Las relaciones laborales en el periodismo colombiano: Una profesión que se degrada

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A propósito de la celebración del Día del Periodista en Colombia, VOZ hizo un paneo a los vínculos de trabajo de quienes ejercen este oficio en diferentes empresas, e hizo foco en salarios y formas de contratación

Juan Carlos Hurtado F.

A mediados del pasado año, mientras esperaba el inicio de una rueda de prensa, una joven periodista de una de las más importantes cadenas radiales del país, le contó a sus colegas que había tenido que ir al médico por un constante malestar general, y que el diagnóstico fue cansancio crónico; fruto de las extensas y duras jornadas de trabajo.

Como ella, cientos de comunicadores sufren abusos laborales –la mayoría-, a cambio de pírricos salarios, sin prestaciones sociales ni estabilidad. Eso sin tener en cuenta que la profesión se desarrolla en uno de los países más peligrosos del mundo para su ejercicio.

Este tipo de relaciones hacen metástasis en toda la sociedad y lógicamente las empresas periodísticas no son la excepción.

Crisis general

Los ejemplos en el ámbito nacional y regional son muchos. En el año 2011, en uno de los dos principales diarios de circulación nacional a un fotógrafo le pagaban 600 mil pesos con un contrato de prestación de servicios a seis meses, y un horario de 6 de la mañana a 3 de la tarde cuando llegaba el relevo. Aunque en oportunidades, por imprevistos las jornadas se extendían, sin remuneración.

Un ex fotógrafo de ese diario comenta: “En ocasiones, cuando era necesario cubrir un sucesos fuera de Bogotá, pero en Cundinamarca, el periódico daba solo el transporte, y se debía salir sin viáticos. El hospedaje era pagado por la empresa si la salida era fuera del departamento”.

El profesional quien pidió reserva de su nombre explica: “Para haberme contratado me exigieron mucha experiencia nacional y en el exterior; alto nivel de estudios y tuvieron en cuenta las fuentes que había cubierto”.

El reportero gráfico también comentó la manera como en ese medio sobreexplotan a los practicantes universitarios; por la cantidad de trabajo que les asignan y los extensos horarios.

En la TV

En uno de los dos canales nacionales de televisión los salarios no son mejores. Los sueldos de los periodistas van desde 800 mil hasta dos millones y medio, con contratos de prestación de servicios. Aunque algunos pocos, los de más trayectoria, experiencia y dependiendo la importancia de las fuentes que cubran, devengan entre cinco y seis millones. En este rango están las presentadoras y presentadores de los noticieros.

“Estas empresas se aprovechan de los comunicadores recién egresados a quienes ponen a recoger cables, de luminotécnicos o asistentes de producción. La gran mayoría tiene hora de entrada pero no de salida”, comenta un ex trabajador del canal.

Un periodista y productor que durante ocho años trabajó para Canal Capital, de la Alcaldía de Bogotá, comenta que esas relaciones deberían ser diferentes. “Allí llevan muchos practicantes a quienes les toca muy duro, y apenas se gradúan los contratan con prestación de servicios a dos o tres meses, con salarios de 800 o 900 mil pesos. Y aunque este tipo de contratos no establecen relaciones de subordinación ni horarios de trabajo, los obligan a cumplir extenuantes jornadas; de no cumplir los horarios, los contratos no son renovados”.

El comunicador hace hincapié en que por bajar costos laborales, le quitan la oportunidad a personas con mayor estudio y experiencia. “Eso se ve cuando a estos jóvenes los ponen a tratar un tema sin un adecuado manejo de la información y las fuentes, sin una contextualización. Solo dan la noticia del momento y cubren dos o tres fuentes de diversos contenidos”.

Algunos de ellos con título de periodista trabajan en producción o realización, lo que genera que muchas veces los editores y camarógrafos terminen haciendo las notas, porque los recién contratados no manejan conceptos televisivos. No tienen los conocimientos requeridos.

El productor consultado asegura que para los jóvenes profesionales es una buena escuela porque muchos de ellos llegan con un gran desconocimiento del manejo de cámaras y de los esquipos de edición; pero lo producido no es de óptima calidad. “Con la calidad de lo que sale al aire, cualquiera puede ser comunicador. La información no es óptima, lo mejor, es solo lo básico. Esa forma de contratar afecta la calidad de lo que se produce y niega oportunidades a las personas que han hecho carrera, tienen experiencia y se han esforzado por especializarse. Hay que decir que los jóvenes no tienen la culpa de esto”.

En el mismo canal también contratan periodistas con salario de millón y medio o millón ochocientos, pero manejando hasta cuatro fuentes de diversos temas. “Así los periodistas no se especializan en lo político sino que son ‘integrales’. Algunas veces cuando un periodista deportivo está ocupado y los otros están en asistencia de producción, envían al periodista político a hacer transmisiones desde El Campín”.

En las regiones no escampa…

En la prensa regional y en emisoras regionales de las grandes cadenas el tema no varía, por el contrario, es más degradante. Según un estudio de la Federación Colombiana de Periodistas, Fecolper, en el año 2009 de 1.200 profesionales que entrevistaron en el país: “en promedio, la tercera parte de periodistas reciben sus ingresos económicos vendiendo publicidad y menos de la mitad, tienen un salario mensual”.

La organización explica que la compra de las pequeñas emisoras en las regiones, por parte de grandes medios de comunicación nacional, cerró puertas de trabajo a los periodistas regionales, quienes habían encontrado en la compra de espacios radiales, una opción laboral que les garantizaba ingresos regulares.

El panorama laboral para los comunicadores en todo el país y la gran mayoría de medios y empresas periodísticas, es desalentador. Esto sin ver el similar tratamiento que reciben como jefes de prensa de empresas, instituciones estatales y ONG. Pero es un debate que debe iniciar desde la academia quien tiene la responsabilidad de entregar estos trabajadores a la sociedad.

Sobre el tema, VOZ consultó al profesor universitario de varias facultades de comunicación, Federico García: “El debate que en estos momentos se libra en las facultades es entre una visión profesionalizante; experto en el manejo de nuevas tecnologías pero sin mayores herramientas conceptuales que le permitan comprender críticamente lo que sucede en su trabajo. Y, una visión que entiende al periodista como un actor influyente en la sociedad que debe tener conciencia crítica, pensamiento complejo y herramientas interdisciplinarias.

“Es al final, una muestra más de la dialéctica entre capital y trabajo: por un lado las necesidades de las industrias culturales de tener un cognitariado dócil, y por otro, las reivindicaciones del comunicador como trabajador que crea valor, esta vez, también simbólico. El papel de estos comunicadores críticos es crucial por ejemplo, en la formación de organizaciones sindicales de periodistas, algo muy necesario y que en Colombia no existe”.