Prostitutas vejadas por las autoridades en Bogotá

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Este es otro de los actos de injusticia con los que inaugura su mandato el burgomaestre de Bogotá, Enrique Peñalosa, para quien mantener limpia la ciudad consiste en quitarle a las personas menos favorecidas sus fuentes de ingreso, ya que el desempleo no les deja otra salida.

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Renata Cabrales

En diciembre de 2015, se conoció la noticia de que habitantes cercanos a la plaza de las Mariposas, en el centro de Bogotá, sospechaban que por la zona había menores de edad que se presumía entonces, eran sometidas a una red de prostitución.

Según se afirma, las niñas, de entre 13 y 17 años de edad, llegaban al lugar vestidas de forma muy llamativa según las personas del lugar. Luego se encontraban con hombres mucho mayores y caminaban hacia una residencia ubicada a pocas cuadras.

La situación preocupó a la comunidad y por ello el caso llegó a oídos de la Policía.

Por esta razón, y por un período de tres meses, en una operación llamada Papilio, las autoridades siguieron los pasos de las menores, con el imperativo propósito de reunir pruebas para capturar a los proxenetas y a los clientes.

Durante la titánica investigación se encontró que el dueño de la residencia a donde eran dirigidas las menores era cómplice del acto delincuencial. Quien, según los investigadores el criminal dejaba entrar primero a las niñas y luego a los clientes para que nadie sospechara de lo que allí acontecía.

El comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, Humberto Guatibonza, explicó entonces, que “durante este año por lo menos 25 niñas habían caído en las redes”. Red que al parecer fue desmantelada con el fin de salvar a las menores de seguir siendo sometidas a tratos denigrantes y a ser explotadas por seres inescrupulosos que utilizan el cuerpo de las mujeres con objeto de consumo dentro del sistema heteropatriarcal –capitalista y denigrante.

El caso de las trabajadoras sexuales de la Plaza las Mariposas

Sin embargo y a pesar de que el movimiento de mujeres está en contra del hecho de que las mujeres tengan que vender sus cuerpos para poder sobrevivir, debido a un modelo económico excluyente, también es cierto que ha estado luchando siempre porque estas mujeres, de las cuales muchas no tienen otra opción de vida, sean consideradas sujetas de derechos y se les respeten sus derechos laborales.

Es por eso que se rechaza el hecho de que mujeres prostitutas estén siendo detenidas en la plaza de Las Mariposas, en Bogotá, lugar donde realizan su trabajo, pues durante la detención y el despido de ellas de la zona, aseguraron que fueron golpeadas por los uniformados.

El hecho al parecer, ocurrió en días pasados cuando un camión de la Policía Metropolitana de Bogotá, identificado con el número 173879, según artículo publicado en El Espectador, el 20 de enero de 2016, se parqueó en la plaza conocida como La Mariposa en el sector de San Victorino en el centro de la ciudad.

Andrés Caicedo, según este medio, estaba presente en ese momento y cuenta que “los agentes cercaron a un grupo de mujeres entre ellas varias trabajadoras sexuales. Las descalzaron y las subieron al vehículo que las llevó a la UPJ de Puente Aranda. Los policías llegaron y se llevaron a todas la muchachas, ahí cayó mi esposa, que no trabaja ahí pero estaba en el sector, le pegaron en el estómago y está sangrando mucho”, agregó.

Testigos afirman además, que entre las mujeres detenidas había una menor de edad y una mujer embarazada, Clara Inés Cahuaque, quién salió de la UPJ a las 7:30 pm, afirmando que la mayoría de las mujeres fueron golpeadas y que uno de los policías dijo que «se las estaban llevando porque ellas venden el cuerpo».

Este, además de la expulsión de los vendedores ambulantes de la carrera séptima, es otro de los actos de injusticia con los que inaugura su mandato el burgomaestre de Bogotá, Enrique Peñalosa, para quien mantener limpia la ciudad consiste en quitarle a las personas menos favorecidas sus fuentes de ingreso, ya que el desempleo no les deja otra salida.