“No hemos perdido la ternura”

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Elizabeth Palmeiro, esposa del patriota cubano Ramón Labañino, prisionero en una cárcel de Estados Unidos.

Elizabeth Palmeiro, esposa de Ramón Labañino, uno de los cinco patriotas cubanos que aún permanecen presos en Miami, estuvo de visita en Colombia y asistió a varios actos, en el marco del XXIII Encuentro Nacional de Casas y Movimientos de Solidaridad con Cuba

Elizabeth Palmeiro, esposa del patriota cubano Ramón Labañino, prisionero en una cárcel de Estados Unidos.
Elizabeth Palmeiro, esposa del patriota cubano Ramón Labañino, prisionero en una cárcel de Estados Unidos.

Alberto Acevedo

Elizabeth Palmeiro es una mujer joven, en cuyo rostro se entremezclan expresiones de sufrimiento, de esperanza, de fe en que al término de un proceso penal en el que su esposo fue injustamente condenado en Estados Unidos por una causa criminal que no cometió, pueda alcanzar la reunificación de su familia y contar con el acompañamiento del jefe del hogar, que las tareas políticas por la defensa de la revolución en su país no le han permitido disfrutar plenamente.

Junto con una amplia delegación de representantes del movimiento cubano de solidaridad y de víctimas del terrorismo que los Estados Unidos ha ejercido contra ese pueblo a lo largo de seis décadas, Palmeiro estuvo de visita a nuestro país, la semana pasada, para asistir a una serie de encuentros, reuniones y contactos, en el marco de una semana de actividades organizada por el movimiento de nacional de solidaridad con Cuba en Colombia. La esposa de uno de los tres patriotas que aún permanecen en prisión en cárceles de Estados Unidos conversó con VOZ.

–¿Se hace usted ilusiones de que durante la celebración del Día de Acción de Gracias, el presidente Obama conceda un perdón a los tres patriotas cubanos que aún permanecen en cárceles norteamericanas?

–Muchos amigos en la solidaridad durante varios años han estado haciendo acciones para que ocurra un gesto como ese. Yo recuerdo cartas de grupos religiosos de Cuba y de Estados Unidos, que han pedido, primero a Bush y después a Obama, que les conceda esta libertad durante el Día de Acción de Gracias o en la navidad.

Hacer la diferencia

Algunos amigos plantean también que se regularicen las visas a sus familiares y que, apoyándose en la facultad que tiene el presidente de liberar algunos detenidos, lo haga con nuestros patriotas, de perdonar algunos casos de personas que están en prisión. Obama no fue el que los arrestó, no fue el que los sancionó, fue una administración anterior, después de los ataques a las Torres Gemelas en el 2001. Pero Obama puede hoy hacer la diferencia. Muchos amigos le han pedido que haga uso de esa prerrogativa, diez premios Nobel se lo han pedido, y nosotros tenemos la información de que acercándose el Día de Acción de Gracias y las navidades, muchos amigos van a renovar ese pedido.

–¿Hay en su opinión algunos indicios que la hagan sentirse optimista en este sentido?

–Bueno, en primer lugar la concordancia, el acompañamiento de muchos amigos en el mundo que hacen este reclamo. Y también personas que no son tan amigas pero que comprenden la necesidad de poner fin a esta injusticia cometida contra nuestros familiares. Hay personas que nunca han expresado simpatías con la causa cubana, y sin embargo en el caso de los Cinco lo han hecho, porque desde el punto de vista moral, ético, han sentido la necesidad de hacer alguna acción, como en el caso de parlamentarios, partidos políticos, no necesariamente de izquierda, y otros sectores que han firmado en favor de un gesto humanitario, del respeto a los derechos humanos.

No solo el historial de violaciones de derechos humanos, porque los han privado de visitas, los han llevado a sitios de aislamiento y confinamiento en diferentes momentos durante estos 16 años. Por ejemplo los 17 meses de aislamiento en solitario cuando fueron arrestados en Miami, en total violación de las leyes norteamericanas que dicen que este aislamiento se aplica máximo 90 días, después de haber cometido una falta y nuestros familiares fueron llevados a esas condiciones sin haber cometido ninguna falta. Solo para tratar de resquebrajarlos, para forzar la confesión de una culpabilidad que no habían cometido.

Poner fin a la injusticia

A ellos les acusan de hechos que no cometieron, de crímenes que no cometieron. Se les acusa de “conspiración para cometer espionaje, para cometer asesinatos” y esa palabra conspiración se presta para que la parte acusadora no tenga que aportar evidencias, simplemente decir que la persona “tenía intenciones de…”. Lo grave es que, en el caso de ciudadanos norteamericanos que han sido implicados en delitos mayores, las condenas han sido mucho menores.

Por eso nuestra presencia en eventos como este en Colombia. Tratar de redoblar la solidaridad para que no se lleven hasta el final esos designios de condena. Tenemos la posibilidad de que Obama haga la diferencia, con el impulso de la opinión pública internacional, que ya ha logrado liberar a dos de los patriotas; el reclamo va a ser ese, que se ponga fin a la injusticia y que Obama es el único que puede firmar en cualquier momento un indulto o un perdón.

–¿Qué significa para usted el hecho de que estos patriotas cubanos hayan cumplido 16 años en prisión?

–Son tantas cosas que han pasado en estos 16 años, para poder haber librado esta batalla. En familia no hablamos de estos temas para no herirnos. Llevar la vida sin ellos, en la casa sin ellos. Hemos visto cómo ya no hay niños en la familia. La más chiquita de los hijos de los Cinco ya tiene 16 años. Mi hija menor ya tiene 17. Algunos de los patriotas cubanos ya son abuelos, la mayor mía tiene 22 años, estudia Relaciones Internacionales en La Habana.

En la etapa de gestación de la menor de mis hijas, ese tiempo pasó estando Ramón fuera de la casa en una tarea especial. Ni en el embarazo ni en los partos de las niñas estuvo presente, estaba cumpliendo trabajos que yo no conocía, fue una etapa sin saber mucho del trabajo de Ramón y ya después tenía alguna idea de lo que él estaba haciendo.

Confianza en la solidaridad

Han sido momentos muy difíciles que no se los deseo a nadie y no quisiera que ninguna de mis hijas pasaran por esa experiencia. He tenido que ser papá y mamá de las niñas mías sobre todo en la etapa de adolescencia que es tan difícil. No hemos funcionado como familia normal. No hemos podido tener contacto físico con el preso. Cuando Ramón vio por última vez a las niñas se asombró del cambio físico, ya son unas mujercitas. Él no pudo estar en los 15 de la mayor, ni en los 15 de la más chiquita. Ni ahora que ya tienen novio, pero es un hombre que a pesar de no haber podido actuar como padre está al tanto de todo, muy celoso de sus hijas.

–¿Qué significan para usted las expresiones de solidaridad desde un país todavía tan conservador, con un conflicto interno de medio siglo, como el de Colombia?

–Yo te respondo con palabras de mi esposo, que ha mandado un mensaje a los colombianos. Y es el agradecimiento por una campaña tan importante, con sacrificio de recursos personales, de su vida personal. El pueblo colombiano hace parte de ese movimiento solidario con la causa de los Cinco. En su mensaje agradece profundamente todo el esfuerzo por acompañarnos en esta campaña. Usted mismo, conocedor de la sociedad de su país, lo ha dicho, y la solidaridad con la causa de nuestros familiares se da por encima de creencias religiosas, de patrones políticos. Tenemos confianza en que la solidaridad logra algo.

Ojalá que próximas visitas sean para agradecer toda esa solidaridad con la noticia de que ganamos esta batalla. Nuestra fuerza nos la dan nuestros propios familiares. Los mensajes de los que todavía están en prisión nos alientan.