“Mi hija fue revictimizada”

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Olga Castillo. Festival por la vida de las mujeres.

Entrevista a Olga Castillo, madre de una de las víctimas de las violaciones perpetradas por militares de los EEUU en Colombia.

Olga Castillo. Festival por la vida de las mujeres.
Olga Castillo. Festival por la vida de las mujeres.

Renata Cabrales

En días pasados, VOZ publicó una nota sobre los hechos que el profesor Renán Vega presentó en sus reflexiones en la Mesa de Conversaciones en La Habana. En ellas, recordó las violaciones perpetradas por militares norteamericanos a colombianas cerca de la base militar de Tolemaida. Se trata de las denuncias hechas desde el 2004, cuando al parecer más de 50 mujeres fueron violadas por militares norteamericanos.

En el Festival por la vida de las mujeres, realizado por la periodista Jinet Bedoya como parte de la campaña “No es hora de callar”, VOZ contactó a la madre de una de las víctimas de estos abusos. Se trata de Olga Castillo.

Víctima y revictimizada

Al denunciar el caso, su hija padeció lo que la mayoría de las mujeres tiene que afrontar en estos procesos: la doble victimización, al ser responsabilizada de su violación por su manera de vestir o por estar en la calle en horas de la noche.

La joven, de 12 años entonces, el 26 de agosto del 2007 fue drogada, secuestrada en una discoteca del municipio de Melgar (Tolima) y trasladada a la base de la Fuerza Aérea Colombiana.

Allí fue violada por dos militares estadounidenses que prestaban sus servicios para el Plan Colombia: “Denunciamos en la Fiscalía. Hicieron las pruebas de Medicina Legal, pero se fueron en contra de mi hija, pues la psicóloga de la comisaria de familia dijo que si decía mentiras la meterían a la cárcel y yo no tenía las pruebas. Con el tiempo la remitieron donde otra psicóloga, una psicoforense que la culpó por vestirse de minifalda, pintarse y usar gafas oscuras. Y ella no fue vestida así a la cita. Esa mujer dio a entender que mi hija trabajaba de prostituta. Mi hija fue revictimizada”, afirma Olga Castillo.

Inmunidad e impunidad

Y no solo queda la impotencia debido a la revictimización, sino la forma como la Justicia ha manejado los hechos, pues, aunque la investigación va en curso, se dice que el sargento Coen, uno de los responsables, escudado en su inmunidad diplomática, abandonó el país. Es por eso que las denuncias de Olga Castillo no han hecho eco ante las autoridades competentes:

“Denuncié ante la base aérea de Melgar y me llevaron a la fiscalía después de que ellos hicieran la investigación que yo ya había realizado. Busqué a los culpables, hablé con ellos, y aceptaron que sí lo habían hecho. Les advertí que los demandaría y me dijeron: ‘Pues quien la manda a ser tan puta y haber tenido a esa hija. Demándenos, aquí en Colombia no nos hacen nada’. Lo dijeron porque sabían de un tratado que hay, que yo desconocía, pero ahora estoy estudiándolo. Más adelante el caso es trasladado a los EEUU, nos dejaron sin derecho a la justicia, a la verdad y a la reparación, pues decían que, según el Estado, los culpables tenían inmunidad”.

El desplazamiento

Debido a las injusticias y a las amenazas de las que han sido víctimas, Castillo y sus hijas se han desplazado un par de veces al interior del país. Luego de haber sido una próspera negociante de artesanías en Melgar, al huir de las recurrentes amenazas han dejado atrás sus pertenencias.

En sus palabras: “Somos desplazadas. Nos sacó de Melgar un investigador de la Fiscalía que nos dijo que nos fuésemos porque nos estaban buscando. Nos tocó irnos y nos quedamos sin nada, salimos con poquita ropa y el mismo investigador se dio cuenta de esto porque él esperó hasta el último momento. Yo había denunciado solo un caso de desplazamiento, pero en realidad nos han desplazado dos veces. Yo había declarado pero no pensé que debía volver a hacerlo. Es aburridor tener que declarar que me están desplazando porque, ¿para qué? ¿Para que ellos nos ubiquen? Hemos sido desplazadas en nuestro propio país por militares gringos”.

En busca de otras víctimas

Olga Castillo, consciente de que su hija no es la única colombiana que ha sido vejada por militares norteamericanos y sin recibir justicia, ha hecho el propósito de buscar a otras mujeres víctimas de estos hechos para unirse y luchar por sus derechos a la justicia, a la verdad, a la reparación integral y garantías de no repetición: “Hasta el momento no he encontrado niñas violadas, pero sí mujeres con hijos de gringos y que eran menores de edad en ese tiempo. También hay unas niñas que fueron utilizadas en los videos porno”.

Las secuelas

Muchas son las secuelas psicológicas que han padecido madre e hija debido a las circunstancias, pues Olga ha tenido fuertes cuadros de depresión, mientras su hija se ha intentado suicidar varias veces. No estudia y no se atreve a salir de la casa por temor a todas las amenazas que han recibido: “Nosotras fuimos perseguidas. Aquí en Bogotá fuimos víctimas de un atentado. Casi nos desaparecen. Nos buscaban por cielo y tierra; en la misma embajada de Estados Unidos sabían todo lo que hacían contra nosotras, porque todo venía de allá”.

Los agresores “como si nada”

Lo último que la mujer ha sabido de los agresores es que al sargento que violó a su hija, dentro de tres años lo pensionarán en el ejército de Estados Unidos y “sigue trabajando normalmente, como si nada, y de la otra persona, el contratista, no sé nada. Ellos son Michael Coen, sargento activo de los Estados Unidos y César Ruiz, contratista”.

La búsqueda de justicia continúa

El caso de Olga, según Jinet Bedoya, “como el 98% de los casos de violación en medio del conflicto armado en el país, está en la impunidad”. Pero Olga no desfallece y sigue en la búsqueda de la verdad y la justicia: “Hasta ahora la doctora Jinet Bedoya es la única mujer que me ha apoyado y dado la mano para mostrarme ese camino de mujeres vulneradas y violentadas por el Estado que, como yo, andan reclamando justicia”.