Los caminos de la duda: De los tres huevitos al gallo viejo

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Alfonso Conde

“Si las circunstancias exigen que el gallo viejo vuelva a la gallera, hay que hacerlo”, dijo en su reciente gira por el noroeste antioqueño aquel que pidió antes a los santos protección para sus tres huevitos. Uribe, el señor feudal, se considera un desplazado más en Colombia; se considera víctima y aspira a la restitución, no de tierras, que las mantiene, sino del poder. No entiende que la historia sigue su curso y lo anacrónico se descarta.

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Para lograr su objetivo se rodea de un equipo a su semejanza; es decir, otros gallos viejos con las arterias cerebrales endurecidas hasta el extremo de tener que confesar públicamente, vía twitter, su incapacidad de entender lo que leen. Y esa es la clase de “ideólogos” que lo rodean.

Ellos, cuando fungían como asesores de Presidencia, impulsaron la cruzada por la firma de tratados de libre comercio (TLC) en desarrollo del mandato gringo sin entender que hasta ellos mismos saldrían perjudicados: dicen en “CONtextoganadero.com” de febrero 22 que la industria cordobesa de los lácteos, la que vive “momentos de angustia más grandes” está a punto del colapso “y vaticinan que el gremio empeorará en el momento que se firme la entrada en vigencia de los TLC, en especial con la Unión Europea”. Eso ocurre a pesar del regalo gubernamental al sector, iniciado por el ungido, que ya suma la bicoca de $3.3 billones cedidos de los impuestos pagados por todos los colombianos.

Uribe y el Centro Democrático, el grupillo de los escleróticos que ya, en honor a la verdad, reconoció en su nombre que nunca fue “puro”, hoy se desgañita pidiendo mayor protección para los ganaderos golpeados por las importaciones de leche. Seguramente quieren retornar al gobierno para garantizar mayores obsequios a partir del esfuerzo de la gente, incluido el de los torpes e ignorantes que les den su apoyo. También habla de la “desgracia” de algodoneros, maiceros, ganaderos, arroceros y, ¡qué descaro! de los palmicultores.

Los atizadores de la violencia y el desplazamiento campesino, suficientemente conocidos como voceros de la paz de los sepulcros, abandonados transitoriamente por sus antiguos aliados de la burguesía financiera, aspiran a la recuperación del poder sin intermediarios. Los intermediarios, sin embargo, serían considerados necesarios en caso de hacerse efectiva tal recuperación. En otro nivel de confianza se podría reconformar la santa alianza que predominó durante los ocho años del gobierno de los tres huevitos. Colombia no resiste una repetición de la dosis.

El frente amplio de los demócratas por la paz, la democracia y la soberanía constituye una necesidad vital para la inmensa mayoría de los colombianos.