Sin olvido

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La masacre de la JUCO de Medellín aún continúa en la impunidad, con el agravante de la continuidad de la agresión paraestatal hacia los militantes comunistas, y a la espera de que el llamado diálogo de paz permita avanzar hacia la verdad, la justicia y la reconciliación nacional.

Homenaje martires JUCO Medellin - ddhh 2

El 24 de noviembre de 1987, Manuel Cepeda, como corresponsal de VOZ, escribía en su página: “Al penetrar en la casa de la JUCO todavía están estampadas en la escalera las gotas de sangre. Visitamos la pequeña cocina donde fueron llevados. “Ya la hemos lavado”, nos advierte una joven. Pero el ambiente que se respira de noticia de que entre estas paredes el movimiento popular vivió hace contadas horas una de sus más terribles experiencias”. Se trataba de la masacre de los jóvenes de la JUCO, en la sede de Medellín.

En esa misma nota se relatan los hechos de lo ocurrido, al tiempo que se relaciona con el gobierno de Barco y el carácter militarista de las fuerzas militares, y con las amenazas que días atrás, habían llegado en contra de los jóvenes.

Bueno, bueno, al suelo! Los otros compañeros no se alcanzaron ni a acostar, sino a quedar medio sentados y ahí, en cuestión de segundos, alcancé a ver un tubo largo como de ametralladora o subametralladora y se oyó el rafagazo!” Relato uno de los sobrevivientes a Manuel.

En esa misma edición de VOZ, Manuel escribe el editorial, señalando el estilo del “paragobierno” de aquel entonces, y rechazando los señalamientos de quienes además presentaban a la organización juvenil como enemigos de las Fuerzas Armadas, al paso que aseguraba: “Se equivocan porque el militarismo que denunciamos es una tendencia política, ubicada dentro y fuera de los cuarteles, de la que hacen parte políticos ultraderechistas, jefes de gremios económicos y ciertos mandos militares”.

Este crimen aún continúa en la impunidad, con el agravante de la continuidad de la agresión paraestatal hacia los militantes comunistas, y a la espera de que el llamado diálogo de paz permita avanzar hacia la verdad, la justicia y la reconciliación nacional.

La militancia comunista no olvida estos hechos, cada año en la casa esquinera de la JUCO, se hace una actividad simbólica, la cuadra que colinda con la sede ha sido bautizada por sus vecinos como la calle de los mártires. En los discursos de los nuevos jóvenes comunistas, aún reafirman aquella frase con la que Manuel terminó su editorial: “Es la hora de demostrar con hechos que somos capaces de vencer a los mensajeros de la muerte”.