Palabra itinerante: Cara y sello

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Pareciera que un poder extraño, una mano misteriosa orientara al conservadurismo español a hacer todo lo contrario a lo que en países suramericanos se realiza con contenido democrático.

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Jaime Cedano Roldán

Cada día surgen nuevos hechos que muestran a Europa y a América Latina como escenarios de diferencias y similitudes que vale la pena estudiar para reconstruir los caminos de la solidaridad mutua, el aprendizaje colectivo y la acción política conjunta de las fuerzas, movimientos y sectores que luchan por las transformaciones revolucionarias. España es un escenario muy especial para estos ejercicios.

Pareciera que un poder extraño, una mano misteriosa orientara al conservadurismo español a hacer todo lo contrario a lo que en países suramericanos se realiza con contenido democrático. Que allí abren nuevos hospitales y escuelas, pues a cerrarlas por acá. A desahuciar familias, que Chávez anda entregando viviendas gratis y a cerrar universidades que allí están abriendo nuevas.

Pero sí hay un ejemplo a seguir y es el de las malas ejecutorias de los gobiernos colombianos. España vive una especie de colombianización. Es buen refugio para narcotraficantes, existe alarmante expansión de la brecha entre ricos y pobres, diarios escándalos de corrupción, un permanente cercenamiento de las libertades y la democracia, criminalización de la protesta social, cúpulas sindicales ya no solo burocratizadas y cooptadas, sino envueltas en corruptelas y sucias componendas.

Chile, que no es precisamente escenario de grandes revoluciones democráticas, ha empezado a desmontar el andamiaje electoral levantado por el pinochetismo, paso que puede ayudar a que la izquierda tenga el espacio político que socialmente ocupa. Mientras tanto Mariano Rajoy saca cuentas de los resultados de las elecciones europeas y ante la posibilidad cierta de una gran derrota pretende una acelerada reforma electoral que profundice y eternice el legado electoral del franquismo y asegure mayorías municipales ya no por voto esquivo de los ciudadanos sino por la zorrina componenda del pucherazo.

Por su parte, y no se sabe si es alentador o desalentador, la izquierda anda con los mismos debates que adelantó hace varias décadas la izquierda latinoamericana de aquellos países que construirían posteriormente frentes amplios que los llevarían al gobierno. Lo esperanzador es que se desinflan las opciones ultrainstitucionalistas y también las ultraantiinstitucionalistas. Esto conlleva a repensar tácticas de ruptura, de alianzas y de acuerdos entre las fuerzas alternativas pero demasiado contagiadas de un virus que subsiste en el disco duro de sectores de la izquierda latinoamericana. El de pensar la política transformadora y unitaria solo en función de la próxima cita electoral.