión por la comunicación con las causas sociales y populares, conformando en Soacha el “movimiento audiovisual” bajo la idea de exponer y visibilizar la realidad de miles de jóvenes de este sector, que, en medio de la más profunda desigualdad social, de la falta de oportunidades, ante la imposibilidad de acceder a la educación, la recreación, el deporte y la cultura, persisten con la esperanza de un mejor mañana, todos estos jóvenes invisibles a los ojos del Estado.

A sus 18 años se dejó seducir por las consignas que proponían un nuevo orden social, una Colombia en paz, con justicia y sin desigualdades. Fue así como en el marco de la campaña de la Unión Patriótica (UP) a la presidencia de la república, ingresó a las filas de la Juventud Comunista Colombiana (JUCO), convencido de que la única posibilidad real de cambiar la realidad de miles de jóvenes como los de Soacha, era a partir de cambios revolucionarios en la estructura actual de la sociedad.

Durante su militancia sobresalió como el responsable de la línea comunicativa de la JUCO en Soacha, donde se encargaba de hacer todos los comunicados y manejo de redes, desde donde además de exponer a los jóvenes la idea de organizarse, denunciaba casos de abusos de la fuerza pública contra los jóvenes del sector, y el paramilitarismo como una realidad latente en el municipio. Las denuncias que desde la labor de Klaus se hacían, dan cuenta de una fuerte presencia paramilitar, incluso señalan los patrullajes de hombres fuertemente armados en la parte alta de Cazucá, contigua a Bogotá. En este lugar las estructuras paramilitares ejercen control sobre las actividades ilegales como el tráfico de drogas.

El domingo 6 de marzo, después de participar activamente en una movilización por la defensa de los páramos y contra la minería, Klaus y otros jóvenes del sector se dieron cita en la cancha del barrio “Ciudad Latina” con el fin de departir de un rato de integración. El partido de microfútbol, fue interrumpido por el sonido de dos detonaciones en la mitad de la cancha: un sujeto que durante varios minutos estuvo en las gradas observando el encuentro deportivo, se levantó de las mismas e ingresó a la cancha propinándole dos disparos en la espalda a Klaus, para salir huyendo inmediatamente del lugar, dejando tirado en el lugar al joven dirigente y periodista. Pese a que fue trasladado de manera inmediata al hospital “Mario Gaitán Yanguas” por quienes se encontraban en el lugar, la gravedad de las heridas no le permitieron llegar con vida al centro hospitalario.

Klaus, pasó a engrosar la amplia lista de jóvenes, hombres y mujeres, que ofrendaron su vida al noble propósito de heredar para las próximas generaciones una vida distinta. A el como a muchos otros, no se les permitió vivir siendo joven. El próximo 1 de junio cumpliría 21 años de edad, pero las balas de la ignominia arremetieron contra su vida y sus sueños. No hay dudas que el triste destino de Klaus fue determinado por su férrea convicción en su proyecto político, no nos cabe duda que los responsables de su muerte son los mismos que se oponen a la posibilidad de vivir en un país en paz, no dudamos que hoy en Colombia, ser joven comunista y vivir para contarlo sigue siendo una actividad de alto riesgo.

A la muerte jamás daremos nada

Organizaciones sociales y políticas del orden nacional e internacional, se pronunciaron condenando el triste episodio y exigiéndole al Estado colombiano el esclarecimiento de los hechos. Con Klaus ya contamos cinco dirigentes sociales asesinados durante la última semana en nuestro país. Este hecho se circunscribe en el marco de una arremetida contra los sectores democráticos en Colombia que defienden la idea de alcanzar la paz, mediante una solución pacífica, contra quienes defienden la paz como conquista histórica del pueblo colombiano.

El jueves 10 de marzo durante el sepelio, cientos de personas se reunieron en el parque principal de Soacha, posteriormente hicieron un emotivo recorrido a través de la zona céntrica del municipio, recordando a Klaus y el legado que ahora reposa en los centenares de jóvenes que apoyan las causas sociales, lo cual se convierte en un imponente mensaje de no violencia, el respeto por la vida y la juventud.

A Klaus lo recordaremos, como el amigo, el compañero, el hermano, el hijo, el estudiante, el dirigente. Estará presente en cada acto, cada sonrisa, cada lágrima, cada grito, que busque derribar los muros de la infamia. Klaus junto a los otros caídos, tendrán su lugar en esta historia que aún no termina. Porque a la vida daremos todo, pero a la muerte jamás daremos nada. ¡Descansa en paz hermano Klaus!