Se agrava salud del comunista tolimense José Miguel Neira

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Camarada Alba Camelo Ocampo, esposa del camarada José Miguel Neira. Foto Nelosi

Hace parte de la vieja guardia del Partido Comunista, esa generación fuerte, consecuente y firme como la roca.

Camarada Alba Camelo Ocampo, esposa del camarada José Miguel Neira. Foto Nelosi
Camarada Alba Camelo Ocampo, esposa del camarada José Miguel Neira. Foto Nelosi

Nelson Lombana Silva

La salud del camarada José Miguel Neira empeora desafortunadamente. Al parecer dos tumores localizados en la cabeza lo tienen postrado en la cama hace más de un mes, encontrándose al cuidado de su esposa, la camarada Alba Camelo Ocampo, sus tres hijas y nietas. El 23 de abril tiene cita con el neurólogo. Así se maneja la salud en Colombia.

Ayer hacia el mediodía lo visitamos. Íbamos con la ilusión de disfrutar con su rico y fino humor que le caracteriza, pero no fue así. No habla. Escasamente balbucea. Sin embargo, se incorporó sobre la cama y débilmente nos estiró su mano generosa. No levantó el rostro. Siempre acompañado de la camarada Alba, intentó ponerse en pie, perdiendo el equilibrio y cayendo estrepitosamente. Fue un accidente.

El camarada José Miguel Neira hace parte de la vieja guardia del Partido Comunista, esa generación fuerte, consecuente y firme como la roca. Esa generación heroica que asimiló el marxismo-leninismo más con la emoción que con la razón y, desde que decidió luchar por la libertad de la sociedad y el socialismo, prefirió morir antes de hacerle una sola concesión al enemigo de clase con frasecitas ambiguas de que violar el estatuto no es problema, para solo colocar un ejemplo.

José Miguel Neira tiene relación con la lucha popular por la vivienda, la recuperación de tierras en la ciudad de Ibagué. Muchos asentamientos humildes que después se convirtieron en barrios importantes tienen que ver con la tenacidad y fervor revolucionario que le impuso este hombre que hoy, a la edad de 81 años, lucha contra la muerte. “La pelona”, como solía decir durante el diálogo ameno que lo identificaba como un gran conversador.

El camarada Evelio Villarreal Herrán recuerda con gratitud al camarada José Miguel Neira, por cuanto fue el encargado de reclutarlo, primero para la Juventud Comunista (Juco) y después para el Partido Comunista. Señala: “Para aquella época aciaga (Violencia de los 50) ya militaba en la Juco gracias al compañero José Neira, quien fue el que me reclutó para esta organización y más tarde para el Partido Comunista, compañero que todavía vive para gloria de la lucha revolucionaria”.

Hablar de José Neira es hablar de dignidad, transparencia y firmeza. Cuando Jorge Noel Robayo y Ananías Torres Amórtegui decidieron hurtarse los pocos bienes del Partido, su posición fue clara y consecuente. No pidió aplausos para ellos. Pidió la expulsión una vez el debido proceso. “Ante todo el Partido”, dijo.

Alegre, manejó con destreza el acordeón e hizo de la música y la alegría un arma revolucionaria que inundó la ciudad musical en los momentos más complicados de la cruda represión. Estuvo en la cárcel, no propiamente de visita. En Moscú adelantó un taller de agitación y propaganda, el cual practicó con entusiasmo a su regreso. “Allá –dijo en cierta oportunidad– nos enseñaron a hacer letreros grandes, esa forma nos la copió Santofimio Botero en sus campañas electorales”.

Siempre consideró el semanario VOZ, la verdad del pueblo, como la mejor herramienta ideológica. “El periódico –decía– hay que leerlo al derecho y al revés”. Asistió a varios festivales nacionales de este semanario y era uno de los primeros en colaborar en la organización de los festivales regionales. Tenía una forma de colaborar y participar. Seleccionaba caricaturas del maestro Calarcá, las ampliaba, las pintaba y las fijaba en cartulina. “Así vendía el periódico en la carrera tercera con calle 15. Fijaba unas cuantas caricaturas, la gente se arremolinaba a verlas y yo aprovechaba para ofrecer el periódico”, comentaba dibujando siempre una amplia sonrisa.

A pesar de sus quebrantos de salud, los primeros de mayo eran sagrados para él; salía con su esposa, sus camaradas y amigos y recorría la distancia con entusiasmo y deleite. Era frecuente encontrarlo en la biblioteca Darío Echandía, ojeando las páginas de la prensa o sencillamente haciendo la siesta en la sala de música. “La música me duerme”, solía decir.

Al no poder hablar con el camarada en esta oportunidad, conversamos brevemente con la camarada Alba, encantadora con sus 80 años. Se mueve de un lado para otro. “Yo estoy pendiente”, dice. Agrega: “Menos mal tenemos las hijas. Todas nos rotamos para estar pendientes de él tanto de día como de noche”.

Son 60 años de casados y madre de tres hijas. Natural del municipio del Líbano (Tolima), recuerda a su progenitora con suma lucidez. Se llamaba Eva Ocampo y distribuía el periódico revolucionario en el corregimiento del Convenio de esta municipalidad. “Yo me reunía con la Juventud Comunista del colegio San Simón, recuerdo que el secretario general era Salomón Tovar; con ellos hacíamos trabajo político, sobre todo publicitario, al lado de la entonces esposa del camarada Álvaro Vásquez del Real, Celmira Cruz, que era del municipio de Chaparral (Tolima)”.

“Los padrinos de matrimonio fueron los camaradas Marcos Díaz y Pepa Uribe, esta ceremonia se realizó el 23 de abril de 1955 en la parroquia del barrio Belén de Ibagué”, señala.

A pesar de las serias dificultades físicas del camarada José Miguel Neira, su rostro se mantiene sereno, no hay angustia o desespero, es como la certeza del deber cumplido. Por su parte, la familia mantiene al tanto, pero también dentro de una serenidad inquebrantable.

Nuestros votos más caros son por su recuperación. Hay que rodear al camarada y a esta familia en momentos tan complejos y difíciles. La solidaridad nos hace fuertes y nos da fuerzas para superar las penas y las dificultades por complejas que estas sean. Ánimo, camarada José Miguel Neira.