Nepal: La pobreza, peor que el terremoto

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Ninguna catástrofe es natural. Un evento de esta naturaleza causa más muertos en un país pobre que en un país desarrollado o industrializado.

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La incapacidad del gobierno del presidente Sishil Kairala, el desinterés de un equipo de burócratas que lo rodean, y la indiferencia de las potencias occidentales que, advertidas de la inminencia de la tragedia, no hicieron nada por paliar sus efectos, contribuyeron a que el terremoto de Nepal del pasado sábado 25 de abril, tuviera tan elevado número de víctimas.

Casi dos semanas después del sismo, de 7.8 grados en la escala de Richter, calificado como la peor tragedia de esta naturaleza en ese país en los últimos 80 años, se ha conocido que un equipo de científicos visitó la región tres semanas antes y advirtió a las autoridades locales y a la comunidad internacional que el terremoto era inminente. Recordaron que, por la disposición de placas tectónicas en el subsuelo, la zona es de alta sismicidad, pero un terremoto de las magnitudes del que se registró el pasado mes de abril es seguro que se repita cada 500 años.

James Jackson, uno de los científicos que participó en la valoración pericial, reconoció que la forma en que se construyen las viviendas, en madera, una sobre otra, y en condiciones inseguras, hizo que la tragedia fuera mayor. Pero, dijo el científico, ninguna catástrofe es natural. Un evento de esta naturaleza causa más muertos en un país pobre que en un país desarrollado o industrializado.

Recordó que en Haití, en el año 2010, el terremoto de 7 grados, causó 100 mil muertos; pero seis meses antes, en Japón, se había presentado otro, aún más intenso, de 7.1 grados en la escala de Richter, que causó un muerto y un herido.

Crisis humanitaria

Si el movimiento telúrico hubiera escogido como epicentro a California, y no a Katmandú, probablemente los muertos hubieran sido de una escala de 20 o 30 por cada millón de habitantes. En Nepal, la relación fue de más de mil muertos por cada millón de habitantes.

Ahora Nepal afronta una verdadera crisis humanitaria. El presidente Kairala ha admitido que el número de muertos podría llegar a diez mil, pues dos semanas después aún siguen encontrando víctimas. Hay siete mil heridos que esperan ayuda; un millón de niños han quedado sin hogar; las autoridades registran ocho millones de damnificados sobrevivientes, de los cuales un millón y medio padecen hambre.

Las autoridades locales admiten que necesitan agua potable, alimentos, medicinas, carpas y ropas, que el país no tiene. En realidad, Nepal, un pequeño país del que no se habla mucho por estar situado en medio de dos gigantes, India y China, ocupa el número 145 entre 187 países en el índice de desarrollo humano de las Naciones Unidas y es uno de los de menor desarrollo en el mundo.

Tomando en cuenta esta situación, una organización humanitaria norteamericana, la Red Jubileo, que integran 75 organizaciones sociales y 400 comunidades religiosas, propuso que las grandes potencias industrializadas condonen la deuda externa de Nepal, como un paso efectivo en la superación de su crisis.

Para este año, Nepal tiene previsto pagar 10 mil millones de dólares como servicio de su deuda, y para 2016 deberá desembolsar 13 mil millones. El FMI cuenta con mecanismos legales para dar un paso en la condonación de la deuda, que no debería cobrarse a un país en donde miles de ciudadanos viven en la intemperie y millones de niños reclaman un bocado de comida.