Los 200 años de la Carta de Jamaica (I)

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Antecedentes y origen

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Alfredo Valdivieso

El próximo domingo 6 de septiembre se conmemoran los primeros doscientos años de aquel miércoles 6 de septiembre de 1815, cuando el Libertador Simón Bolívar terminó de dictar y revisar su “Respuesta de un Americano meridional a un caballero de la Isla”, que pasó a la Historia con el nombre de la Carta de Jamaica.

La carta, de respuesta a Henry Cullen, comerciante jamaiquino de origen inglés radicado en Falmouth, quien le había pedido un informe pormenorizado de la situación en Venezuela tras la caída de la II República y la reconquista iniciada por Pablo Morillo, es un documento de palpitante actualidad; y muchos opinan que fue una especie de predicción histórica de lo que acontecería en la América Latina. Solo en 1954 se logró esclarecer que el destinatario era efectivamente Henry Cullen, lo que descubrió monseñor Nicolás Eugenio Navarro Ortega, presidente de la Sociedad Bolivariana de Venezuela (1942-1947) y miembro y Director de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela entre 1945-47 y 1953-57, quien ese año publicó un librito de 40 páginas llamado: “El destinatario de la Carta de Jamaica”.

El documento fue remitido de primera mano a su destinatario, algunos días después. Se sabe con seguridad que la versión en castellano, dictada a Pedro Briceño Méndez, escribiente de Bolívar y coronel independentista que acompañó al Libertador en diferentes sitios, fue traducida al inglés por el coronel canadiense John Robertson, quien había participado en las luchas por la Independencia desde primera horas, y quien también acompañó a Bolívar en su exilio en Jamaica, del que no pudo volver pues falleció el 15 de octubre de 1815, cuarenta días después de terminada la Carta.

El texto más antiguo que se conoce es la copia del manuscrito del borrador en inglés, que fue impreso en 1818, por la “Jamaican Quaterly and Literary Gazzette” (Revista trimestral de literatura de Jamaica) copia de la cual reposa en el Archivo Nacional de Colombia. Es un borrador por los tachones y enmiendas, y una indicación de puño y letra de Bolívar en francés. La primera publicación conocida de la Carta en castellano apareció impresa en 1833. No se ha localizado el manuscrito original castellano, ni se conoce copia alguna, salvo la información dada a comienzos de noviembre del año pasado por el Presidente del Ecuador, Rafael Correa, que anunció que se había encontrado en unos archivos ecuatorianos, pero que faltaba hallar la última página, en que estaban las firmas, adquiriendo el compromiso de exhibirla en la reunión de Unasur. (Son de esas raras coincidencias, pues también de manera reciente se halló en unos archivos del sótano del Palacio Presidencial en Quito, por parte del historiador santandereano, Armando Martínez, una carta que pone fin a la especulación sobre las supuestas ambiciones monárquicas de Bolívar en su reunión de Guayaquil con el General José de San Martín. Pero de eso hablamos luego).

Para seguir el relato… ¿por qué, para qué y qué efectos tiene la Carta?

La II República de Venezuela, que se instaura tras las jornadas de la Campaña Admirable (de lo que ya hablamos en 2013) el 6 de agosto de 1813, por una serie de avatares de la guerra y en especial por las posturas elitistas, racistas y excluyentes de la casta mantuana –la “clase” de los criollos ricos– es derrotada en sangrientas jornadas que son encabezadas no solo por militares españoles, sino especialmente por las masas de mestizos, esclavos y la pobrería. Las promesas que realizaron los realistas –con Monteverde y Boves a la cabeza– y apoyadas directamente por Fernando VII (el Rey Felón) de otorgar la libertad a los esclavos y permitir el ascenso de los mestizos, generaron que las masas se alinearan al lado de la contrarrevolución y con sus acciones derrotaran a los criollos y los sacaran del poder para reinstalar a las autoridades monárquicas.

Con el Tratado de Valençay del 11 de diciembre de 1813, Femando VII recuperó el trono español y de inmediato se dio a varias tareas: pactar la paz con la Francia de Napoleón, sacar de sus territorios a los ingleses y decretar la neutralidad en la guerra; y perdonar a los “afrancesados” que habían sido partidarios y colaboracionistas de José Bonaparte (Pepe Botellas). Ante la resistencia que generó no comenzó a ejercer el poder de nuevo sino hasta el 13 de mayo de 1814, cuando tras un largo periplo, por un “pronunciamiento militar”, y por medio de decretos restableció la monarquía absoluta, clausuró las Cortes (parlamento) y dejó sin efecto la Constitución de Cádiz.

Una vez restablecido el régimen reaccionario y ultramontano, el rey además de autorizar las acciones y promesas de sus secuaces en América, en especial en Venezuela, primero, y luego en la actual Colombia, inició febrilmente la actividad para recuperar los vastos territorios de ultramar entrados en rebeldía y que habían declarado su independencia frente a España, para lo que se empezó a preparar la armada comandada por Pablo Morillo, El Pacificador.

A partir de enero de 1814, conocida ya la liberación del rey de España, se realzan en los llanos de Calabozo las tropas al mando de José Tomás Boves. Éste en el comienzo de la I República se ofreció como voluntario, dada su experiencia militar, siendo rechazado por las élites criollas, por su humilde condición. Además de apresado fue sentenciado a muerte, de que la fue liberado por la toma de Caracas al mando de Eusebio Antoñanzas y Antonio Zuazola, en mayo de 1812, uniéndose a las tropas monárquicas que derrocaron la I República. Siguió actuando en los llanos y desde diciembre de 1813, en existencia de la II República, emite sus proclamas y decretos. La II República cayó derrotada tras la segunda Batalla de la Puerta (15 de junio de 1814) y con la emigración a oriente, que comenzó el 6 de julio de ese mismo año, quedó enterrada.

A la caída de la república, el 7 de septiembre de 1814, Bolívar publica el Manifiesto de Carúpano en que hace un balance del desastre; y al día siguiente de emitido parte hacia Cartagena. A esta llega a bordo de la goleta “Arrogante” y, junto con Santiago Mariño, se dirigió a Tunja para explicar su conducta en Venezuela ante el Congreso de la Unión, presidido por Camilo Torres, exigiendo ser juzgado. Además de aceptarse sus informes fue ratificado como Comandante General de las fuerzas republicanas, encomendándole la misión de liberar Santa Fe, usurpada por Manuel Bernardo Álvarez, quien se rindió ante El Libertador el 12 de diciembre de 1814. A pesar de los esfuerzos en Nueva Granada por lograr la unión, desilusionado se embarca a Jamaica, el 9 de mayo de 1815, en un barco de su amigo el comerciante inglés Maxwell Hyslop, llegando a Kingston el 14 de mayo siguiente, con Pedro Briceño Méndez, un edecán inglés y los hermanos Carabaño. Al propio Hyslop escribe la que podría llamarse la Primera Carta de Jamaica, el 19 de mayo de 1815, en que retoma el balance de las derrotas en Venezuela y Nueva Granada, y prevé la suerte terrible que a ésta le espera de ser tomada, como ocurrió finalmente, por las tropas de Morillo.

Durante su estancia elabora cuidadosamente el documento que titula este artículo. Pero de sus consecuencias y extensión, de los hechos posteriores, y de su llegada a Haití (para proseguir un relato anterior), hablaremos en la próxima entrega que será en estos días.

Bucaramanga, agosto 27 de 2015.