Otra ronda de paz en La Habana

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Editorial del Semanario Voz

Después de un mes de receso en la mesa de diálogo de La Habana, comenzó la octava ronda de conversaciones entre las delegaciones del Gobierno Nacional y las FARC-EP, el pasado martes 22 de abril, esta última fortalecida con la presencia del comandante Pablo Catatumbo, miembro del Secretariado, Victoria Sandino, Noel Briceño, Sergio Ibáñez y Laura Villa, integrantes de distintos bloques de la organización insurgente.

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La mesa continuará el debate sobre el primer punto de la agenda: política de desarrollo agrario integral, sobre el cual existen importantes coincidencias como lo han declarado las partes, pero quedan pendientes problemas medulares como las zonas de reserva campesina, la tenencia y el uso de la tierra y la explotación minero-energética, entre otros.

La delegación de paz de las FARC-EP, con base en las propuestas de organizaciones agrarias, sociales y populares, hicieron 100 propuestas que enriquecen el debate, mientras los voceros gubernamentales hacen círculo vicioso en la ley de tierras y de víctimas y asumen una posición contestataria en el debate.

Al comenzar el nuevo ciclo de conversaciones en La Habana, los voceros de la guerrilla declararon: “La Delegación de Paz de las FARC-EP inicia esta nueva ronda de los diálogos con el gobierno de Colombia con la firme determinación de alcanzar la más importante reivindicación del pueblo colombiano en toda su historia, la que se ha constituido tal vez en el único propósito nacional que une a todos los colombianos que amamos la patria y luchamos por un futuro mejor para nuestros hijos: la paz democrática, con dignidad y justicia social que tanto anhela nuestro pueblo”.

Entretanto, la cabeza de la delegación oficial, el ex vicepresidente Humberto de la Calle Lombana, insistió en “resultados y agilidad”, estableciendo tiempos fatales. De la Calle reiteró que el modelo económico y el carácter de las Fuerzas Militares no están en discusión, al tiempo que aclaró que el tema de la reelección no es parte de la mesa de diálogo. La insistencia en que hay temas vedados, que están sobreentendidos en la agenda, convierte en inamovibles temas que pueden ser resueltos en las reformas políticas y sociales que se requieren para el acuerdo de paz estable y duradera.

La terca posición oficial prolonga sin necesidad el debate sobre el primer tema y aleja el de los temas siguientes. Ni siquiera está resuelto cuál será el segundo punto de la agenda, porque mientras el gobierno prefiere el de víctimas, la guerrilla se inclina por el de la participación política. Mientras se continúa con la problemática rural, una mesa alterna intercambia opiniones sobre justicia transicional y las víctimas y el fin de la semana pasada se realizó en Bogotá el Foro sobre Participación Política.

El Gobierno Nacional conserva la posición de los tiempos fatales, rehén de la reelección, porque si bien es cierto que el presidente Santos renunció a su improvisada propuesta de reelección para dos años, conserva la expectativa de lanzarse en noviembre, tal y como lo contempla el “articulito” que Uribe Vélez hizo aprobar en su propio beneficio. Sin embargo, no facilita la dinámica de los acuerdos, porque “nada es negociable”, los temas fundamentales no son para la mesa, lo han dicho una y otra vez el presidente Juan Manuel Santos y el principal vocero oficial Humberto de la Calle Lombana. Hasta el punto que unos periodistas se preguntaron ¿qué hacen en La Habana si sobre nada se puede dialogar?

El Gobierno Nacional insiste en que la paz se puede pactar sobre promesas y no con acuerdos concretos. En el fondo reducen el diálogo a la desmovilización y a la posibilidad de que los jefes guerrilleros puedan hacer campaña electoral sin reformas políticas y sociales. La vieja aspiración de la paz gratis sin democracia y justicia social. Tiene aún tiempo para corregir esta posición que debilita el diálogo y le hace perder el interés del país nacional, que demostró el 9 de abril y en pronunciamientos posteriores que la mayoría está por la paz y la solución dialogada del conflicto. No se puede jugar con esta aspiración popular. El país no aguanta una nueva frustración. Es lo que está demandando en las calles y en los foros públicos.